íšltimo esfuerzo para actores de la OMC


Los cuatro actores clave de la OMC, Estados Unidos, la Unión Europea, India y Brasil, celebran desde el jueves pasado reuniones decisivas para intentar romper el estancamiento de las negociaciones sobre la liberalización del comercio mundial en Potsdam, en las afueras de Berlí­n.


El denominado «G4» se reúne «con la espalda contra la pared», estimó un diplomático basado en Ginebra, al recordar un encuentro similar el año pasado que no condujo a ningún lado y que finalmente terminó con la suspensión de las negociaciones de los 150 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Se espera que las conversaciones se extiendan hasta el fin de semana.

Alemania, que ocupa la presidencia de la Unión Europea hasta el final de este mes, invitó al palacio Cecilienhof al comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, a la comisaria de Agricultura, Mariann Fischer Boel, a la representante estadounidense de Comercio, Susan Schwab, al ministro indio de Comercio, Kamal Nath, y al ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim.

Amorim ha indicado que las reuniones serán «decisivas».

Los delegados sentirán ciertamente el peso de la historia sobre sus hombros, ya que fue en Cecilienhof que los lí­deres aliados Churchill, Stalin y Truman se reunieron en 1945: el tema era entonces la división de la Europa de postguerra tras la derrota de la Alemania nazi. El objetivo de estas negociaciones es lograr una mayor apertura mundial al comercio.

El palacio Cecilienhof «no es una elección inocente», afirmó el diplomático basado en Ginebra, al indicar que la UE busca destacar la importancia histórica de la reunión.

Las preocupaciones contemporáneas también serán evidentes, y manifestantes antiglobalización tienen previsto protestar en las afueras de Cecilienhof más tarde este martes.

«Queremos una polí­tica comercial controlada democráticamente que no se incline ante los intereses corporativos sino que promueva los derechos de las personas a un desarrollo ambiental sustentable y socialmente justo», dijeron los activistas en un comunicado.

Las potencias del G4 representan los intereses de un abanico de paí­ses ricos y pobres en la OMC. Se considera que un acuerdo entre ellos sobre las concesiones necesarias para reducir las barreras al comercio agrí­cola es esencial para convencer luego al resto de los 150 miembros de la OMC.

Las negociaciones para concluir un acuerdo de liberalización comercial, destinado sobre todo a suministrar un impulso económico a las naciones en desarrollo, han fracasado en cumplir varios de sus plazos desde el lanzamiento con bombos y platillos de la ronda de Doha en 2001, en la capital qatarí­.

Los paí­ses en desarrollo y las naciones acaudaladas se enfrentan por el grado de apoyo estatal a los mercados agrí­colas, así­ como por el nivel de protección frente a las importaciones, sobre todo en la UE y en Estados Unidos.

Las naciones ricas piden a cambio más concesiones de los paí­ses en desarrollo sobre el acceso de productos industriales y servicios a sus mercados.

La OMC espera ahora concluir un acuerdo antes de fin de año. Bajo las reglas de la organización, debe ser aprobado por consenso y una sola voz de disenso puede bloquearlo.

El lunes, Mandelson urgió a los 27 miembros del bloque a permitirle una máxima flexibilidad en las negociaciones, con la esperanza de lograr un compromiso.

«Si cada participante negocia hasta los lí­mites de su flexibilidad» entonces la reunión será un éxito, dijo Mandelson a los cancilleres europeos en Bruselas.

La cita podrí­a saldarse de lo contrario con algunos progresos pero sin acuerdo, con lo cual el G4 volverí­a a reunirse en julio.

Estados Unidos adoptó una posición de perfil bajo. La reunión mostrará «que hay cierto progreso y que nos volveremos a encontrar», dijo el portavoz Sean Spicer. «La única cifra que escucharemos es: ordenemos cuatro cenas», bromeó.

La reunión de Potsdam se realiza a puertas cerradas y se desconoce aún si habrá una conferencia de prensa tras las negociaciones.

«Queremos una polí­tica comercial controlada democráticamente, que no se incline ante los intereses corporativos sino que promueva los derechos de las personas a un desarrollo ambiental sustentable y socialmente justo».

Activistas antiglobalización, a través de un comunicado.