Estados Unidos, Costa Rica y Panamá fueron los países más proclives a reconocer el triunfo electoral de Porfirio Lobo en Honduras, pero en vista de la contundente postura del resto de naciones en contra del golpe de Estado, se vieron obligados a matizar su apoyo al recién electo y procedieron a pedir la restitución de Zelaya o, por lo menos, la renuncia de Micheletti y que le otorguen el salvoconducto al depuesto gobernante para que pueda abandonar la embajada de Brasil y viajar a México.
Sin embargo, Roberto Micheletti sigue apostando a la misma política que ha mantenido desde el mismo día en que fue investido como presidente de facto tras el cuartelazo que envió a Zelaya a Costa Rica, es decir, a la terquedad para mandar al diablo a toda la comunidad internacional en la certeza de que internamente no tiene un frente sólido que le pueda significar riesgo a la estabilidad de su espurio mandato.
Y con ello coloca en serios aprietos a Porfirio Lobo, puesto que no será fácil que obtenga el reconocimiento de la comunidad de naciones si no logra algunas muestras de entendimiento que incluyan a las facciones que apoyan a Zelaya y, por lo menos, algunos gestos condescendientes de Micheletti. í‰ste, por el contrario, mantiene el tono desafiante y ya dijo que no está pensando en renunciar antes de la investidura formal de Lobo, prevista para el año entrante, lo que cierra mucho el espacio de negociación para el presidente electo, quien ya se vio obligado a cancelar parte de su gira porque el primer intento, al reunirse con los presidentes de Costa Rica y de Panamá, fue en realidad un revés porque eran los países más proclives y al final de cuentas le salió el tiro por la culata porque lejos de recibir el pleno reconocimiento, fue condicionado a que logre la restitución de Zelaya.
El ambivalente papel de la diplomacia norteamericana en la crisis hondureña, marcada por la influencia que ejercen tanto en el departamento de Estado como en el Congreso miembros prominentes de la más conservadora expresión del Partido Republicano, se vuelve a notar ahora con cambios en la postura. Pero lo cierto del caso es que si Porfirio Lobo no logra darle a la comunidad internacional muestras de que tiene ahora mismo un claro liderazgo dentro del país, tendrá serias dificultades para avanzar hacia el reconocimiento pleno de la comunidad internacional o, por lo menos, de aquellos países que habían adelantado un reconocimiento a elecciones que, finalmente, no tuvieron un aceptable nivel de participación ciudadana, puesto que al reportarse que menos de la mitad de los electores asistieron, quedó en solfa buena parte del proceso.