Los tres pactos gubernamentales


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En principio un pacto es un acuerdo entre partes. Hace bien el gobierno recién instalado al recordarnos que es necesario establecer acuerdos. Diez dí­as atrás, en su alocución de toma de posesión como Presidente Constitucional de la República, Otto Pérez Molina mencionó la intención de promover tres grandes pactos: uno, por la paz, la seguridad y la justicia; el siguiente, contra el hambre, al que le agregó “Pacto Nacional contra el Hambre”; y finalmente el fiscal.

Walter Guillermo del Cid Ramí­rez
wdelcid@yahoo.com

 


Y en el orden de las prioridades está empezando por el tercero de los mencionados. La necesidad de contar con recursos económicos para impulsar las iniciativas prometidas es más que obvia. Los acuerdos son pues el punto de partida para concretar los pactos.

El apoyo y las expectativas no han decrecido en estos primeros dí­as del cuatrienio. Aún restan 1452 dí­as para que concluya el perí­odo constitucional. Parece mucho tiempo pero en verdad no lo es. La búsqueda de acuerdos y la posibilidad de alcanzar consensos es fundamental para que en efecto se pueda promover la paz, acentuar la seguridad, agilizar y mejorar la justicia, así­ como el necesario combate a la desnutrición crónica, fiel compañera del hambre secular que padece un significativo número de connacionales. La promoción del diálogo es toral para llegar al punto en el que las coincidencias generen acciones y así­ pueda notarse el impulso hacia el cambio en la gestión gubernamental prometido. Si se instauran mecanismos de diálogo al margen las instancias legalmente constituidas se caerí­a en una contradicción frente a las expresiones de fortalecimiento de la institucionalidad, pilar también enunciado en el discurso del 14 de enero. Ante esta situación el jefe del Organismo Ejecutivo y con él su gabinete se encuentran ante el desafí­o que impone el principio de urgencia ante la pertinencia de lo que ha de emprenderse.

Sus dos antecesores “crearon” instancias de diálogo. Pero en realidad estas “mesas” de trabajo ya tienen suficiente normativa como para inventarse una o unas más. En primer lugar está el Sistema Nacional de los Consejos de Desarrollo, al que habrí­a que actualizar las nominaciones de los integrantes. En el Consejo Nacional de Desarrollo participan todos los sectores, tanto del ámbito público como del privado, con la inclusión del polí­tico, del polí­tico deliberativo (Congreso) y del polí­tico operador (Ejecutivo). Entonces ya hay un “espacio” para discutir las repercusiones y los detalles de cada una de las propuestas alrededor de los pactos ofrecidos. Pero si este ámbito parece complicado o muy largo para arribar a acuerdos, consensos y medidas de compromiso entre los participantes, aún hay otra instancia legalmente constituida. Instancia derivada de los Acuerdos de Paz y que en principio está creada precisamente para verificar el cumplimiento de aquellos, una vez se ha marchado la cooperación internacional en este ámbito. El Consejo Nacional de los Acuerdos de Paz, aglutina a varios sectores. También es necesario reactivar la delegación de los representantes que lo conforman y esperar que a dicho Consejo pueda llegar una representatividad al más alto nivel.

Pero si lo que se desea es acelerar aún más el proceso, está la instancia de debate, de diálogo y de acuerdos polí­ticos por excelencia. El Congreso de la República. Algunos cuestionarán que ahí­ se tiende a distorsionar todo tipo de propuesta. Que se mercantilizan los acuerdos, dirán los más acérrimos enemigos o los más severos jueces del devenir de quienes ahí­ nos representan. Pero el caso concreto es que no es el Ejecutivo el único que está urgido de acuerdos. Es la sociedad en su conjunto y ahora en el Congreso de la República existen los medios para hacer de los momentos de discusión el foro más público posible y con él un acceso casi ilimitado de la población para conocer los componentes de cada propuesta alrededor de su respectivo pacto. Se ha anunciado que el primero será el toral: el Fiscal. Entonces al haber mencionado los tres posibles escenarios para el desenvolvimiento de tan importante proceso de debate, es oportuno reiterar que si deja de lado cualquiera de los tres entornos descrito, cualquier opción por la que se incline debe contener el imprescindible componente divulgativo para que sepamos los gobernados que se dice y quién lo dice de cada tema. El resultado final de tales debates a todos nos afectarán, sea que al final se concreten o que no. Por ello es necesario que sepamos la postura de los protagonistas del “cambio” que se nos ha prometido.