Recientes estudios realizados por la CEPAL, sobre la inversión privada en América Latina señalan que Guatemala se gana nuevamente el último puesto de los países latinoamericanos, cuyo sector privado es el que menos invierte en su país.
jfrlguate@yahoo.com
De qué sirven las expresiones locales de creación y generación de plazas de trabajo si la verdad es que prefieren llevarse sus utilidades y riquezas a la «china».
Â
Como contrapunto, la prensa escrita, el martes 7 de junio, informó que la compañía estadounidense Duke Energy había decidido solicitar una ampliación de plazo al Ministerio de Energía y Minas y así poder plasmar una inversión de US $45 millones en la construcción de una hidroeléctrica que generaría 21 megavatios de potencia.
Â
Esta positiva noticia comprueba que el país es, sin duda alguna, un lugar adecuado donde se reinvierten las utilidades que está obteniendo esta empresa norteamericana que ya es dueña de una planta de generación a base de carbón.
Â
Ese mismo día, la Prensa se refirió a las posibles inversiones que en energía limpia estaba considerando realizar el grupo de Unión Fenosa, en el departamento de Chiquimula, donde podrían efectuar la construcción de varias hidroeléctricas, una denominada El Orégano, que tendría una capacidad de generar 120 megavatios, otra denominada Caparjá con un potencial de 52 megavatios y otras dos más pequeñas en el Quiché, denominadas «Cuatro Chorros», que podrían generar 41 megavatios y El Volcán, en Alta Verapaz, que podría generar 26 megavatios.
Â
El sector público y empresarial debería apoyar estas inversiones, no sólo porque generaría energía limpia, mucho más barata que cualquier otra generada por carbón, petróleo u otro combustible, sino que, además, garantiza la oferta que continuamente va en aumento y posibilita la rebaja de precios al consumidor domiciliario, industrial o comercial. Está confirmado que el costo de generación hidráulica es de más larga duración y de la mitad del costo que el que se genera por carbón o por petróleo.
Â
Ideal sería que estas empresas, con una visión de largo plazo, invitaran a inversionistas guatemaltecos para que aunque no fuera el capital principal se convirtieran en inversiones internacionales y nacionales que generaran y distribuyeran riqueza en beneficio de todos los guatemaltecos.
Â
El tema invita a reconocer que una cosa es decir: «Yo creo e invierto en Guatemala» y otra es mamar y beber leche. Si en el país se invirtiera lo mucho que los grandes capitales nacionales están invirtiendo en Norteamérica, Asia o Europa, las encuestas como la de CEPAL darían números muy distintos.
Â
Aunque no pretendemos rivalizar con lo que los brasileños, chilenos, colombianos, panameños invierten en su propio país, nos sentiríamos mucho más a gusto en no ser el país que va a la cola en el pago de impuestos, en la creación de fuentes de trabajo y la inversión.
Â
Nos guste o no, nos duela o nos sea indiferente, somos los campeones en exportar hombres y mujeres guatemaltecos que sí creen en Guatemala, como lo evidencian las remesas económicas que reciben sus familias, ingresos que permiten a cuatro millones de chapines tener recursos para sobrevivir y pagar impuestos indirectos en todo lo que consumen.