Los entendidos en literatura dicen que el escritor en el acto de producción artística, tienen en su mente un «lector interno». Una especie de sujeto ficticio para quien se escribe y que, dada su presencia-ausencia, influencia definitivamente la obra. Así, por ejemplo, si yo creo que esta nota la va a leer mi madre me adecúo a esa persona imaginaria (aunque real) y hago que el trabajo tenga ciertas características que no tendría si la pensara para mis estudiantes de la universidad.
Pues bien, así como hay un lector interno en el oficio de escribir, supongo que también hay un «oidor interno» para los que hablan en público. Debe haber, me imagino, un oidor para quien los políticos, por ejemplo, preparan sus declaraciones. Un oidor interno que dispone a quien prepara un discurso para hacer efectivo los mítines. Entonces, cabe preguntarse: ¿En quién pensarán los políticos (quién será su oidor interno) cuando dan declaraciones a la prensa?
Digo esto porque tengo la impresión que los políticos piensan que sus «oidores» son una manada de imbéciles dispuestos a creer lo que con tanta facilidad expresan al abrir la boca. Ejemplos hay por montón. Aquí le van algunas de las declaraciones que demuestran cómo los políticos subestiman a quienes los escuchan.
Primero. Rubén Darío Morales dice que, aunque la prensa y el mundo entero piensen lo contrario, nunca conoció a Raúl Girón hasta que se hizo público el escándalo de los 82 millones. Insiste en que le depositaron varios miles de quetzales a su cuenta, pero que no recuerda de dónde provinieron ni quién hizo la transacción. «Soy víctima de un ataque político», concluye.
El segundo ejemplo para colección es el que se refiere a las declaraciones dadas ayer por Raúl Falla Ovalle, interventor de Mercado de Futuros. El señor afirma que la prensa entendió mal su afirmación de que de los 82 millones no queda ni un centavo. En realidad, dice, la información era preliminar. Sostuvo que inicialmente se basó en un reporte «sujeto a una auditoría forense para que se determine si lo que dijimos en la conferencia es verídico». ¿En qué quedamos? ¿Hay o no hay dinero? ¿Cree Falla que los periodistas son tontos?
Por último, queda el caso del jefe de los Patriotas, Otto Pérez Molina, que afirma que el dinero que le apareció en su cuenta, milagrosamente, es producto de un préstamo personal a Raúl Girón. Y, en otra declaración de Ripley, afirmó, cuando Girón estaba fugado, que esperaba que algún representante o abogado de (Raúl Girón) se comunique con él para cancelar la deuda: Q688 mil 500.
Como se podrá dar cuenta, vivimos en un país en el que sus políticos creen que quienes los escuchan son tarados de campeonato. El oidor interno de los políticos debe ser, como es fácil deducir, un sujeto para quien creer y timar es pan comido.