Los Kirchner, que ejercen el poder casi absoluto, acaban de ordenar media docena de modificaciones ministeriales, pero sin dar explicaciones, 10 días después de los comicios en que perdieron la mayoría en el Senado y Diputados.
«Los únicos que interpretan y hacen lo que decía Juan Perón (tres veces presidente y fundador del Justicialismo) son Cristina y Néstor», los defendió Aníbal Fernández, designado jefe de Gabinete y ex ministro de Justicia.
Fernández integra un estrecho círculo de fieles escuderos de los Kirchner, mientras se ahonda el aislamiento de la pareja con fuga de aliados, en un país donde el tema dominante es la gripe porcina, que ya lleva 70 muertos y unos 100.000 contagiados.
«Esto me parece «gatopardismo» puro. Cambian funcionarios como piezas de casilleros de ajedrez», dijo Margarita Stolbizer, diputado electa por el Acuerdo Cívico (AC) de radicales socialdemócratas y liberales, consolidado como segunda fuerza legislativa.
«El gatopardo» es la famosa novela de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, quien narra la astucia de los conservadores en Italia para amoldarse al proceso revolucionario de unificación bajo la premisa de que «es necesario que todo cambie, para que todo siga como está».
El AC de Stolbizer acaba de cosechar 30% de votos, apenas por debajo del kirchnerismo, corriente progresista del peronismo que bajó del 45% al 31%, por el derrumbe de popularidad de los Kirchner desde que en 2008 entraron en conflicto con patronales agrarias y poblaciones de la rica Pampa Húmeda.
«Si lo que buscaba la Presidenta era reconciliarse con la sociedad (con los cambios en el gabinete), da una señal en camino contrario», dijo Fernando «Pino» Solanas, diputado electo por Proyecto Sur (PS, centroizquierda), nueva segunda fuerza en la capital.
Argentina atraviesa el desfiladero de la recesión por la crisis mundial tras seis años de crecer a tasas de 9% anual, aunque los economistas esperan una recuperación de precios de los productos agrícolas, casi dos tercios de sus exportaciones por 70.000 millones de dólares.
«Esto es un simple enroque de fichas», dijo Rodrigo Alvarez, analista de la consultora Ecolatina, fundada por el ex ministro de Economía y ex presidenciable Roberto Lavagna.
Carlos Fernández, hasta ahora ministro de Economía y casi desconocido por la población, será reemplazado por Amado Boudou, quien manejó la fabulosa transferencia al Estado de 25.000 millones de dólares de los eliminados fondos privados de jubilación.
Pero en Argentina se sabe que el ministerio de Economía lo controla con mano de hierro Néstor Kirchner, para promover un modelo proindustrialista, de negociaciones salariales libres y anti-FMI.
Incluso ex aliados del gobierno, como el gobernador peronista de Chubut (sur) y presidenciable Mario Das Neves, criticó la decisión de mantener em su puesto al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, odiado hasta el paroxismo por empresarios y la oposición.
«Moreno actúa en las sombras con actitud prepotente y confunde firmeza con atropello», dijo Das Neves sobre el funcionario, acusado de manipular las estadísticas del instituto oficial INDEC.
El analista Carlos Fara, de la consultora homónima, explicó el proceso argentino con el nombre de «Efecto Atocha», por el atentado terrorista en España tras el cual perdió las elecciones el partido del conservador José María Aznar.
«Los españoles no querían que ganara el candidato de Aznar y el atentado lo reforzó. En Argentina pasó lo mismo. (Néstor) Kirchner forzó el adelantamiento de las elecciones (de octubre a junio) e inventó su defensa del modelo, cuando la gente ya opinaba mayoritariamente que no le gustaría que ganara», comentó.