No usan bata blanca, tampoco gafas y mucho menos un estetoscopio… la mayoría no los conoce. Son los médicos descalzos, quienes jamás han hecho el juramento hipocrático, pero llevan consigo la tradición milenaria de los pueblos mayas, de curar con medicina natural los males que afectan a las comunidades de áreas rurales.
lahora@lahora.com.gt
Descalzos debido a que en la mayoría de los pueblos indígenas persiste la costumbre de caminar sin zapatos o sandalias, sin embargo, esta condición no impide a los médicos mayas recorrer largas distancias por senderos empedrados y atravesar ríos por en medio de los bosques, para cumplir con la noble labor de ayudar a sus semejantes.
La mayoría de médicos descalzos, a quienes también se llaman parteros, curanderos, sacerdotes y en algunos casos -de forma despectiva- brujos, reciben los conocimientos de sus padres, madres y abuelos, quienes conservan la sabiduría ancestral de los pueblos mayas, de la medicina natural.
Contrario a la condición de los médicos y cirujanos de línea occidental, a quienes se les considera los profesionales con la mayor capacidad de obtener ingresos económicos por su trabajo, los descalzos tienen una visión noble de la curación, por lo que en la mayoría de ocasiones no reciben una retribución por su trabajo y la gratificación económica es ajena a sus costumbres.
Una gallina o una invitación a una sencilla comida, son algunos de los pagos que reciben por su trabajo, sin embargo la mayoría no acepta los pagos, ya que su atención médica «forma parte de su responsabilidad social».
Asimismo, su trabajo dista del concepto tradicional de los médicos, ya que en vez de valerse de los nuevos descubrimientos en ciencia y tecnología, prefieren utilizar los medios de curación más antiguos, descubiertos por sus antepasados.
Hierbas frescas, velas, incienso y sus conocimientos, son las herramientas básicas que los curanderos tienen a su disposición para curar desde afecciones leves como dolores estomacales, hasta problemas pulmonares y cardiovasculares.
Centro de trabajo
Medicina alternativa, es como la antropóloga Cristina Chávez describe la labor de los curanderos indígenas, quienes aún en el siglo XXI aún conservan diversas de las costumbre de los mayas.
Los pueblos indígenas conservan las prácticas de la curación natural por la tradición, -más que por el carácter científico- si bien es cierto que los conocimientos se transmiten por la vía oral en cada generación.
Pese a ello, existen esfuerzos para fortalecer el sistema de la medicina maya, como la creación de la Asociación de Médicos Descalzos, ubicada en Chinique, Quiché, lugar a donde llegan más de 600 terapeutas, curanderos, y sacerdotes mayas.
Chávez asegura que es el principal centro de esta naturaleza en el país, ya que la mayoría de practicantes de medicina maya del occidente del país, en Quiché, Huehuetenango, San Marcos y las Verapaces acuden a él.
La asociación cuenta con una sede principal en Chinique, en un terreno de aproximadamente 6 cuerdas, en donde tienen instalados dos temascales, un laboratorio de plantas medicinales, diversas salas para atender pacientes y un centro ceremonial, en el cual se brinda tratamiento psicológico a los pacientes.
«El centro de atención medica es muy importante para quienes practican la medicina natural, porque así se pueden capacitar y obtener más conocimientos para tratar enfermedades», señala Chávez, miembro del centro médico.
Tradición y cosmovisión
Para los mayas, la salud y la curación de los males tiene una estrecha relación con la cosmovisión y la espiritualidad de sus antepasados, que a su vez se mezcla con la cristiandad, formando un sincretismo religioso.
En la situación de pobreza de la mayoría de habitantes del país, especialmente del altiplano occidental, el tratamiento médico alternativo es la salvación para miles de personas que no cuentan con la capacidad de pagar la atención médica tradicional, que en algunos casos tampoco es aceptada de acuerdo a las costumbres mayas.
Por su lado, Lolita Chávez, miembro de la asociación, sostiene que el acceso a la salud es limitada en la mayoría de pueblos, por lo que los médicos descalzos representan un importante aporte para la sociedad.
«Apoyar a los médicos descalzos es respaldar la salud de miles de personas mayas, que no tienen los recursos y las condiciones para acceder a la medicina tradicional». Puntualiza.
En los últimos años, la Asociación de Médicos Descalzos se ha visto en un conflicto con la Diócesis de Quiché, entidad con quien se disputa la propiedad de su sede.
Elvia Morales, relata que en el año 1989, en tiempos de la guerra interna, los médicos mayas dispusieron adquirir la propiedad en Chinique, pero titularla a nombre de la Iglesia de Quiché, ya que de esa forma se impediría que fuera saqueada y expropiada por las fuerzas represivas.
«Recibimos mucho apoyo de parte del padre Benito Charlemagne, que en ese entonces estaba trabajando en el país, cumpliendo con una misión internacional de la iglesia».
Después de la firma de los acuerdos de paz, en 1996, la propiedad continuaba registrada a nombre de la Iglesia, y en la actualidad, ésta desea convertir el centro de curación en un lugar para realizar actividades parroquiales.
«Se deben respetar los compromisos originales ante todo», señala Morales, quien informó que a partir de hoy se iniciará el diálogo con la Iglesia para dar fin al conflicto.
«Esperamos que se resuelva a favor de las personas que realmente necesitan este centro médico», concluyó.