Luz al final del túnel


Cambio. Tabaré Vázquez (I), presidente de Uruguay, recibe la presidencia del Mercosur, de Nicanor Duarte, mandatario paraguayo.

Las negociaciones para un acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que debí­a ser concluido en 2004 pero está estancado desde entonces, recibió un fuerte impulso esta semana al concretarse una alianza estratégica entre los 27 y Brasil, pero aún queda un largo camino que recorrer.


No obstante, concluir un acuerdo será una tarea ardua porque las dificultades son las mismas que traban las negociaciones multilaterales entre los 150 miembros de la OMC: agricultura y tarifas industriales, advirtió.

Por un lado los paí­ses del Mercosur, Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, deberán ponerse de acuerdo para hacer una oferta unificada de reducción de tarifas industrializadas a la UE, un tema que genera tensión porque Buenos Aires está menos dispuesto que Brasilia a abrir su mercado industrial.

Por otro, la UE debe hacer una oferta de mayores cuotas agrí­colas lo suficientemente tentadora como para justificar la reducción de las tarifas industriales de los paí­ses del Cono Sur, estimó Valladao.

Actualmente, por ejemplo, Brasil exporta más carne a Europa que la cuota propuesta por la UE para el TLC entre ambos bloques.

La UE ha sugerido que tiene cartas en la manga y que podrí­a aumentar las cuotas para el etanol brasileño, fabricado a partir de caña de azúcar, y los productos agrí­colas industrializados, entre otros.

Brasil estarí­a dispuesto a más apertura para los productos industrializados, al no tener que enfrentar la temida invasión china que llegarí­a con un acuerdo en la OMC.

Para negociar con Europa el bloque sudamericano deberá definir asimismo si Venezuela, que negociaba su ingreso pleno al Mercosur pero ahora amenaza con retirarse, es parte o no de las mismas.

«Las negociaciones técnicas para permitir la incorporación del arancel externo común y las decisiones y reglas del Mercosur al sistema jurí­dico venezolano están atrasadas debido a la resistencia de (el presidente Hugo) Chávez de aceptar las obligaciones del Tratado de Asunción», apuntó el viernes Rubens Barbosa, ex embajador brasileño en Washington y actual integrante del Consejo de Comercio Exterior de la Federación de Industrias de Sao Paulo (Fiesp).

«Desde el punto de vista de Venezuela, unirse al Mercosur es muy atractivo polí­ticamente, pero tiene un costo económico, dada la competitividad agrí­cola de Argentina y Brasil», señaló al boletí­n del centro de análisis Diálogo Interamericano, con sede en Washington.

El Mercosur y la UE lanzaron negociaciones para un TLC en 1999, con la meta de concluirlo en octubre de 2004. Desde entonces, el diálogo está estancado a falta de avance entre los 150 paí­ses miembros de la OMC sobre la ronda de Doha.

«Si Doha fracasa seguramente tendremos que tomar una iniciativa importante después, y esperemos poderlo hacer en el contexto del Mercosur», afirmó recientemente Javier Solana, alto representante de Polí­tica Exterior de la UE.

Pero si la OMC no alcanza un acuerdo a fines de 2007 -lo cual atrasarí­a las negociaciones unos dos años a raí­z de las presidenciales estadounidenses de 2008- un acuerdo UE-Mercosur también puede verse perjudicado, según Valladao.

«Todo dependerá de cómo concluya la ronda de Doha», opinó.

En Lisboa, ambas partes se declararon dispuestas a acelerar el diálogo.

La alianza estratégica con Brasil «va a aumentar la posibilidad de llegar a un acuerdo comercial UE-Mercosur», aseguró el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.

«Necesitamos construir la idea entre todos de que un acuerdo (UE-Mercosur) puede ser extremadamente bueno. Brasil quiere ser un facilitador de esas negociaciones», afirmó el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva.

«Para Brasil es muy importante mantener la dinámica de la negociación de un TLC entre el Mercosur y la UE porque es la única grande que queda si no hay avances en la Organización Mundial de Comercio.»

Alfredo Valladao

jefe de la cátedra Mercosur del Instituto de Ciencias Polí­ticas de Parí­s