LOS PASTORCITOS DEL NACIMIENTO GUATEMALTECO


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Los pastores de la antiquísima ciudad de Belén, aquellos que según lo recuerda San Lucas vinieron ante el pesebre donde dormía el recién nacido Niño Dios a adorarle, poseen una imagen, sencilla y popular, evocada por los guatemaltecos en la adoración moderna que le profesan en los nacimientos.

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Luis Villar Anleu
Universidad de San Carlos de Guatemala

POR QUÉ PASTORES
Entre las fuentes doctrinales del catolicismo, estos sencillos hombres del campo simbolizan entrega paternal. Representan al padre que cuida y protege una descendencia que, de manera figurada, es su rebaño. Hubo tiempo, también, en que fue muy vigoro sala medular afinidad de pastores y reyes. En una concepción social de gran antigüedad, un rey era considerado representante terrenal de Dios. Por eso, en lo místico, Dios, los pastores y los ineludibles corderos que los acompañan son figuras de elevado contenido simbólico.
    Poco a poco los pastores llegaron a rodearse de solemne dignidad, evidente en la considerable cantidad de alusión es que se hace de ellos en la tradición cristiana, escrita, oral e iconográfica.
    En el antiguo testamento se les prefigura elevada jerarquía. Según el profeta Ezequiel, dijo «Yahveh: ¡Aquí estoy, soy yo! Vengo en busca de las ovejas, yo me ocuparé de ellas como el pastor que se ocupa de su rebaño el día en que se encuentre en medio de sus ovejas en libertad. Yo también me ocuparé de mis ovejas y las sacaré de todos los lugares por donde se dispersaron ese día de negras nubes y tinieblas»(Ez 34,11-12).
    Y la voz de Yahvéh revelada por el profeta Jeremías es: «les pondré pastores según mi corazón, que los alimenten con inteligencia y prudencia»(Jer 3,15). Así se anuncia que el Señor encomendará su pueblo a pastores que lo apacienten con saber y acierto. En Salmos se proclama al Señor como pastor, y a los que creen en él como ovejas de su redil: «Sepan que el Señor es Dios, él nos hizo y nosotros somos suyos, su pueblo y el rebaño de su pradera» (Sal 100,3).
    El nuevo testamento retoma la figura pastoril nada menos que en Jesús. En San Juan consta su declaración:»Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10,11).Revelación de penetrante dramatismo: Cristo, el pastor, se equipara además con una oveja del rebaño, y de ese modo llegará a ser  oferente y víctima (es tiempo en que la costumbre judaica hacía sacrificar corderos en el Templo).Cristo insiste: «Yo soy el Buen Pastor y conozco a los míos como los míos me conocen a mí, lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y doy mi vida por las ovejas» (Jn 10,14-15).
    En otro pasaje del evangelio según San Juan, San Juan Bautista hace prefigurar la función de Jesús como cordero que será sacrificado por la salvación del rebaño: «Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro y exclamó: Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo» (Jn 1,29). San Juan [Evangelista] recalca esa condición: «Al día siguiente, Juan [el Bautista] se encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. Mientras Jesús pasaba, se fijó en él y dijo: Ese es el Cordero de Dios» (Jn 1,35-36).
    Jesús presentó su misión en la parábola del Buen Pastor: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mt 15,24). Mas San Juan hace ver que es el Buen Pastor que conduce a todas las ovejas, aúna las que no son de su rebaño, a los no judíos: «Tengo otras ovejas que no son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor» (Jn 10,16). El celo del pastor cuidando de su aprisco se refleja en la misión del Padre del Cielo que no quiere que se pierda ninguno de sus discípulos (Mt 18,14), como se manifiesta en la delicada parábola de la Oveja Perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,4).
    Jesús resucitado, cuando se manifestó por tercera vez a sus discípulos, encomendó la función de pastor a San Pedro. Tres veces le dijo: «Apacienta mis corderos», «Cuida de mis ovejas», «Apacienta mis ovejas » (Jn 21,15-17).
    La sublime imagen de los pastores se evidencia en el hecho que son uno de los muy escogidos personajes a quienes se manifiestan los ángeles de Dios. Lo hicieron a María, la madre de Jesús, a José su esposo, a Zacarías el padre de Juan el Bautista, a las mujeres que estuvieron con Jesús en su crucifixión y resucitación: María de Santiago, María Magdalena y María Salomé; ¡y a los pastores!

ENCARNACIÓN EN LA MADRE DE JESÚS
Es tan elevado el simbolismo cristiano de los pastores que se les encarna en la madre de Jesús, la siempre Virgen María. La advocación como pastora celestial lleva a denominarla Divina Pastora, Divina Pastora de las Almas, Madre Divina Pastora o Madre del Buen Pastor. Según la tradición, la dedicación se originó la noche del 24 de junio de 1703, cuando la Virgen se manifestó al Padre Capuchino fray Isidoro de Sevilla vestida con atributos pastoriles y cuidando de un rebaño, que representaba a la comunidad cristiana.
    El fraile escribió en 1705, en Sevilla, el opúsculo La Pastora Coronada, donde expuso su idea predicable de la Divina Pastora. En el afán de ilustrarla encargó al artista sevillano Alonso Miguel de Tovar un lienzo, señalándole los elementos iconográficos para una Virgen con título y atuendo de pastora. Sus instrucciones describen la visión que tuvo: «En el centro y bajo la sombra de un árbol, la Virgen santísima sedente en una peña, irradiando de su rostro divino amor y ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta las rodillas, de blanco pellico ceñido a la cintura. Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá el entorno de su cuerpo, y hacia el derecho en las espaldas, llevará el sombrero pastoril y junto a la diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano izquierda sostendrá al Niño y posará la mano derecha sobre un cordero que se acoge a su regazo. Algunas ovejas rodearán a la Virgen, formando su rebaño y todas en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del Ave María con que la veneran…»
    La nueva advocación mariana se vinculó a la Orden Capuchina de frailes menores, quienes realizaron la primera procesión, con el lienzo de Miguel de Tovar, durante la fiesta de La Natividad de la Virgen, 8 de septiembre, del mismo año. La primera imagen de tamaño natural fue esculpida por Francisco Ruiz Girón, también en 1705, y sacada en procesión en ese octubre. Una de las iníciales organizaciones laicas surgió en Andalucía, con título de Hermandad del Rebaño de María. En Guatemala, Santa María Olopa, Chiquimula, la tomó como su patrona y protectora; aquí, su fiesta titular se celebra del 13 al 15 de marzo.

