No hay sector de la sociedad guatemalteca que esté libre del terrible flagelo de la violencia y en ese contexto ayer se produjo un ataque directo contra el periodista Rolando Sántiz, quien reportaba para el noticiero de Canal 13 de televisión. El hecho tiene que ser comentado porque la muerte de Sántiz no fue obra de la casualidad ni de la violencia común, sino que fue un crimen bien dirigido toda vez que fue perpetrado cuando viajaba en el auto con identificación plena del medio para el que trabajaba.
Todos los gremios cierran filas cuando alguno de sus miembros es atacado y más aún cuando se produce la pérdida de una vida humana y ese es el caso de la Prensa guatemalteca porque pareciera que uno de sus elementos murió dentro del macabro plan que existe para confrontar más a la sociedad guatemalteca.
Para el gobierno, que se encuentra ya en una relación tirante con la Prensa, el crimen afecta especialmente porque altera la relación existente con los trabajadores de los medios. En efecto, los reporteros y fotógrafos que diariamente cubren la noticia se sienten profundamente agraviados por lo ocurrido ayer y demandan de las autoridades pronta respuesta para determinar las responsabilidades en este crimen, tarea que no es fácil porque sabemos que nuestro aparato de justicia es realmente inútil y que las investigaciones generalmente no arrojan resultados dignos de ser tomados en cuenta.
Es importante señalar que este nuevo crimen nos tiene que obligar a todos a entender la importancia de asumir el papel que como ciudadanos nos corresponde para luchar contra ese régimen de absoluta impunidad que hay en Guatemala y que nos ha colocado de rodillas ante las distintas manifestaciones del crimen organizado. Es fundamental que reflexionemos qué podemos hacer en el plano cívico para enfrentar ese mal y en este caso, siendo un gremio que cumple una función de interés público y de influencia, qué debemos hacer como periodistas para contribuir en la lucha contra el mal que se encubre y protege en las estructuras de un estado con estructuras débiles y penetradas por las organizaciones criminales.
Obviamente la reacción natural en situaciones como las que ahora vive la Prensa es de indignación, pero la misma termina siendo realmente inútil si no va acompañada de compromisos que se tienen que hacer para contribuir al combate de ese tremendo flagelo que es la causa principal de nuestra situación de inseguridad. Si el Estado pudiera funcionar para hacer cumplir la ley y castigar a los delincuentes, habría un repliegue en el crimen y la violencia, pero la impunidad absoluta alienta a todo tipo de criminales para seguir haciendo daño a la sociedad.