Guatemala ha tenido valores relevantes de carácter literario en todos los tiempos y los sigue teniendo al presente honrando a la patria.
Entre esa pléyade del arte literario podemos citar con orgullo a muchos compatriotas de antaño y hogaño, como Enrique Gómez Carrillo, Miguel Ángel Asturias, César Brañas, Francisco Méndez, David Vela, Luz Angelina Acuña, Luz Méndez de la Vega, Virgilio Rodríguez Macal, Clemente Marroquín Rojas, Rigoberto Bran Azmitia, Alfonso Enrique Barrientos, entre otros que han enriquecido las letras guatemaltecas.
La licenciada Méndez de la Vega, coincidentemente fallecida el 8 de este marzo, Día de la Mujer, fulguró en el campo de la literatura y, también, respecto del lenguaje. Fue una significada purista.
Recordamos su magnífica actuación como catedrática del idioma español o castellano en la Escuela Centroamericana de Periodismo adscrita a la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Nosotros fuimos estudiantes en el citado plantel, ya desaparecido, juntamente con un grupo como de un centenar de alumnos, entre ellos Carlos García Urrea, María del Carmen Foncea, Vilma Archila, Juanita Ibarburu, Edgar Nicolle y otros.
Muy interesante, incluso apasionante, la cátedra que impartía la licenciada Luz Méndez de la Vega, tanto es así que asistíamos a clases con emoción e interés y alegría, posiblemente porque estudiábamos con sentido de responsabilidad. El tiempo de la escolaridad de la niñez y de la adolescencia había quedado atrás.
No olvidamos que la culta catedrática nos había situado en la primera fila del grupo con aventajado éxito estudiantil. Cuando asistíamos a las recepciones de representantes diplomáticos de naciones amigas y a otros actos similares, nos distinguía presentándonos como su “ex mejor alumno de lenguaje en la Escuela Centroamericana de Periodismo”, y esa estimulante presentación no dejaba de sonrojarnos.
Diremos que cuando ingresamos a estudiar en la mencionada escuela ya teníamos buenos años de ejercer la profesión, las cual iniciamos precisamente en esta tribuna que lejos está de ser mostrador de fenicios: El diario LA HORA, cuyo nombre siempre lo escribimos con mayúsculas dada su jerarquía en lo que hace a libertad de expresión e independencia.
La licenciada Méndez de la Vega, valga decir, honraba con su arte literario a la Real Academia de la Lengua Española, perteneció a la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), cuya directiva de período estatutario recién pasado le rindió justo homenaje por sus ampliamente reconocidos méritos literarios.
Consideramos que la licenciada Luz irradió brillante luz proyectada a la sociedad guatemalteca, especialmente hacia las mentes de los estudiante4s de ciencias de la comunicación del nivel universitario.
Interesados en enriquecer el caletre, muchas veces hicimos acto de presencia en aulas universitarias, en el salón de actos del matutino Prensa Libre, en ocasiones en que el famoso filólogo Salvador Aguado Andreut pronunciaba sus doctas conferencias sobre temas lingüísticos, y nosotros, distrayendo un poco, a ratitos, la atención, pensábamos que la licenciada Luz Méndez de la Vega también era capaz, casi como Aguado Andreut, de electrizar a los oyentes con sus importantes disertaciones.
Mucho podríamos seguir comentando con relación a la actividad profesional de la licenciada Méndez de la Vegas, pero, indudablemente, en los diferentes círculos de la sociedad ella se dio a conocer con su recia personalidad, principalmente con el cúmulo de su acervo cultural entendido en la amplia dimensión del concepto, por lo que ahorramos espacio en esta columna del diario de la tarde.
Como entre paréntesis, diremos que la única verdad de verdades, verdadera (por favor ignórese el pleonasmo- es la muerte. Un ilustre pensador del viejo continente, señalando el frontispicio de un cementerio, dijo: “Mansión de la verdad es la que miras; no desoigas la voz de quien te advierte, que todo es ilusión, menos la muerte”.
No cabe duda que hay luto en la intelectualidad, en los planteles de la educación superior, en las entidades de prensa y de escritores, sobre todo en el seno de la estimada familia de la licenciada Luz Méndez de la Vega, por el infausto suceso. Nosotros, imaginariamente, depositamos una ofrenda de flores de siempreviva sobre la tumba done duerme el sueño de la eternidad la perilustre compatriota. ¡Que descanse en paz!