Señalaba en la columna anterior que, con el afán de provocar discusión sobre alternativas concretas para avanzar hacia un cambio en nuestra sociedad, veía como un punto de partida interesante cuestionarse: Para hacer este mundo más justo ¿toda la gente debemos hacer lo mismo? Y ¿un mundo más justo será aquel que sea igual para todas las personas?
Mencionaba que las personas podemos aportar de distinta manera; desde lo social, lo económico, lo cultural y lo político.
Ahora, es sobre la diversidad de roles que se tienen dentro de los espacios sociales y políticos, que quería lanzar algunas ideas, reflexionando a partir de la pregunta, ¿ocupa cada quien el lugar que le corresponde?
Dentro del movimiento político-social, las organizaciones de base son sin duda, una parte sin la cual no se puede existir. Sindicalistas, grupos campesinos e indígenas, jóvenes y mujeres organizadas son la fuerza de todo movimiento.
Existen también sectores en el movimiento que realizan una labor sumamente necesaria. Aquellas que con sus aptitudes técnicas y científicas aportan insumos para el abordaje de las distintas problemáticas y la incidencia política. Estos pueden ser observatorios u ONG que realizan tareas de investigación, así como facilitación de procesos. Y también hay personas adentro del movimiento social que asumen tareas de asesoría, y también -aunque quizás en menor medida a pesar de ser muy importante- hay quienes se especializan en estrategias de comunicación y de formación.
Así he observado que están configurados estos espacios político-sociales. Sin embargo, me parece que dentro de estos movimientos ocurre que no identificamos o asumimos claramente los papeles que ocupamos cada quien, y el peso específico que cada labor tiene.
Algunas ONG y algunos integrantes de los movimientos que hacen un aporte técnico o de asesoría en lo político, terminan asumiendo por completo la vocería, la voz y hasta la toma de decisiones que les corresponderían a los dirigentes designados por sus movimientos de base.
En la otra cara de la moneda, las bases y sus dirigentes no comprenden del todo la importancia de los aportes técnicos, no se apropian o no permiten que la gente de base se apropie de estos aportes. Y muchas veces se cae en comparaciones y se les menosprecia diciéndoles: «Ustedes no tienen base», o «ustedes sólo hacen trabajo de escritorio».
Ante esto, me parece que debe revisarse la estrategia de los movimientos, y principalmente de quienes están al frente de estos espacios.
Hay que reconocer críticamente que algunas organizaciones han reducido su trabajo de bases y tornado su dinámica más parecida a una ONG. Y respecto a la estrategia y los papeles diferenciados, no debe olvidarse el trabajo organizativo, pero también debe reconocerse y darle su peso específico a labores técnicas y a la divulgación y formación, que son fundamentales para hacer un movimiento más integral.