Los retos de Francisco


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Después de 520 años el Vaticano ha decidido, por elección de sus cardenales, elegir al primer Papa americano de la historia de la Iglesia Católica. Con los días veremos información que nos permitirá formarnos una mejor idea de cómo se manejará el poder político dentro de una de las principales religiones de todo el mundo y para todo efecto práctico, la más importante de nuestro continente por lo que es natural que todos los medios que regularmente consultamos estén al pendiente de ese suceso trascendental para los fieles cristianos del mundo entero.

John Carroll


De acuerdo a las primeras informaciones a las que he tenido acceso, el papa Francisco I tiene como cualquier hombre, un historial de luces y sombras que no permiten saber exactamente cómo se desarrollará en su lugar al mando de la Iglesia pero me parece adecuado hacer algunas observaciones para que, de acuerdo a mi criterio,  los destinos de la Iglesia puedan tener una gestión más exitosa de la que tienen al día de hoy.
Creo sinceramente que a la Iglesia Católica le hace falta urgentemente repensar cómo promociona su idea de la fe.  Tal y como que se tratara del diseño del sistema político ideal, la Iglesia necesita darse cuenta que muchos de sus principios actuales no están fundamentados en la forma natural que el hombre tiene de actuar en varios ámbitos de la vida.  Si la Iglesia comprendiera que hay cosas más importantes de las cuales preocuparse que del voto de castidad de sus miembros ordenados, la masturbación,  la teoría de la liberación y los nuevos engendros que de esta emanan,  el sexo antes del matrimonio, la homosexualidad y las relaciones legales que los homosexuales puedan pretender entablar entre ellos, con o sin el visto bueno de la institución, otro gallo cantaría.
Si la Iglesia comprendiera que debe de denunciar, señalar y acusar abiertamente todos los posibles casos de violación sexual con niños o adultos de parte de sus miembros ordenados en lugar de esconder o solapar estos deleznables actos, seguramente tendría una mejor posición en el vigoroso mercado de la fe.
Otro de los temas importantes es que la institución tiene que revisar muy de cerca y con objetividad divina como se componen los ingresos con los que se mantiene. Desde ingresos que tienen orígenes poco ortodoxos o de moral distraída, pasando por exenciones fiscales que no concuerdan con lo que profesan hasta leyes fiscales que,  aunque usted no lo crea, en estos dorados tiempos aún existen en algunos países en donde la Iglesia obtiene sus ingresos por medio de asignaciones presupuestarias gubernamentales.
Mi teoría es que no es el señor de las moscas el que le ha estado ganado la batalla últimamente a la institución sino es su obstinada y anacrónica forma de insistir en reglas que por distintas circunstancias, la ciencia, la tecnología y la información por ejemplo,  hoy en día el hombre simple y sencillamente no cumple.
He aprendido en la vida que las cosas que separan a los buenos de los malos son sus acciones para con otros hombres y la calidad de las personas no se mide ni por su color, ni por su orientación sexual, ni por su credo, ni por su posición económica y menos por su profesión u oficio.
De esta cuenta puedo decir que en todos lados, chafas, políticos, curas, putas, periodistas y futbolistas; católicos, evangélicos, judíos y budistas  he conocido a gente decente en el sentido mundano de la palabra.  También hay cada desgraciado que únicamente aprecio por el hecho de darme parámetros para identificar a los decentes.
Una visión más amplia, más congruente y realista, una religión hecha por el hombre y para el hombre permitirá a la Iglesia Católica encaminarse mejor, tener fieles más fieles, más y mejores seguidores.
Suerte para el nuevo máximo líder de la Iglesia Católica porque es evidente que se necesita algo más que un cambio de cara para transformar el movimiento católico en uno exitoso y de crecimiento.