Los medios de comunicación lamentablemente juegan dos papeles básicos e importantes: fiscalizar y denunciar. Y digo, lamentablemente, porque lo que sale en sus páginas no tiene el poder coercitivo necesario para que muchos sin-vergí¼enzas, estuvieran al menos, en el ostracismo y en el repudio permanente de la población. Lamentablemente la noticia se pierde en un día y no se le da el seguimiento continuo y por otro lado, los señalados tienen el cuero de purisísima danta y les importa un comino lo que de ellos digan. No ocurre, digamos, como lo que sucedió a un tipejo, abogado y periodista, que durante casi 30 años sirvió de manera honesta e íntegra a la administración pública y que por un error enorme por el que tuvo que pedir perdón al emborracharse en horas hábiles, fue tratado como el peor de los asesinos y por supuesto despedido de su trabajo y hundido en el lodo del olvido, Así es Guatemala.
Pero volviendo al tema central de esta columna. Es increíble que en estos tiempos un diputado gane Q39 mil, un alcalde Q58 mil, un presidente de la república cerca de los Q150 mil ya que los cigarros y otras minucias salen de los millonarios fondos asignados a Casa Presidencial, o el o la presidente del Banguat con cerca de Q120 mil más prestaciones jamás vistas, o el o la superintendente de la SAT también con más de Q100 mil, o magistrados de las dos Cortes con salarios que oscilan entre los Q55 mil a Q75 mil, todos ellos, mensualmente. Y dejamos afuera los viajes, viáticos y otras minucias que para el caso de la «honorable» Corte Suprema de Justicia suman Q5 millones en tres años, sin tomar en cuenta de que Panamá, México y Estados Unidos, son sólo puertos de embarque para otros destinos lejanos como India, Taiwán, Filipinas, Indonesia, y otros por el estilo, acompañados de sus queridísimas esposas y otras veces sólo de sus queridísimas.
Un amigo abogado me decía, «vos que fuiste secretario general de la presidencia, decime: cuáles son los chances más de a h…. en el gobierno,» le mencioné los anteriores y le agregué algunos otros donde no se trabaja y se gana en dólares como los diputados del Parlacen o el representante del BCIE por Guatemala, que tiene lujosa oficina en la zona 9 y varios vehículos a su disposición. «Estás equivocado -me dijo- el mejor es ser magistrado del tribunal supremo electoral, porque se echan entre Q40 mil y 50 mil al mes y no tienen prohibición para seguir ejerciendo su profesión».
Ya la comisión de postulación escogió a 40 dichosotes candidatos que podrían llegar a magistrados del TSE y que desde ya, me imagino estarán esperando qué hacer con su pistillo. En esa nómina he visto a personas que se han lanzado a cuanto jugoso cargo se contempla en la estructura desigual del Estado en donde hay conserjes y policías que ganan Q2 mil y trabajan a veces 24 y 48 horas seguidas.
El actual Presidente, desde sus inicios como candidato, dijo que iba a privilegiar a los más pobres y admitió que existía una desigualdad enorme entre pobres y ricos, una brecha que cada día se abre más y más al extremo que las condiciones para una revolución social están ahora mas presentes y visibles que hace 40 años, porque hasta hace poco empezamos a descubrir que en el Oriente y en casi todos los confines del país hay niños que mueren de hambre, así, literalmente, como en los cuadros más crudos y tristes de países africanos.
En lo personal, se me parte el corazón cuando en los medios televisivos particularmente, observo a estos niños y al salir a la calle veo la opulencia y prepotencia de los que tienen dinero a manos llenas, particularmente esa «élite» de mediocres que constituyen nuestra «alta sociedad» que en gestos estudiados, como parte de un programa aprendido para subir al cielo, lanzan limosnas a estos desposeídos. Ojalá Jesucristo reviviera nuevamente como hombre, pero ahora, no con espíritu misericordioso, sino con un fuete en la mano y un látigo en la otra para castigar con dureza a tanto hipócrita que vemos a nuestro alrededor.
Estas desigualdades Señor Presidente deben empezar porque usted y su gobierno den el ejemplo reduciendo el sueldo suyo y de otros muchos de los que lo rodean y presionar para que funcionarios de instituciones autónomas y descentralizadas también lo hagan. ¡Qué hacer con ese dinero?, fácil, cada mes, lleve en varios camiones Incaparina, maíz, frijol, leche, vitaminas, etcétera a UNA aldea de las más pobres. No se terminará con la pobreza, pero por lo menos, los funcionarios y ricachones guatemaltecos empezarán a tener dignidad, que implica la verdadera caridad para con los demás, que es mejor que ir a la iglesia y rezar mil padres nuestros.
No es posible que en un país pobre por mérito propio, tenga en un plato de la balanza a pequeños niños agonizantes y en el otro, a personas que se hartan con el dinero nuestro que bien les alcanza para tener secretarias, guardaespaldas, vehículos de lujo, gasolina y muchas cosas más, a costillas de un pueblo que ya está arrodillado ante dos monstruos: la criminalidad y la pobreza extrema. Ingeniero Colom y los que están en otros organismos: ¿no podemos empezar a cambiar eso?, aunque sea poco a poco, fomentando una cultura de una solidaridad social real y efectiva entre los que tienen mucho y esa mayoría que no tiene nada. Yo no creo en ciertas cosas, pero si hay un Dios, es hora de empezar a hacer justicia, aunque ésta sea el enviarnos otro diluvio universal en donde, bendito sea, nos muramos todos por parejo…