Al menos en apariencia, las entidades de prensa (periodismo escrito, radial y televisado) están divididas, pero no es real y esto se comprueba cuando se suscitan manotazos y mordazas contra los medios de comunicación y contra los periodistas en lo individual o colectivamente.
Lamentablemente, no todos los órganos del llamado Cuarto Poder caminan del brazo y en la espesa llanura con las organizaciones gremiales. Algunos hacen mutis a su mejor conveniencia.
Aun con la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), que es la entidad más influyente y representativa de la prensa nacional, son inconsecuentes unos medios del periodismo escrito, radial y televisado.
En cambio, la APG se mantiene alerta, presta a emplazar sus baterías para hacer disparos intramuros y extramuros en defensa de los medios que son vulnerados en sus legítimos derechos por los enemigos de la libertad de emisión del pensamiento.
Se necesita que los hombres de prensa en general sean consecuentes con las asociaciones que representan la comunidad gremial a nivel nacional. Así y sólo así es como puede tener alta jerarquía, tener fortaleza y ser respetado el incomprendido Cuarto Poder para dar vigencia y efectividad a la libertad de expresión y, a la vez, para frenar los aviesos propósitos de quienes sienten escozor y repudian la verdad que se echa al vuelo, hacia los cuatro puntos cardinales, o sea la verdad que interesa a los diversos sectores que conforman la sociedad.
Esa gente es enemiga de la «verdad verdadera». Pretenderá que únicamente se informe, interprete y comente lo que está en el marco de estrechos intereses personales, sectarios y de todo género, pero el periodismo profesional incorruptible tiene que enarbolar con legítimo orgullo e íntima satisfacción las banderas de las libertades democráticas para cumplir su noble misión de informar con exactitud, honradez, cristalinidad, sin escollos, pese a quien o a quienes les pesare.
Un matutino y el vespertino LA HORA, cuyo significativo lema es «Tribuna, no mostrador», marcan la diferencia respecto de otros medios, y valga decir que el citado diario de la tarde es el decano de la prensa independiente de nuestro país. A contrapelo de otros medios, ambos hacen honor a la libertad de expresión que, según lo preceptuado por la Constitución Política de la República y por la Ley de Emisión del Pensamiento, revestida de constitucionalidad, preconizan y «garantizan», al menos en letras muertas que son objeto de pisoteos, la libertad de informar y de externar opiniones sobre los sucesos de la diosa Actualidad.
Los periodistas militantes en la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), en la Cámara Guatemalteca de Periodismo, en el Círculo Nacional de Prensa, en la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala (AMPEG) y demás entidades gremiales de los «hombres y mujeres de pluma en ristre» tienen pleno apoyo de la SIP y de otras instituciones de rango mundial cuando hacen críticas que irritan a los ensoberbecidos prepotentes que se creen intangibles, no obstante que cometen atropellos, incluso asesinatos, contra los periodistas y demás ciudadanos que «osan» perturbar con la verdad sus reinados, los cuales, por cierto, se vienen abajo, como castillos de arena, cuando los pueblos se ponen de pie.