Los presidentes de la apertura democrática (2ª. Parte)


Jorge Serrano Elí­as se creí­a un predestinado y actuaba como tal, su arribo al poder lo fue cultivando paso a paso. Practicó un autoexilio en 1981, según él decí­a por persecución polí­tica, otros aseguraban que salió debido a presión de sus acreedores en un proyecto llamado Novicentro allá por el rumbo del periférico de la zona 11. Como fuese regresó a Guatemala hasta después del 23 de marzo de 1982, ya instalado el Gobierno del general Rí­os Montt y por compatibilidad religiosa se colocó muy cercano a él, al poco tiempo era nombrado Presidente del llamado Consejo de Estado.

Mario Castejón

Nos invitó a la Unión Opositora (DC-PNR) sus antiguos correligionarios a integrarnos a dicho Consejo de Estado, Efraí­n ?decí­a él? refiriéndose a Rí­os Montt, tení­a para largo, estaba ahí­ por llamado del Señor con la misión de enderezar a Guatemala. La invitación de Serrano se extendí­a a los otros dos partidos de la oposición MLN y CAN, no así­ a los que apoyaron al general Aní­bal Guevara quien tras una elección considerada fraudulenta, habí­a sido declarado presidente electo dí­as antes del 23 de marzo.

La invitación de Serrano fue corroborada por el general Rí­os Montt en ocasiones en las que nos reuní­amos con él los representantes de los partidos de oposición afectados por el desenlace más que dudoso de las elecciones. Me parece interesante recordar aquellas reuniones que se realizaban en la Casa Presidencial. Eran en privado y solamente en una ocasión se sumó uno de los llamados «oficiales jóvenes», los artí­fices materiales del golpe de Estado del 23 de Marzo. Reunidos en el salón mayor o en un despacho vecino, siempre se dejaba la puerta sin cerrar o ésta era abierta a propósito desde el otro cuarto. Ahí­ escuchaban lo que se decí­a los integrantes de la junta de oficiales siguiendo el hilo de la conversación sin intervenir. En una de tantas veces fue notorio que la puerta se abrió del todo para permitir oí­r mejor lo conversado y al percatarse de esto el Jefe de Gobierno, se levantó molesto a volverla a su lugar. Sin duda pensábamos, lo que los oficiales querí­an con eso era demostrar que ellos también eran parte del poder.

Los asuntos tratados eran repetitivamente los mismos, sin faltar en el preámbulo algún comentario banal o chistoso sobre cualquier tema de actualidad, Rí­os Montt sacaba a lucir su encanto y no era fácil llevar a la práctica nuestro objetivo que era presionarlo cuestionando la situación existente, preguntando unas veces y exigiendo otras la fecha en la que se iba a convocar a elecciones para devolver a Guatemala el orden constitucional. Las respuestas cuando las habí­a después de largas divagaciones medio elusivas eran siempre las mismas, lo que me piden va a ser pronto decí­a, pero antes tenemos que arreglar algunas cosas urgentes? reordenar el saqueo del Estado y actuar contra los responsables, controlar a la insurgencia y reformar la Ley Electoral y de Organizaciones Polí­ticas, cada vez surgí­a una nueva razón.

En una de tantas se sacó de la manga el Consejo de Estado en donde según él estarí­an representados los gremios y todas las fuerzas vivas del paí­s incluyendo con una mayor presencia a los partidos de oposición. Lo que no decí­a, era que las decisiones del Consejo de Estado no tení­an un carácter vinculante con las del Ejecutivo ni las del Organismo Judicial controlados ambos por el Jefe de Gobierno.

Los partidos de la oposición elegimos en forma democrática a nuestros representantes al Consejo de Estado cada quien por separado, pero pasada una semana, en la Unión Opositora (DC y PNR) tomamos la decisión de renunciar a integrarlo aunque eso implicara el aparente ostracismo polí­tico, creí­amos que solamente iba a servir para dejar pasar el tiempo y postergar la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente alejando así­ nuestro objetivo. Por el PNR habí­amos sido electos Edmond Mulet, Jorge Canale y yo. Por la DC Alfonso Cabrera, Ricardo Gómez y Enrique Villar. Inmediatamente se dio la renuncia de los representantes del MLN Héctor Aragón, í“scar Grotewold y Carlos Lehnhoff. El CAN por el contrario decidió integrar el Consejo de Estado y así­ lo hizo hasta que en agosto de 1983 Rí­os Montt fue relevado de la Jefatura de Gobierno por el general Oscar Mejí­a Ví­ctores en un golpe de estado incruento.

Al terminar el perí­odo de Rí­os Montt, Jorge Serrano se mantuvo en el mentado Consejo de Estado esperando ser confirmado por el nuevo Gobierno pero a los pocos dí­as le llegó la orden de disolverlo, habí­a durado más de un año, Rí­os Montt lo utilizó para mantener quietas las aguas y dar una cierta impresión de institucionalidad, a Serrano le sirvió para establecer relaciones con personajes cercanos a los poderes fácticos y para darse a conocer más.