LOS PASTORES DE BELÉN
De los cuatro evangelistas canónicos, sólo San Lucas cuenta la visita de los pastores de Belén al pesebre del Niño Dios para adorarle. Él tenía el conocimiento más completo de la infancia de Jesús porque investigó en escritos que contenían hechos y milagros de Cristo, en relatos de los primeros discípulos del Maestro conservados en las iglesias más antiguas de Jerusalén y Cesárea, y dispuso de una fuente invaluable: datos que debió proporcionarle María, madre de Jesús (Nuevo Testamento. Cf. La Biblia; edición pastoral. 1995. Eds. San Pablo y Verbo Divino, Navarra, Esp. p125).
    Escribió San Lucas (Lc 2,8-20): «Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor brilló alrededor de ellos; y tuvieron mucho miedo. Pero el ángel les dijo: No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos. Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor. Como señal, encontrarán ustedes al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
    «En aquel momento aparecieron, junto al ángel, muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
    «¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres de buena voluntad!
    «- Vamos, pues, a Belén, a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.
    «Fueron de prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Cuando lo vieron se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los pastores. María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente. Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho (Evangelio según San Lucas. Cf. San Lucas, Obra Completa; Y me seréis testigos. 1985. Sociedades Bíblicas Unidas, México, DF. p8-10).

MINIATURÍSMO A 21 SIGLOS DE BELÉN
La celebración del alumbramiento de la siempre Virgen María, madre de Jesús, recaptura cada fin de año el misterio del pesebre en la gruta de Belén. Ya que la fe y la religiosidad popular lo permiten, cada pesebre de hogar guatemalteco lo transfigura en temporal Belén. Como en su tiempo lo fue, a la Sagrada Familia la acompañan en estos nacimientos los tres Magos de Oriente, ovejas, ángeles, el buey, la mula y pastores, las figuras iconográficas fundamentales. La ambientación agrega piezas que considera de ocasión: la mítica estrella, estanques con patos, aves de corral, animales domésticos, gente.
    Encarnar el espíritu del pesebre requirió reducir los tamaños de sus elementos. Ha sido la manera de evocar a Belén, cada Nochebuena, en un lugar especial dela casa. Las habilidades y el ingenio de los artesanos crearon réplicas a escalas convenientes. Ellos se hicieron miniaturistas, y sus obras, de arte tiernamente popular, miniaturas de nacimiento. Empequeñecer engrandeció la personalidad de cada figurilla. Así, al hablar de pastorcitos, el término coloquial con el que se les identifica, captamos la grandeza que los rodea.
    Los pastorcitos de nacimiento más tradicionales se elaboran de cibaque, alambre, tela, arcilla o madera. Recientemente, a la par de diversificarse la materia prima, también de duro por, resinas acrílicas y porcelana. Y no necesariamente con las vestiduras, ornamentos y enseres propios de un pastor, sino que por lo general como representaciones de gente del campo, con la gentilidad y sencillez que les son dados tener.
    Es un hecho que la humildad genuina opaca la grandeza de quien la posee. Tal vez por ello no advertimos la inconmensurable valía de los pastores en la esencia mística y en la iconografía cristiana. Tal vez por eso a los pastorcitos de nacimiento no los colocamos más cerca de la Sagrada Familia en los pesebres revividos. Si con manos sucias y olor a monte fueron escogidos por los ángeles para que fueran ante el Divino Niño a adorarlo, así, representando la presencia del pueblo en esa ancestral adoración, continúan haciéndolo en cada hogar que con primorosa devoción los coloca en los nacimientos de Nochebuena.
    La inconmensurable grandeza de los pastorcitos, pocas veces reconocida en su cabal dimensión, impera con genuina modestia en algún rincón de un nacimiento elaborado entre expresiones de júbilo, fe y paz. Humildes y sencillos en sus efímeros iconos, rememoran lo que hicieron frente a la realidad de la Sacra Familia. Son, a no dudarlo, uno de los símbolos por excelencia de Nochebuena.

*Escena pastoril: En una representación popular de Nacimiento, la riqueza expresiva de los elementos se olvida de las proporciones; lo importante es que haya Pastorcitos, ovejas, sacralizados. (Fotografía: Luis Villar Anleu).

*Los Pastorcitos de Nacimiento guatemaltecos han creado una verdadera escuela artesanal, profundamente tradicional, intensamente mística, ricamente identitaria. (Fotografía: Luis Villar Anleu).