Como no podía ser de otra manera, los pobres que habitan las áreas rurales de todo el planeta son los más perjudicados por el cambio climático y serán más afectados si los jefes de Estado de las grandes potencias e incluso, de los países del Tercer Mundo no adoptan decisiones conjuntas para enfrentar ese grave fenómeno que agobia a la humanidad.
Arribo a esa conclusión después de haber leído in extenso la entrevista de Ramesh Jaura, de la agencia IPS, con el científico o sociólogo sueco Lennart Bage, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), al referirse, con un craso desconocimiento de la realidad de los países subdesarrollados, a la Convención de las Naciones sobre el Cambio Climático, a celebrarse en la isla indonesia de Bali, en diciembre próximo.
Los pobres que viven en las zonas rurales son los más vulnerables a los efectos del cambio climático, porque son los menos capaces de adaptarse y hacerle frente a las consecuencias, además de que viven en tierras ecológicamente frágiles, que caracteriza a las montañas, la áreas costeras y los desiertos, y que, por lo tanto, dependen de la agricultura, la pesca y la silvicultura, que son muy sensibles a los sucesos naturales, fuera de que carecen de capacidad institucional y financiera para protegerse.
Alrededor de 3 mil millones de personas viven en áreas rurales de los países en desarrollo. Es casi la mitad de la población mundial. Aproximadamente 2,500 millones subsisten de la agricultura, de los cuales 1,500 millones cultivan minifundios; más de mil millones viven con menos de un dólar diario y de éstos, 800 millones que viven en la pobreza absoluta residen en zonas rurales.
El presidente del FIDA admitió que, hasta ahora, los esfuerzos para asistir a los pobres del mundo se centraron en ayudarlos a adaptarse al inevitable cambio climático (lo que no se ha observado en absoluto en Guatemala); pero que es tiempo que «se conviertan en parte de la solución», según el exagerado optimismo o la ampulosa demagogia del científico o sociólogo sueco.
Probablemente el señor Bage desconoce las condiciones de los pueblos latinoamericanos y, en general, de los países del Tercer Mundo, porque al responder a una pregunta de Jaura acerca de lo que ha aprendido después de ejercer durante más de seis años la presidencia del FIDA, respondió que «he confirmado mi creencia de que el punto de inicio de todo acontecimiento para la erradicación de la pobreza son los propios pobres ?hombres y mujeres pobres, comunidades pobres-, que es donde (sic) uno tienen las energías, la dedicación y la determinación de trabajar por una vida mejor». (aplausos, fanfarrias y cuetes)..
Y yo que pensaba que los candidatos presidenciales de Guatemala tenían el monopolio de la demagogia a las alturas del Tacaná. Pero viene el señor Bage a sacarme del error, porque después de la anterior parrafada digna de ser pronunciada en la plaza central de San Miguel Ixtahuacán, afirmó que en el FIDA «trabajamos con una amplia gama de socios en la comunidad internacional para el desarrollo. Estos incluyen a otras agencias de la ONU, para aumentar la efectividad de los esfuerzos globales para el desarrollo?Incluyen a gobiernos, organizaciones no gubernamentales, organizaciones basadas en la comunidad y los propios habitantes pobres de las zonas rurales» (otra andanada de aplausos, bombas voladoras y repiques de campana).
A mí me da la impresión que el señor Bage suele soñar sus fantasías en las bellas islas mediterráneas de Italia y Grecia, toda vez que el FIDA tiene su cede en Roma, porque de otra manera no podría decir que «el punto de inicio (para erradicar la pobreza de cara al cambio climático) no es la coordinación de donantes, sino la coordinación con los pobres que se beneficiarán». «La nuestra es una ayuda donde (sic) se necesitan inversiones, préstamos, educación, financiamiento». ¿No les parecen a ustedes muy conocidas esas expresiones propias de campañas de proselitismo electoral.
Para finalizar, este tecnócrata de altos vuelos que se hace el sueco, sentenció: «Nos preocupamos (en el FIDA) por la difícil situación de los pobres de las áreas rurales, que vemos sus necesidades no solamente para la adaptación, sino que también los vemos como fuertes socios para la mitigación, y que su trabajo y potencial son reconocidos». ¡Qué bárbaro! ¡Qué sutileza! Por no decir qué demagogia impropia de un funcionario de origen escandinavo.
(Romualdo Nobel cita a Alejandro Dumas, hijo: No llego a comprender por qué, siendo los niños tan inteligentes, los adultos son tan tontos. Debe ser fruto de la educación).