Hay una creencia generalizada que induce a pensar que los juegos electrónicos, los famosos videojuegos, incrementan la inteligencia de los jugadores. Por ello muchos padres de familia, yo incluido, andamos apurados tras las últimas novedades en juegos con el objeto de garantizar el triunfo de nuestros hijos gracias al milagro conseguido en sus cerebros. Pero, ¿será cierto?
Al parecer no. Esta mañana me encontré con la triste noticia al leer un estudio que desmiente semejante acto de fe. La investigación, publicada por la revista Nature, afirma escuetamente que «no hay transferencia de mejoras más allá de aquellas específicamente entrenadas con el juego». O, lo que es lo mismo, «no hay una mejora generalizada».Â
Â
En otras palabras, por más que jueguen nuestros cachorros complicados entretenimientos de Nintendo, su cerebro no mostrará ningún cambio relevante. Seguirá tal cual, intacto, petrificado, estancado. Con el agravante de la enorme pérdida de tiempo que habría posibilitado la lectura de buenos libros, conversación familiar, paseos en un ambiente natural y hasta poder tener relaciones afectivas con una chica -o chico.Â
Â
La falsa creencia, con todo, no tiene su origen en los últimos tiempos con la llegada de la tecnología. Los abuelos estaban convencidos, por ejemplo, que la idea de llenar crucigramas lo hacía a uno más listo. Y claro, la fe es así, todos los días muy puntualmente esperaban los periódicos para llenar los espacios horizontales y verticales: Ciudad de Inglaterra, famosa universidad; Iniciales, Diana Salazar; Nombre del caballo que montaba el Cid; Mamífero carnicero parecido a un perro grande…
Â
Desafortunadamente, las investigaciones dicen que tampoco los crucigramas ayudan mucho a la inteligencia. Y estas noticias pueden ser salvadoras para no seguir naufragando en la ignorancia o tristes -como en mi caso- por observar tanto dinero tirado y tiempo perdido. Parece que el camino del desarrollo intelectual va por otro lado y está desligado de esos videojuegos que tienen tan capturados a nuestros pequeños.
Â
Lo que sí es seguro es que los videogames están muy relacionados a la violencia y lo atestiguan las sangrientas muertes perpetradas en diferentes centros de estudios en los Estados Unidos y otras partes del mundo. Es decir, los niños aprenden, claro que sí, pero técnicas de cómo agarrar el arma, emboscar y exterminar a los enemigos (en el juego y a veces en la realidad).
Robert Abelman, en un trabajo titulado Fighting the War on Indecency: Mediating TV, Internet, and Videogame Usage among Achieving and Underachieving Gifted Children, indica que un número significativo de investigaciones ha encontrado que los videojuegos violentos desensibiliza a los jóvenes y los vuelve vulnerables a la violencia (Anderson & Bushman, 2001; Schneider, Lang, Shin, & Bradley, 2004), e incrementa, además, la excitación sexual y la agresión ligada a pensamientos y sentimientos (Anderson & Dill, 2000; Tamborini et al., 2004).
En conclusión, debemos darle seguimiento al tema y no caer en falsos prejuicios y fáciles concesiones. Total, se trata de la educación de nuestros tesoritos, ¿no?