POR EDUARDO BLANDí“N
Entre la numerosa bibliografía de quienes profesan el liberalismo económico, se encuentra esta obra de Luis Pazos, un libro que sigue el patrón de la literatura catequística de los evangelizadores del neoliberalismo: exposición de doctrina, respuestas breves y contundencia en las afirmaciones.


Aquí, el rudo encuentra el fundamento de lo que a veces intuye, pero apenas tiene claro en materia de defensa de la propiedad privada y función del Estado en un país. La claridad meridiana de la exposición y la certeza de las proposiciones, permiten al catecúmeno un asidero firme para, no sólo defender su fe, sino disponer una ofensiva capaz de derribar cualquier objeción presentada.
El libro no es apologético, pero sí ofrece los argumentos necesarios para combatir a los infieles. Es una obra adecuada para usar en la instrucción de las verdades ideológicas neoliberales. Hay suficientes citas bibliográficas, estadísticas y sentencias de personajes del mundo de la economía y la filosofía, que apenas quedan ganas de blandir espadas para defender los puntos propios.
Luis Pazos es un economista suficientemente conocido en el mundo intelectual-académico. Sus textos y apariciones públicas en seminarios y congresos, le colocan en un puesto especial dentro del universo de las ideas económicas (al menos en nuestro ambiente centroamericano y mexicano). Si esto es así, se preguntará usted, qué sentido tiene leerlo.
Creo que este libro permite un acercamiento a doctrinas económicas que cualquier lector carente de ideas puede sacarle provecho. Pero, además, por otro lado, el estudioso crítico puede interesarse en la exploración de falacias, contradicciones y debilidades argumentales útiles para combatir un sistema doctrinal lleno de baches y simplificaciones demasiado inocentes.
En el primer capítulo, el autor investiga sobre las causas que hacen posible el desarrollo. ¿Se trata del clima, la ubicación geográfica, la raza, la forma de gobierno, las costumbres, la religión? No, nada de eso, concluirá. Hay factores que tienen que ver más con un Estado en donde se den las condiciones para la producción y el libre intercambio, que son «conditio sine qua non».
Por de pronto, mientras llega a la conclusión, explica que crecer en el aspecto económico implica más bienes y servicios a disposición de todos. Escribe que el crecimiento económico se mide por un mayor ingreso o gasto de las personas, empresas o países. Y que «es pobre quien tiene pocos bienes para su uso o consumo. Rico, quien dispone de una mayor cantidad de bienes y servicios».
Seguidamente, dice que el indicador más generalizado para medir el crecimiento es el Producto Interno Bruto (PIB). Diferencia entre «crecimiento» y «desarrollo». Declara que «desarrollo» se considera más amplio que el «crecimiento económico» porque aquél implica educación, servicios médicos, infraestructura y una mejor distribución del ingreso.
Un país desarrollado se distingue del subdesarrollado, analiza, por el nivel de ingreso per cápita. Otro indicador para identificar el grado de desarrollo, según él, tiene que ver con el porcentaje de habitantes dedicados a las diversas actividades. Y concluye: «es posible un crecimiento económico sin desarrollo, pero es muy difícil un desarrollo sin crecimiento económico».
El capítulo segundo lo titula, «leyes contra derecho». Examina cómo el derecho, que lo diferencia de las leyes, es importante para el desarrollo de una nación. Sin estado de derecho, parece concluir, es imposible cimentar las bases de un sistema justo y con bienestar. Indica que, si estos países latinoamericanos no han despegado económicamente, tiene que ver con el orden social injusto, intervencionista y continuamente en guerra que hemos creado.
Pazos revela que en los países donde los gobernantes entienden el derecho al trabajo y a la vivienda como el deber del gobierno de dar a todos trabajo y vivienda, «además de no cumplirse, se generan desequilibrios presupuestales, que se traducen en crisis inflacionarias y en bajos o nulos crecimientos económicos». Sólo la garantía de «los verdaderos derechos», enfatiza, estimula el crecimiento económico.
Si el derecho es el humus del crecimiento económico, son fundamentalmente tres los que un Estado debe garantizar: el derecho a la vida, el derecho a la propiedad y el derecho a la libertad. Los demás son una especie de invención que contraviene el crecimiento económico. Son fumadas que ningún Estado rico se permite considerar, pues conocen su insostenibilidad. Para fundamentarlo escribe:
«La experiencia del siglo XX nos enseña que en aquellos países donde los derechos humanos o sus derivados se identifican, se protegen y se castiga a quienes los violan, el crecimiento económico se da con mayor facilidad. Hay una clara relación entre derechos y crecimiento económico, entre lo jurídico y lo económico».
En el capítulo tres, titulado «las variables del crecimiento», el economista investiga sobre la conveniencia del comercio, la legislación laboral y la función del gobierno en el crecimiento económico, entre otros. Sobre el primer aspecto, indica que hay dos formas para adquirir lo que otros tienen o producen. Una, la violencia en sus diversas formas. La otra, pacífica, que implica un intercambio libre y voluntario. «Esa interacción social es denominada «comercio»».
«En la medida que evolucionan (las sociedades), entra en juego el dinero como un facilitador del intercambio. El comercio o intercambio libre y voluntario es la base del llamado «sistema de mercado o libre empresa», entorno económico de los países que alcanzaron el mayor progreso en el siglo XX».
¿Y los gobiernos? Son también importantes. Sin gobierno, sostiene, es muy difícil que se den las condiciones para el crecimiento. A falta de un gobierno que garantice un marco jurídico estable para los intercambios, declara, difícilmente se logra el crecimiento; «pero un gobierno demasiado grande se convierte en una carga fiscal que obstaculiza el desarrollo. Las buenas leyes reducen los costos de transacción, dan seguridad, facilitan el comercio».
Por último, sobre la legislación laboral, es categórico en aseverar que en una sociedad libre, los términos de la relación laboral se fijan, al igual que los precios de los bienes, en bases a la utilidad y escasez del servicio prestado. Para Pazos, todo intento de poner en práctica políticas proteccionistas, supuestamente a favor del obrero, están encaminados al fracaso.
«Algunos legisladores parten de la premisa de que los gobiernos tienen recursos infinitos para garantizarles a todos un seguro de desempleo y una pensión. La exclusa es que todos tenemos «derecho al empleo» y a una «pensión digna» (…) Tarde o temprano, toda retribución por arriba de la productividad de los trabajadores genera reducciones en la inversión y desempleo».
Espero que este comentario sea útil para aproximarlo a la obra. Si le interesa, puede adquirir el libro en su librería favorita.