Los viajes presidenciales


Dentro de los comentarios recibidos en relación a mi última columna, recibí­ el de un estimado lector que hace crí­ticas bastante duras, al igual que los otros, al presidente ílvaro Colom, y en uno de sus párrafos, indica que mejor serí­a trasladar el despacho presidencial a uno de los aviones utilizados por el mandatario, ya que desde su gestión ha realizado incansablemente viajes al exterior para asistir a reuniones y citas con otros presidentes.

Héctor Luna Troccoli

Al respecto debo indicar que el que inició esta temática recurrente en nuestros presidentes de, prácticamente, «huir» de Guatemala y sus problemas para respirar aires distintos y observar problemas ajenos, fue Vinicio Cerezo, el personaje que, sin lugar a dudas, más ha disfrutado las mieles del poder en todos los sentidos.

En el mandato de Cerezo, el Congreso debí­a autorizar el viaje del presidente, en tanto ahora sólo informa de su ida y su regreso. Era en el legislativo en donde, quienes estábamos en la oposición nos uní­amos para por lo menos, hacer que para viajar recibiera crí­ticas y expresiones de desaprobación, aunque al final la aplanadora verde y sus aliados aprobaran el viaje.

Sobre el particular, recuerdo una anécdota que le ocurrió a uno de los polí­ticos más astutos y sagaces que he conocido: Alfonso Cabrera Hidalgo, quien enardecido de las crí­ticas de uno de tantos viajes y posiblemente alterado emocionalmente dijo algo así­ como: » ¿por qué se critica tanto el viaje del Presidente, cuando tenemos el caso del Papa (Juan Pablo II para terminarla de fregar), que viaja constantemente». La mayorí­a soltamos una carcajada estruendosa, incluyendo sus propios compañeros y después lo abucheamos. Alfonso se dio cuenta del tremendo error cometido en un momento de emoción y trató de rectificarlo, pero la metida de pata ya estaba hecha.

Desde ese entonces, cada viaje presidencial era un dolor de cabeza por cuanto el congreso lo autorizaba según el inciso c) del artí­culo 165 de la Constitución Polí­tica de la República de Guatemala, el cual fue reformado, por el artí­culo 7o. del Acuerdo Legislativo número 18-93 que produjo las reformas constitucionales, sustituyéndose la palabra «autorizar» por la palabra «conocer», lo que implica que el Congreso sólo conoce de la ausencia del Presidente para el único efecto de la sucesión que compete al Vicepresidente.

Ahora pues, por la gracia de Dios, ya no hay que «pedir permiso para viajar», lo que ocasionó que aumentara al doble o triple esa ansia exagerada por abandonar Guatemala y asistir a reuniones que en un 99 por ciento termina en una «declaración» de buenas intenciones bajo el conocido refrán de que el papel aguanta con todo.

Con Alfonso Portillo nos quedamos anonadados por su incesante maní­a de viajar y por supuesto, gozar de su viaje; sin embargo, aparentemente Berger lo superó, pero ílvaro Colom parece encaminarse a batir todos los récords anteriores si tomamos en cuenta que en cien dí­as de gobierno ya ha tenido, según mis datos, 11 viajes al extranjero, sin tomar en cuenta que ya vienen tres o cuatro más en camino, por lo que de seguir ese ritmo lo tendremos fuera muy a menudo, porque a Dios gracias también, el paí­s está hoy mejor que nunca, máxime que ya empezó el repunte de los secuestros, que todo nos cuesta más caro y que encima de eso, ya están pensando en poner más impuestos bajo la viejí­sima mentira de que «el que tenga más debe pagar más», cuando todos sabemos que todo se traslada al que está abajo, es decir, las gallinas de arriba siempre se hacen en las de abajo, por muy socialdemócratas que sean.

Cuando la situación de un hogar o de un paí­s, que en resumidas cuentas es el hogar grandote, la situación económica es mala, se empieza por reducir los gastos. Entonces, me pregunto ingenuamente por qué no rebajar los «modestos» sueldos de Q30 mil para arriba, que es lo que ganan la mayorí­a de empleados de jerarquí­a, en instituciones estatales, tanto autónomas como centralizadas y descentralizadas, empezando por el Presidente de la República, Magistrados de las Cortes, TSE, Presidente del Banco de Guatemala, Gerente del IGSS, Superintendencia de la SAT y etcétera. Y para terminar ¿por qué no se viaja lo absolutamente necesario ya que, aunque «presten» aviones se gasta en los extraordinarios viáticos para pago de hoteles, comidas, uno que otro traguito y pequeñas compras que se aprovechan para hacer? Háganse la campaña por los pobres que alguien dijo por allí­ que «ahora si iban a ser los privilegiados». ¡Puchis!