Los medios estadounidenses, que por largo tiempo pusieron por las nubes al candidato demócrata a la presidencia Barack Obama, parecen haber encontrado su espíritu crítico a medida que se confirma la condición de favorito del senador por Illinois en la carrera por la nominación.
«Obama representa la novedad del año y los periodistas aman lo que es nuevo», dice Darrell West, experto en medios de la Universidad Brown en Rhode Island. «Pero mientras más aumente su condición de favorito, más los medios examinarán de cerca sus declaraciones y sus antecedentes», añadió.
El entusiasmo por Barack Obama, que atrae cada vez muchedumbres más numerosas a sus reuniones, ha creado un fenómeno bautizado «Obamanía». Pero este fenómeno parece haber alcanzado su techo.
«La Obamanía se volvió inquietante», escribió el columnista Joel Stein en Los Angeles Times. «La mejor cosa para hacer para los «obamaniacos» como nosotros, es calmarnos antes de que se vuelva embarazoso para nosotros mismos».
La revista en línea Slate estableció una sección hilarante titulada «The Obama Messiah Watch» (El Observatorio del Mesías Obama) que contabiliza los artículos más aduladores en favor del senador por Illinois publicados por la prensa estadounidense.
La misma revista menciona la «obamización» de la lengua inglesa, enumerando la multitud de neologismos, como «Obamanía», aparecidos en la prensa y en internet, favoreciendo la potenciación de Obama.
En el sitio «BarackObamaisyournewbicycle.com» se pueden descargar carteles irónicos que proclaman: «Barack Obama tiene una foto tuya en su portafolio» o «Barack Obama piensa que tú eres agradable».
Pero esta marea casi idólatra refluye. El miércoles, un columnista del Washington Post, Robert Samuelson, publicó un artículo titulado: «La ilusión Obama».
«Como periodista, tengo serias dudas respecto a todos los candidatos. Pero Hillary Clinton y John McCain (…) están en la arena pública hace años. Sus ideas, valores y temperamentos han sido escrutados desde todos los ángulos. En cambio, el debutante Obama es esencialmente una presencia escénica sobre todo definida por su poderosa retórica. El problema, al menos para mí, es esa enorme y decepcionante brecha entre su arte oratorio cautivante y sus verdaderas ideas», escribió Samuelson.
En el New York Times, el comentarista David Brooks habló de «magia que se desvanece» y, con ironía, bautizó a Obama como «Su Esperanza». Hace solamente algunas semanas, luego del «caucus» (asamblea electoral) de Iowa del 3 de enero ganado por Obama, el mismo Brooks se preguntaba quién osaría colocarse en medio del camino del fenómeno.
Los medios estadounidenses naturalmente reprodujeron las críticas del bando de Clinton, que recientemente acusó a Obama de plagiar en sus discursos a su amigo, el gobernador de Massachusetts, Deval Patrick, y la prensa norteamericana, temerosa de mantener su independencia, no puede levantar sospechas de que apoya a tal o cual candidato.
El martes en la noche, luego de adjudicarse las primarias de Wisconsin, el mismo Obama pareció desear poner fin a la «Obamanía», reconociendo que él no era perfecto.
«También es verdad que estoy consciente de mis imperfecciones, también es verdad que no soy el buque perfecto, (pero) yo no competiría si no creyera que puedo llevar a este país en una nueva dirección», dijo.
Obama, quien podría ser el primer presidente negro de Estados Unidos, está en vías de convertirse en un candidato como cualquier otro. Si el martes en la noche las cadenas de televisión norteamericanas interrumpieron la transmisión de un discurso pronunciado por Hillary Clinton para difundir uno de Obama, no fue por favoritismo. Es la señal de que uno es el favorito y el otro ya no lo es.