En varios de los programas de teléfono abierto de las emisoras locales, se han escuchado quejas de los oyentes sobre las dificultades para tener acceso gratuito a los servicios de salud en los hospitales nacionales a pesar de las órdenes del Presidente de la República en ese sentido. Tan sólo hace unas pocas horas, una persona de Quetzaltenango refería la experiencia de un niño que al ser llevado de emergencia al hospital de esa ciudad, lo enviaron a un laboratorio privado para la realización de exámenes de diagnóstico que tenían un alto costo para la familia.
En otros casos, las denuncias señalan que los pacientes tienen que esperar muchas horas en los hospitales nacionales para ser atendidos.
En las dependencias del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, no sólo en los servicios hospitalarios, sino aun en las oficinas administrativas, es común la mala atención, incluso cuando las personas llegan a efectuar pagos. Desafortunadamente, hay muchos empleados que erróneamente se creen dueños de las plazas.
En el campo de la educación también ha habido cierta resistencia de algunas personas para cumplir las disposiciones del Presidente de la República sobre que la educación debe ser gratuita y que no deben hacerse cobros.
Sin duda hace falta un alto grado de conciencia social en muchos de los trabajadores del ramo de salud y educación para comprender que tanto la educación como la salud son dos de los principales desafíos para enfrentar el problema de la pobreza.
La pobreza definida en pocas palabras como la denegación de los derechos humanos no es sólo una cuestión de ingresos, sino que también, de manera más fundamental, guarda relación con la capacidad para vivir en condiciones dignas y disfrutar de los derechos y libertades básicos del ser humano. La educación, por ejemplo es el medio principal por el que niños y adultos pueden salir de la pobreza. El ejercicio del derecho a la educación es decisivo para el disfrute de muchos otros derechos humanos como el derecho al trabajo, el derecho a la salud y el derecho a la participación en la política.
Por otra parte, la mala salud origina pobreza y contribuye a ella destruyendo los medios de subsistencia, reduciendo la productividad del trabajador y limitando las oportunidades. Los enfermos corren más peligro de convertirse en pobres. Las personas que viven en la pobreza son más vulnerables a la enfermedad.
Consideramos que al margen de las ideologías, hay que apoyar todas las acciones destinadas a privilegiar el desarrollo de la salud y la educación. La falta de pupitres y de aulas es un reto que debe enfrentarse con voluntad y la cooperación de todos: pueblo y gobierno.