La figura del superdelegado demócrata se ha convertido en pieza clave de la carrera por la investidura presidencial del partido, y con el empeño de quien busca un tesoro Hillary Clinton y Barack Obama cortejan el voto de estos convencionales que podrían definir quien de los dos peleará con los republicanos por la Casa Blanca.
En la intrincada constelación de convencionales que proclamará al candidato que se medirá con el republicano John McCain en las elecciones presidenciales de noviembre, los 796 «superdelegados» demócratas se han convertido en las verdaderas estrellas.
No sólo representan un importante 40% de los votos en la convención demócrata del 25 al 28 de agosto; también pueden ser los responsables de «desempatar» una reñida contienda en la que la candidata escolta, Hillary Clinton, no parece dispuesta a tirar la toalla fácilmente.
Pasadas la mayoría de las elecciones primarias, Obama aventaja a Clinton en número de delegados partidarios para la convención, por un total de 183 voces (1961 para Obama y 1778 para Clinton), de acuerdo con cifras del sitio especializado independiente www.realclearpolitics.com.
Pero el número de superdelegados para cada uno es extremadamente parejo: 307 para el senador por Illinois contra 280 para la senadora por Nueva York y ex primera dama.
Así las cosas, y aunque la cifra de 796 nombres no incluye los superdelegados de los estados de Florida (sur) y Michigan (norte), las matemáticas podrían volcar la ecuación hacia cualquiera de los dos candidatos si la definición llega hasta la convención partidaria, y serían los superdelegados los encargados de resolver con su voto.
A diferencia de los delegados o convencionales comunes, que son elegidos por los votantes demócratas durante la rueda de primarias y deben dar su voto obligatoriamente al candidato que le asignan sus electores, los superdelegados pueden votar a quien quieran, y cambiar su opción cuando quieran antes de la convención partidaria.
Algunos de estos superdelegados son personalidades famosas de la política estadounidense y personas de gran influencia dentro y fuera de su partido.
Los ex presidentes Jimmy Carter (1976-1980) y Bill Clinton (1993-2001), el ex vicepresidente y premio Nobel de la Paz 2007 Al Gore, los gobernadores y todos los parlamentarios del partido, son superdelegados. También lo son algunos altos dirigentes partidarios y ex congresistas.
A pesar de que Clinton ya no podrá revertir la mayoría de Obama en las primarias que restan, en Puerto Rico el 1 de junio y en Montana y Dakota del Sur el 3 de junio, la senadora que busca ser la primera mujer presidente de Estados Unidos afirmó que se mantendrá en la lid.
Clinton sostuvo ante sus adeptos en Louisville (Kentucky), que serán los superdelegados quienes tomarán «la difícil decisión» de determinar «quien está listo para ser el candidato y derrotar a McCain en los estados clave», dando a entender que podría llevar la batalla hasta la convención partidaria que se celebrará en Denver (Colorado, centro).
Una referencia desafortunada de la aspirante demócrata a la Casa Blanca Hillary Clinton sobre el asesinato de Robert Kennedy para justificar su permanencia en la carrera a la candidatura de su partido provocó ayer estupor entre las filas demócratas.
«Mi marido (Bill Clinton) no estaba seguro de obtener la investidura en 1992 hasta que ganó la primaria de California hacia mitad de junio, ¿no es así? Nos acordamos todos del asesinato de Bobby Kennedy en junio en California», dijo Clinton durante un debate ante periodistas del Sioux Falls Argues Leader, un diario de Dakota del Sur.
Robert Kennedy, hermano del malogrado ex presidente John Kennedy, fue asesinado el 5 de junio de 1968, cuando aspiraba a la investidura del Partido Demócrata.
Clinton pretendía recordar que la carrera a la investidura demócrata podía no estar cerrada antes de junio, pero su desafortunada referencia al asesinato de Robert Kennedy provocó estupor y enfado en el bando de su rival Barack Obama.
El que podría convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos está bajo protección policial del Servicio Secreto desde el inicio de su campaña. Sus partidarios evocaron varias veces su miedo de que el senador por Illinois fuese asesinado como Robert Kennedy o Martin Luther King, muerto en abril de 1968.
Clinton presentó sus excusas afirmando en un comunicado que no quería mostrase «ofensiva» y que rezaba por la familia Kennedy.
«Expreso mis disculpas si mis referencias a ese momento dramático de nuestra historia, especialmente a la familia Kennedy, han podido herir a alguien», dijo Clinton.
La ex primera dama añadió para justificarse que se sintió trastornada esta semana por las informaciones sobre la salud de Edward Kennedy y que había recordado mucho el nombre Kennedy.
Al senador Edward Kennedy, hermano menor de John y Robert Kennedy, se le diagnosticó estos días un cáncer de cerebro incurable.
Riordam Toett
Analista de Universidad Johns Hopkins