Los roles diferenciados del movimiento social y polí­tico


Señalaba en la columna anterior que, con el afán de provocar discusión sobre alternativas concretas para avanzar hacia un cambio en nuestra sociedad, veí­a como un punto de partida interesante cuestionarse: Para hacer este mundo más justo ¿toda la gente debemos hacer lo mismo? Y ¿un mundo más justo será aquel que sea igual para todas las personas?

Juan Pablo Ozaeta

Mencionaba que las personas podemos aportar de distinta manera; desde lo social, lo económico, lo cultural y lo polí­tico.

Ahora, es sobre la diversidad de roles que se tienen dentro de los espacios sociales y polí­ticos, que querí­a lanzar algunas ideas, reflexionando a partir de la pregunta, ¿ocupa cada quien el lugar que le corresponde?

Dentro del movimiento polí­tico-social, las organizaciones de base son sin duda, una parte sin la cual no se puede existir. Sindicalistas, grupos campesinos e indí­genas, jóvenes y mujeres organizadas son la fuerza de todo movimiento.

Existen también sectores en el movimiento que realizan una labor sumamente necesaria. Aquellas que con sus aptitudes técnicas y cientí­ficas aportan insumos para el abordaje de las distintas problemáticas y la incidencia polí­tica. Estos pueden ser observatorios u ONG que realizan tareas de investigación, así­ como facilitación de procesos. Y también hay personas adentro del movimiento social que asumen tareas de asesorí­a, y también -aunque quizás en menor medida a pesar de ser muy importante- hay quienes se especializan en estrategias de comunicación y de formación.

Así­ he observado que están configurados estos espacios polí­tico-sociales. Sin embargo, me parece que dentro de estos movimientos ocurre que no identificamos o asumimos claramente los papeles que ocupamos cada quien, y el peso especí­fico que cada labor tiene.

Algunas ONG y algunos integrantes de los movimientos que hacen un aporte técnico o de asesorí­a en lo polí­tico, terminan asumiendo por completo la vocerí­a, la voz y hasta la toma de decisiones que les corresponderí­an a los dirigentes designados por sus movimientos de base.

En la otra cara de la moneda, las bases y sus dirigentes no comprenden del todo la importancia de los aportes técnicos, no se apropian o no permiten que la gente de base se apropie de estos aportes. Y muchas veces se cae en comparaciones y se les menosprecia diciéndoles: «Ustedes no tienen base», o «ustedes sólo hacen trabajo de escritorio».

Ante esto, me parece que debe revisarse la estrategia de los movimientos, y principalmente de quienes están al frente de estos espacios.

Hay que reconocer crí­ticamente que algunas organizaciones han reducido su trabajo de bases y tornado su dinámica más parecida a una ONG. Y respecto a la estrategia y los papeles diferenciados, no debe olvidarse el trabajo organizativo, pero también debe reconocerse y darle su peso especí­fico a labores técnicas y a la divulgación y formación, que son fundamentales para hacer un movimiento más integral.