Los programas sociales deben ir al fondo de los problemas


Estoy de acuerdo con el punto de vista recientemente expresado por el presidente Colom de que sus programas sociales podrí­an llegar a ser inamovibles algún dí­a pero, siempre y cuando estos fueran eficaces para solucionar nuestras carencias y necesidades. ¿Quién duda que la educación es pilar fundamental para lograr nuestro desarrollo? Pero esta debe ser de excelente calidad y contenido y no solo quedarse en la periferia. Para aclarar el concepto: ¿de qué sirve contratar maestros sin facilitarles la infraestructura indispensable para el éxito de su misión o viceversa?

Francisco Cáceres Barrios

Por lógica entonces, el término inamovible en los programas sociales lleva intrí­nseco el buen resultado de los mismos. Creo que vender comida preparada a precios favorables o regalar granos básicos a la gente necesitada podrá traer beneficios, pero hay que tomar en cuenta que esta medida es de corto plazo y que a la larga no ataca el problema de fondo que representa la hambruna en nuestro paí­s. No es que sea negativo en mi forma de pensar ¿pero será que dejando de lado nuestra baja capacidad productiva, carencia de empleos, falta de poder adquisitivo de nuestra moneda o la falta de capacitación técnica y cientí­fica de la mayorí­a de nuestra gente, con solo vender barato o regalar alimentos va a quedar resuelta la hambruna, que lleva largo tiempo de estar entre nosotros?

Podrán comprender entonces que los paliativos no son programas sociales que vayan a trascender, de tal manera que lleguen a ser inamovibles. Al contrario, ¿alguien duda que la seguridad social o el Código de Trabajo establecido durante el perí­odo revolucionario del 44 fueron soluciones a problemas que por aquellos tiempos eran serios y que aún hoy siguen latentes por tantas deficiencias? Los llamados programas sociales del gobierno de Colom siguen careciendo de la indispensable credibilidad por varias razones, entre otras, que no solo es cuestión de copiarlas por el hecho de que en Brasil funcionaron, cuando es bien sabido por todos que allá cuentan con paralelos programas de gran envergadura; que la utilización de muchí­simos millones de quetzales sigue careciendo de la cristalina transparencia, como que su utilización politiquera ha sido más que evidente ¿o alguien a estas alturas podrá ser tan inocente para creer que no hay en el trasfondo una campaña electoral a desarrollarse dentro de poco tiempo, si no es que empezó hace rato?

Cosa muy distinta es que al gobierno de Colom y a su partido oficial les convenga divulgar que sus programas sociales son una maravilla, creyendo que con ello estarán influenciando desde ahora el voto de muchos guatemaltecos. Por favor, no se olviden de Lincoln: «Se puede engañar a alguna gente todo el tiempo. Se puede engañar a toda la gente durante algún tiempo. Pero no se puede engañar a toda la gente, todo el tiempo…»