Los regalos presidenciales


Desde hace algún tiempo los medios de comunicación nacional miran con recelo la proclividad del presidente ílvaro Colom de dejarse consentir por la empresa Tomza (Tropigas) al permitirse volar al extranjero en aviones de esa empresa.  Los crí­ticos se preguntan si es conveniente para los intereses del paí­s esos «regalos» o si, por el contrario, no se estará comprometiendo la autonomí­a y la imparcialidad que convienen en un gobernante.

Eduardo Blandón

Hay que decir con toda franqueza que, si de gobernantes se trata, ílvaro Colom no está solo en eso de aceptar presentes.  En Francia, por ejemplo, Nicolas Sarkozy, usa en sus vacaciones, el avión privado y el yate del multimillonario Vincent Bolloré.  Y él ni se inmuta ni sufre cargos de conciencia.  Más bien ha dicho, casi como que si el pueblo le debiera estar agradecido, que «esto no le cuesta nada a los contribuyentes».

El ejemplo de los gobernantes de Francia y Guatemala contrasta con la polí­tica cero de Dinamarca.  El paí­s escandinavo, según un periódico español, sólo permite recibir regalos de cortesí­a y protocolo como «una tableta de chocolate, un libro, o una botella de vino con ocasión del 25 aniversario de servicio público de un determinado empleado». 

«Por citar un caso singularmente estricto, los empleados de la Embajada danesa en Vietnam no pueden recibir regalos de más de 50 euros y, con todo, deben dar parte a su superior, ya que se entienden recibidos en nombre de la embajada y no a tí­tulo personal. Dinamarca es el paí­s menos corrupto del mundo, según el í­ndice de percepción de la corrupción de la ONG Transparencia Internacional».

Es cierto que el presidente Colom no puede jactarse, al menos hasta lo que se sabe, de recibir regalos costosos como el amplio guardarropa que Christian Dior pone a disposición de la ministra de Justicia francesa, Rachida Dati, valorados en 15 mil euros.  Con todo, sin embargo, vale la pena ser prudente con la generosidad de los empresarios.

Aquí­ no hablamos, como refirió alguna vez la prensa nacional, de regalos que da la gente sencilla sin interés alguno.  Recién juramentado presidente ílvaro Colom, por ejemplo, según informes de prensa, recibió un cuadro de la Virgen de Guadalupe, trajes tí­picos, gallinas (y diferentes animales), pinturas y libros.  Se trata de poner atención más bien a esos «obsequios» peligrosos.

La llamada «diplomacia del dólar» es poco inocente y los gobernantes tienen que estar listos para no caer en faltas.  ¿Quién no se recuerda del regalo que Taiwán le hiciera a Alfonso Portillo en años pasados?  En el 2005 se decí­a que el ahora ex presidente Portillo habí­a recibido tres cheques por US$ 1 millón 500 mil y que a estos se sumaban los US$ 14.6 millones «regalados» a los ex mandatarios de Costa Rica, Nicaragua y Panamá.

Lo que vale la pena es que la legislación de nuestro paí­s dictamine para sancionar cualquier tipo de regalos y, así­, impedir que los gobernantes sientan tentación de recibir golosinas por parte de los empresarios.  Los Presidentes del paí­s tienen que recordarse que no sólo es importante ser honesto, sino también parecerlo.