Parece que ahora mismo el mundo no está para celebraciones. La depresión económica que este año hundirá aún más a los pobres y que es ejemplificado a todo color por los niños desnutridos de ífrica y Camotán aparecerán diariamente en las pantallas para causar asombro y tristeza. Lo dijo García Márquez: «El mundo no fue nunca menos propicio que hoy para celebraciones de júbilo y efemérides de gloria».
Por otra parte, el conflicto palestino-israelí con los cientos de niños inocentes masacrados nos ha mostrado las crueldades de que son capaces algunos especimenes de esta raza. Es entonces difícil no dejarse arrastrar por el cada vez más triste pesimismo.
Sin embargo, y gracias a Dios, hay a la mano asideros sobrenaturales a los que a diario acudimos y, además, aparece por ahí algún humano que, como Barack Obama impone con aplomo y seguridad adornados con una muy auténtica sonrisa, un tono de optimismo que nos ilusiona.
Aún cuando hay aspectos de su filosofía con los que no estoy totalmente de acuerdo, estoy, por otra parte, de acuerdo con su enfoque para una economía al servicio de los pobres y su rechazo a la fuerza bruta de las guerras. «Con las armas de la razón y la palabra» como nos lo dice García Márquez y sin temor alguno como nos lo recalcaba Juan Pablo II con su «No tengais miedo», Barack Obama parece encarnar esas dos trascendentes recomendaciones y por ello nos trasmite un muy alegre optimismo que con su inteligencia le permitirá, con la ayuda de Dios, rescatar al mundo.
He de admitir que los sueños de Abraham Lincoln y Martin Luther King me parecían una utopía y creí que yo no contemplaría, durante mi vida, a un negro como Presidente de los Estados Unidos de América. Pero….pero?. esa «república imaginaria» que Tomás Moro describió en su libro Utopia, se hizo realidad y aquí está Barack Obama como prueba fehaciente de ello.
Por otra parte, creo que es justo reconocerle al pueblo estadounidense su hidalguía, hidalguía que esta vez sí fue auténtica y que así lo confirmó al elegir a un negro como Presidente de esa predominantemente blanca nación y la más poderosa de la Tierra.
Entre los gravísimos problemas que habrá de enfrentar Obama, indudablemente hay uno, inmediatísimo y urgente cual es el prevenir el resurgimiento del genocidio de niños inocentes por la matanza palestino-israelí, esa irracional guerra en la que el triunfador será el que mate más de esos inocentes.
Me dijo la Lila, mi mujer, que Obama asistió a los oficios de su iglesia este domingo por la mañana y que para ella eso fue motivo de alegre tranquilidad, «es que tú sabes Carlos que si alguien precisa hoy de la ayuda del Señor, es Obama», me dijo la Lila, «ojalá no se olvide de pedirle día a día que le ilumine el entendimiento». Ojalá.