Bobby Cox ha estado en el deporte por medio siglo, así que está bien consciente de cuán malos pueden ser los dioses del béisbol. Honestamente, cuán crueles.
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Ellos estuvieron ahí en el Juego 4 de la Serie Mundial de 1996, en la forma del oficial del jardín derecho Tim Welke, quien accidentalmente se interpuso en el camino de Jermaine Dye mientras perseguía lo que parecía ser un inocente elevado de foul. La pelota cayó al suelo, los Yankees de Nueva York comenzaron de inmediato una recuperación, dejando a Cox y los Bravos preguntándose por el resto de sus vidas que habría sucedido si Dye hubiese atrapado esa pelota. Ellos se preguntan también cuantos campeonatos habrían ganado si un cerrador dominante — digamos, un Mariano Rivera — hubiese aterrizado en su sistema de fincas. Tales cosas están sujetas a la voluntad de los dioses del béisbol.
Pero esos dioses que han atormentado a los Bravos — diablos, han atormentado a todo el mundo en algún momento — quizás se esmeren hoy, en la forma en que puedan jugar con las emociones de Cox y sus jugadores.
Los Bravos alguna vez tuvieron una ventaja de siete juegos en el Este de la Nacional pero perdieron eso ante los resurgientes Filis de Filadelfia. Incluso después de haber sufrido la lesión que terminó con la temporada de Martín Prado, los Bravos se reagruparon y barrieron su serie ante los Marlins de Florida, y ellos comenzaron esto, la temporada final de Cox como manager, en firme control de su destino. Todo lo que ellos necesitaban era una victoria, o una derrota de los Padres de San Diego, para poder asegurar al menos un juego de desempate para entrar a la postemporada; Si ellos ganaban uno y los Padres perdían un juego, entonces los Bravos se aseguraban un puesto como comodín.
Pero ahora Atlanta está al borde del precipicio. Cox fue honrado la semana pasada en el Turner Field, pero luego de eso, los Bravos — que han estado hambrientos de carreras al no tener a Prado y a Chipper Jones –.
Ahora, los fantasmas de la mala suerte vuelven a surgir, con los tres errores de ayer de Conrad, que los puso contra la pared, ya que deben ganar dos partidos en fila, uno como visitante, ante los Gigantes de San Francisco, hoy y el miércoles.
ERRORES
Los Bravos de Atlanta podrían haber utilizado ayer a sus astros, pero están lesionados.
Sin Wagner, su cerrador, los Bravos no pudieron proteger una ventaja en la novena entrada del tercer juego de su serie divisional. Sin Jones y Prado, el segunda base suplente Brooks Conrad cometió tres errores, incluida una pifia impensable en el noveno episodio que llevó a la carrera definitiva en la victoria de Gigantes de San Francisco por 3-2.
Conrad, un polifacético jugador de cuadro que ha sido utilizado durante la mayor parte de la temporada, se convirtió en titular en la tercera base cuando Prado quedó fuera de acción por lesión de cadera. Dos errores de Conrad en disparos ocasionaron un total de siete carreras sucias en derrotas cruciales ante Filadelfia en el último fin de semana de la temporada regular, lo que provocó que el manager Bobby Cox moviera al novato de 30 años a la segunda base.
Las pifias de Conrad continuaron en la segunda almohadilla, posición que jugó durante la mayor parte de su carrera en ligas menores.
Cometió un error en la derrota por 1-0 en el primer juego y tres más ayer.
Desde la lesión que dejó fuera de la temporada a Prado, Conrad tiene nueve errores en siete juegos. Prado, segunda base titular en el Juego de Estrellas, se movió a la tercera base cuando Jones sufrió en agosto una lesión de rodilla que terminó con su temporada.
Wagner, quien tuvo 37 salvamentos, fue reemplazado ayer en la nómina de los Bravos para la postemporada después de lesionarse el músculo oblicuo izquierdo el viernes. Takashi Saito ocupó su lugar en la nómina.
Mientras Wagner observaba el partido, los novatos Craig Kimbrel y Mike Dunn permitieron en total dos carreras en la novena entrada, desperdiciando una ventaja de 2-1. Kimbrel recibió dos imparables y Dunn un sencillo productor de una anotación de Aubrey Huff.
Cox recurrió al veterano derecho Peter Moylan. Buster Posey conectó un rodado que saltó bajo el guante de Conrad y pasó entre sus piernas, permitiendo que Freddy Sánchez anotara la carrera del triunfo.
Los aficionados de los Bravos abuchearon a Conrad y lo hicieron nuevamente entre episodios cuando Conrad era mostrado en repeticiones de video.