Sea como sea, los habitantes son destructores del planeta Tierra. Todo fenómeno natural tiene origen en la irresponsabilidad humana desmedida, que nos tiene al borde del colapso. Desaciertos cometidos directa o indirectamente por los humanos, igual de punibles si las autoridades les echan el guante formalmente, alejados de trinquetes tan usuales.
En punta los incendios forestales, arrasantes de grandes hectáreas de bosques. Cercanos ya a punto de convertirnos en desiertos. Los causantes de conducta anómala, antipatriótica, exhiben su poder maligno. Por cuanto al inicio de la época lluviosa se ensañan y gozan como paranoicos, a semejanza de Nerón, en caricatura del todo aberrantes y tildada.
Surgen estilos de magia en latitudes diversas del país parecen series perniciosas destructoras de innumerables pulmones, generadores de oxígeno a raudales. Empero el sitio infaltable viene a ser la región boscosa de Petén, desde tiempos remotos, lugar donde la perversa mano del hombre bestia da rienda suelta y pasmosamente expresa sus impulsos negativos sin duda.
Unidades bomberiles, voluntariado plausible y honorífico luchan a brazo partido por la contrapartida, a efecto de controlar los incendios. Son la sumatoria de connacionales que vuelven por sus fueros en beneficio de la naturaleza dañada y destruida en un instante. ¡Que ingratitud cometida! Representa siempre la visible barbarie, que es poco decir en estos casos.
El desbordamiento de ríos significa la prueba sustancial de cuan repudiable es la mano del hombre criminal, tiene parte directa. Los descontrolados talares en los bordes ocasiona campo propicio, capaz de contribuir los desastres desconsolados, por cuanto al paso de vencedores el agua desbordada lleva tras de sí, puentes, caminos, ganado y haberes de gente pobre en extremo.
Aguaceros torrenciales después de un largo tiempo caluroso semeja abriesen las compuertas del cielo. Nos encontramos en pleno tiempo lluvioso en todo el territorio. Salvo pequeñas treguas, verdadero problema constituye el fenómeno aludido. Para las amas de casa y también el sector laboral se torna la de San Quintín. Mojados de pies a cabeza y la ropa tendida en los hogares constituye quebradero seguro de cabeza asimismo ¡Que remedio!
Las áreas vulnerables y asentamientos proliferantes en la actualidad, debido a la necesidad a lo largo y ancho del panorama crítico. Son angustias y enormes penalidades, además del agravante que en cualquier instante la tragedia da cuenta de ser arrasados hasta el fondo del agua, o también del barranco y sus fauces que traga cuanto llegue al lugar de esa tormenta.
Anteriores casos en sucesión anual reciben atención momentánea. Sin embargo, la solución del problema creciente en su cuantía y destrozos, quedan una vez más, a la espera eterna de los ofrecimientos gubernamentales. Es la de nunca terminar; pasa el tiempo inexorable, pero los damnificados en mayor cantidad, pierden la esperanza de una solución definitiva.