Actualmente llama la atención que el partido político Visión con Valores (ViVa) inició con una fuerte campaña publicitaria, probablemente con vistas a incrementar el número de sus afiliados y continuar, posteriormente, con el proselitismo para las Elecciones Generales de 2011.
mcordero@lahora.com.gt
Ya mucho se ha hablado sobre la incapacidad del Tribunal Supremo Electoral para evitar que se infrinja la ley, ya que ésta establece que está prohibido el proselitismo fuera del período en que se convoca para elecciones.
De acuerdo con el espíritu de la ley, lo pernicioso no es el proselitismo, sino que para costearlo es necesario contar con onerosas contribuciones económicas o de espacios en medios de comunicación.
Recién salimos de un proceso de elección para la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y la Corte de Apelaciones, en donde hubo señalamientos de financiamiento para apoyar algunas planillas. Este financiamiento se convierte, posteriormente, en clientelismo y en compromisos de nuestras autoridades estatales para con sus mecenas.
Por más de dos décadas, hemos mejorado las prácticas democráticas. Sin embargo, el tema del financiamiento es aún muy escabroso. Tan así, que modificar esto dentro de la Ley de Partidos Políticos dentro del Congreso, es tan escabroso como hablar de una Reforma Agraria dentro de la iniciativa privada.
Sin embargo, el tema del financiamiento es, quizá, el factor fundamental que le daría a nuestra democracia un fuerte impulso y un respiro para eliminar malas prácticas y mañas políticas.
A como está ahora nuestro sistema partidario, la publicidad -a través de medios de comunicaciones y mítines regionales- es fundamental, pero ésta no es gratuita. Al contrario, es de los recursos más caros y que impide la democratización de los partidos políticos.
Es decir, una persona con interés y buenas ideas, necesariamente necesita el componente económico para intentar acceder a puestos públicos. Buscar este financiamiento implica buscar grupos que usualmente tienen intereses particulares, que a veces riñen con el interés nacional.
Básicamente, el cambio fundamental es democratizar también los espacios de propuesta política. En otros países, los debates y otro tipo de actividades son transmitidos en todos los medios de comunicación posibles. En algunos casos, el ente electoral tiene el presupuesto suficiente para financiar esta democratización.
Con ello, habría un cambio de visión en nuestra democracia, porque actualmente gana quien tenga la cancioncita más pegajosa o quien dé más láminas para las casas. Si se democratiza el espacio de propuesta política, también se obliga a los candidatos a esforzarse e intentar convencer a los electores con argumentos.
Lamentablemente, nuestros líderes políticos no están bien entrenados en ello, y cuando llegan a puestos de poder no saben qué hacer, porque jamás pensaron en serio en las líneas de acción, sino en publicidad y cómo ganar votos, y por eso es que tenemos una seria crisis de liderazgo político.
Por ejemplo, en la reciente elección de la CSJ, ningún precandidato presidencial se pronunció en contra de la poca transparencia, y, al contrario, fue la sociedad civil y la comunidad internacional la que más vociferó en contra de esto.
Claro, hay otros peligros en la democracia -además de esta falta de transparencia en el financiamiento-, como los obstáculos del Renap para emitir el Documento íšnico de Identificación (DUI), lo cual podría generar que se deba utilizar un doble documento (DUI-cédula de vecindad) para las próximas elecciones, y también provocar la baja de la participación en el interior del país, debido a los conflictos con el nuevo empadronamiento. Pero eso ya es harina de otro costal. (http://diarioparanoico.blogspot.com)