Luchando contra la violencia


El Gobierno al fin tomó la decisión de darle absoluta prioridad al tema de la inseguridad ciudadana y la proliferación de actos criminales, lo que ha permitido el diseño de una estrategia, parte de la cual presentó ayer el ministro de Gobernación. Obviamente en este tipo de circunstancias no podemos esperar que nos den detalle de todo el plan, puesto que si lo hicieran pondrí­an sobre aviso a los criminales que podrí­an adelantarse a lo que se proponga hacer la autoridad.


Pero al menos las lí­neas generales parecen ir en dirección correcta, sobre todo porque se mantiene la idea de avanzar en la depuración de las fuerzas de seguridad y porque se insiste en la preparación en academias de nuevos agentes y de sus mismos jefes, quienes tienen que recibir un adiestramiento especial para cumplir con sus funciones.

Como ciudadanos sentimos por lo menos mí­nimo consuelo al ver que hay autoridades que están dispuestas a recordar que el tema de la seguridad ciudadana fue uno de los más importantes durante la campaña y parte esencial del mandato otorgado por el pueblo. Porque no olvidemos que mientras habí­a una propuesta que ofrecí­a resolver ese problema con mano dura, la del actual gobierno apostó por solución con base en inteligencia, lo que tendrí­a doble connotación, puesto que no sólo se referí­a al uso del talento para enfrentar al crimen organizado, sino también los instrumentos de información suficientes para evitar que siguieran controlando nuestra realidad.

No se pueden esperar resultados mágicos, por supuesto, pero en este tema vamos a la zaga y demasiado retrasados por lo que cualquier cosa que se haga tiene que sentirse en una reducción de los casos criminales, especialmente en los delitos contra la vida que son tan constantes y por temas tan irrelevantes como puede ser el robo de un celular.

Lo más importante, sin duda, es romper el cordón umbilical entre la Policí­a Nacional Civil y las bandas de criminales que operan en el paí­s; es indudable que ha habido por lo menos cooperación y protección para ellos de parte de agentes y jefes de policí­a y eso les da alas para que puedan actuar no sólo impunemente sino que hasta con prepotencia porque saben que tienen a su favor el respaldo de quienes debieran perseguirlos. Ese es el primer y más importante paso que tiene que tener un plan que ofrezca seguridad a la ciudadaní­a. Después de eso muchas cosas se pueden esperar, pero la primera es que nuestros agentes no sean gente al servicio del crimen.