Los migrantes


Guillermo Wilhelm

Mi adicción por la lectura en el tema de las migraciones, se origina por la curiosidad en conocer las razones por las que inmigra a este paí­s, mi abuelo y su familia. Posteriormente mi interés se agudiza cuando desde mi posición en el Consulado guatemalteco de New Orleans (q.e.p.d.), me corresponde relacionarme con mis paisanos dentro y fuera de las oficinas. í‰ste es un tema apasionante y el mismo nos ilustra que el hombre no es un árbol, que no tiene raí­ces, que al contrario tiene pies y camina y que desde el tiempo del «homo erectus» ha circulado en busca de mejores condiciones de vida. Quizá de ahí­ mi rechazo a las pretensiones de algunos en crear identidades fijas, a los etnocentrismos inalterables y a las diferencias entre unos y otros.

Jamás he podido estar de acuerdo con esos mitos nacionales étnicos, como las famosas «leyes de pueblos indí­genas» y otras tantas ligerezas, ¡¡cómo que hubiera ciudadanos de primera y segunda!! No me cabe la menor duda de que al cabo de los años, descendientes de los Kanjaboles huehuetecos, hoy asentados como «mojados» en California y Florida, formarán parte de los que pondrán restricciones migratorias a nuevos inmigrantes en ese paí­s del norte. Lo hacen hoy los sucesores de esos colonizadores ingleses que fundaron en 1607 esa pequeña aldea en Jamestown, Virginia, y los que poco después arribaron a esas mismas tierras en la carabela «Mayflower» y fundaron la primer ciudad norteamericana a la cual llamaron Plimouth», en lo que hoy es Massachusset.

El mundo es la casa del que no tiene y el granero del que busca el alimento, pues el espacio siempre incita al movimiento y éste no se circunscribe a ámbitos estrechos sobretodo cuando el hambre presiona a llenar ese vací­o. Hoy, algunos que se arraigan a este suelo que ilusamente consideran propio, no saben si después tendrán que abandonarlo en busca de mejores condiciones, no hay que olvidar que todo proceso social o individual siempre cae en lo variable y la dinámica. Estos ya no son movimientos por las conquistas, se trata de personas que van en pos de refugio, abrigo y comida, consecuencia de la vorágine de un mundo globalizado que invita al libre movimiento de capitales y mercancí­as, pero que paradójicamente excluye a los grupos humanos tratándolos como nubes de langostas o termitas.

Los gobiernos abordan este tema como uno de sus grandes retos, ignorando que este es parte de la misma historia humana. Se colocan muros en fronteras inventadas y se afronta este fenómeno en términos estrictamente policiales, lo único que lograrán es generar tensiones y rechazo, pues éste es un asunto que tampoco se resuelve con decretos y leyes. Los flujos humanos sólo podrán ser controlados cuando se consensúen compromisos armoniosos y se comparta el desarrollo.