Los mediatizados, ¿referentes de la lucha social y popular?


Desde hace algún tiempo, abundan los cientí­ficos sociales que al referirse a la estructura social, abusan de la retórica y utilizan caracterizaciones que niegan la existencia de las clases sociales y «aseguran» que se les puede «desaparecer», como por arte de magia. Niegan e ignoran, además, la lucha de clases. La realidad es otra. Las clases sociales están allí­ y la lucha de clases continúa, aunque sus manifestaciones hayan pretendido ser invisibilizadas.

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Para los que siguen y han leí­do, estudiado y asimilado esos trabajos, puede que resulte comprensible y acepten como «innovador» que se hable, por ejemplo, del «tejido social». A mí­, al menos, esto me parece una manera fácil y engañosa de eludir el estudio serio y a fondo de las clases sociales y la lucha de clases en el momento actual.

También asumo que viene a ser una forma de reinventar referentes sociales y populares que se superponen, suplantan y desnaturalizan lo que está en la base de la estructura social y el papel que podrí­a corresponderles en el marco de la lucha social y popular.

La «sociedad civil» es igualmente una invención más de lo que siempre ha sido la sociedad y sus bien definidas y diferenciadas clases sociales. La «sociedad civil» es una abstracción que desfigura la verdadera y real estructura social de la sociedad. Es una forma más de sustituir a los referentes sociales y populares de la lucha de clases como motor de la historia y que, en nuestro caso, han sido, son y seguirán siendo el movimiento obrero y sindical, el campesinado, las capas medias trabajadoras de la población y los pueblos indí­genas.

Lo mismo sucede con la «onogenización». La «onogenización» de la sociedad viene a ser la forma de organización que suplanta a los referentes de la lucha social y popular.

Esta «innovación» en el pensamiento social, no es algo propio del paí­s. Forma parte de la «corriente modernizante» que en el Parí­s de 1968 planteó como consigna «la inteligencia al poder» que suponí­a la sustitución de la clase obrera y los partidos comunistas y obreros por la intelectualidad y los estudiantes que en aquel momento se erigieron en los referentes «legí­timos y representativos» de la lucha social y popular. Aunque es esto, en cierta forma, lo que está en la base de lo que ya era el eurocomunismo, esta corriente revisionista al interior de los partidos comunistas y obreros de Europa occidental (Francia, España e Italia), significó un serio retroceso en la lucha revolucionaria en lo internacional y del que todaví­a no se ha repuesto la clase obrera en aquellos paí­ses. A su vez, puso en cuestión el papel de los partidos comunistas y obreros en los paí­ses socialista y es lo que en parte explica lo sucedido en Europa del Este y en la Unión Soviética en 1989 y a mediados de 1991, en el sistema socialista en escala mundial y en el movimiento comunista y obrero internacional.

Para el caso de nuestro paí­s, se incurrirí­a en una ligereza histórica si no se reconociera el papel jugado durante el enfrentamiento armado interno por la «sociedad civil» y sus distintas organizaciones, aunque no está demás decir que ya durante el proceso de negociaciones por la paz hubo señales que dejaban ver que lo que les dio sentido y razón de ser a su lucha, se desdibujaba. Posteriormente, muchas de las organizaciones de la «sociedad civil» y sus dirigencias terminaron integrándose al sistema.

Algo parecido se da al interior del movimiento obrero y sindical que golpeado, disperso y desarticulado por la represión y el terrorismo de Estado, deja de ser el bastión de la lucha obrera y sindical, clasista. La masacre de campesinos indí­genas en la Embajada de España constituyó uno de los más duros golpes contra el movimiento campesino y los pueblos indí­genas. En el momento actual, se prolonga aún más su dispersión, sectorialismo y disidencias internas.

Sin embargo, y con lo que se lleva hasta aquí­ escrito, no puede concluirse que los problemas que vienen dándose a partir de 1986 al interior de los distintos referentes de la lucha social y popular (y que se acentúan inmediatamente después de la firma de la paz), marquen el agotamiento de sus formas de lucha y organización.

Hay, por supuesto, otros referentes más que al igual que algunas de las organizaciones de la «sociedad civil» y ONGs, varias de las expresiones y agrupamientos del movimiento obrero y sindical, del movimiento campesino y de los pueblos indí­genas, reflejan el desclasamiento, desideologización y despolitización que les afecta en unos casos más que en otros. En todo caso, la redefinición e «invención» teórica de estos referentes ha servido para integrarlos al sistema. El sistema, por su parte, hábilmente, ha logrado cooptarlos y utilizarlos.

De los partidos legalmente inscritos (sin ninguna excepción), y en tanto parte del agotado, caduco, desgastado y corrupto sistema polí­tico y de votaciones actual, nada hay que los legitime como referentes polí­ticos de la lucha social y popular.