Eduardo Díaz Reyna
Universidad de San Carlos de Guatemala
En la lectura de la Pasión de Jesús, según los cuatro evangelistas, Jesús fue arrestado para ser juzgado de inmediato, es decir, que no se le concedió el más mínimo tiempo para preparar una defensa, tal y como se pudo haber esperado por lo complicado de la acusación.

Los cuatro evangelistas Juan, Mateo, Lucas y Marcos anotan en sus respectivas narraciones que hubo cuatro interrogatorios, los que se sucedieron uno tras otro después de la captura de Jesús por la guardia romana en el huerto de Getsemaní; por supuesto que ninguna de las cuatro interpelaciones se ajustó al debido proceso.
Anás, Caifás el sumo sacerdote, el gran Sanedrín de Jerusalén y finalmente Poncio Pilato, gobernador romano, fueron quienes procedieron a interpelar a Jesús y hacerle algunas preguntas puntuales, tales como las que sí hizo Pilato.
Las horas o el tiempo que duraron estos interrogatorios no se conocen exactamente, pero sí se puede afirmar, según los evangelistas, que la presencia de Jesús ante el Sanedrín y Poncio Pilato, y por supuesto ante Anás y Caifás, transcurrieron del jueves por la noche al viernes por la mañana.
El otro aspecto a considerar por muchos especialistas es si el proceso en realidad fue legal o estuvo afectado por acciones no ajustadas a la ley. Si se consultan textos no evangélicos las dudas persisten y por eso es mejor atenerse a lo que los cuatro evangelistas nos han narrado pues ellos, aunque no trasladan en detalle lo sucedido, sí fueron testigos presenciales de los acontecimientos del ya lejano día de la crucifixión.
Tal y como nos lo relatan los evangelistas, especialmente Juan, el primer interrogatorio lo hace Anás, suegro de Caifás, Presidente del Sanedrín (Sanedrín es el nombre de la alta corte de los judíos). Entonces, según el apóstol Juan «Anás lo mandó atado a Caifás, sumo sacerdote»; luego es interrogado por el Sanedrín y finalmente Pilato emite la sentencia y se lava las manos.
Es importante señalar en la fase del interrogatorio de Anás que es el único que parece preocuparse de los discípulos de Jesús, ya que seguramente temía que éstos pudieran provocar una revuelta popular. No fue así.
En el correr del tiempo mucho se ha escrito sobre el proceso de Jesús y no hay acuerdo unánime entre escritores e historiadores sobre los pasos y el orden de aquel juicio, a lo que colaboran las diferencias de los relatos evangélicos.
Tres notables autores que cita Francisco de Mier en su obra «Sobre la Pasión de Cristo» relatan a su entender cómo se dio este proceso. Por considerarlo de interés trasladamos al lector lo que, en su momento, interpretaron Reinaldo Fabris, Pierre Benoí®t y Paul Winter.
El modelo de Reinaldo Fabris nos dice:
1) Jesús, ya arrestado, es llevado, en primer término, ante Anás, donde sufre un primer interrogatorio, aunque no oficial. Esto sucedía hacia medianoche, como se deduce de Juan.
2) Luego hay una reunión ante Caifás, el sumo sacerdote, rodeado de los otros sumos sacerdotes, ancianos y escribas; lo testifica Mateo. Aquí ya hay un verdadero interrogatorio por parte de los miembros del tribunal, que termina con una primera sesión de escarnio, como testimonian Marcos y Mateo.
3) De madrugada, se reúne la sesión oficial del Sanedrín (sumos sacerdotes, ancianos y escribas), hay una condena de Jesús y lo trasladan a Pilato.
4) Interrogatorio ante Pilato, con un intermedio entre Herodes, y continuación del interrogatorio con resultado de condena a cruz.
Pierre Benoí®t, otro estudioso, apunta:
«Veamos, en definitiva, mi reconstrucción de los acontecimientos de la noche: Jesús, arrestado en Getsemaní, es conducido a casa de Anás. Allí pasa la noche porque se aguarda a que el alba permita la sesión del Sanedrín. Durante esta vigilia, Anás y con él algunos jefes del Templo interrogan a Jesús sobre su doctrina y sus discípulos; este interrogatorio no es oficial, pero la autoridad de Anás da peso a estas pesquisas privadas. Jesús, con gran dignidad, se niega a contestar diciendo: Yo he hablado siempre abiertamente, ¿por qué me preguntas ahora? He dicho ante todo el mundo lo que pienso. Uno de los guardias le da entonces una bofetada, lo que desencadena una rechifla general. Al mismo tiempo, en el patio, Pedro se debate contra los que le asedian a preguntas […] Se puede admitir que el interrogatorio de Anás hubiese sido en una habitación y que no durara mucho tiempo. En cuanto el Sumo Sacerdote se persuade de que Jesús no quiere contestar, lo hace bajar al patio. Allí es donde Jesús pudo mirar a Pedro después de sus negaciones, y donde habría que aguardar la mañana. Al alba es llevado a casa de Caifás, es decir, ante el Sanedrín, donde se celebró un interrogatorio en regla».
Paul Winter, otro experto del proceso, propone estos cuatro pasos del juicio ante el Sanedrín:
«1) Jesús conducido a la residencia del sumo sacerdote (Mc 14,53a; Lc 22,54).
2) Jesús escarnecido y azotado (Mc 14,65; Lc 22,63-65);
3) Pedro niega al Maestro (Mc 14,66-72);
4) El Sanedrín se reúne (Mc 15,1a; Lc 22,66ª)».
Para el judío Paul Winter se puede precisar históricamente un poco más, solo un poco, el desarrollo de aquel proceso que abocó en la condena y ejecución de Jesús:
«Puede afirmarse con seguridad que Jesús fue detenido por personal romano (Jn 18,12), por motivos políticos (Mc 14,48), y conducido luego ante un funcionario administrativo del lugar (Mc 14,53a; Lc 22,54; Jn 18,13a) en la misma noche. A la mañana siguiente, tras breve deliberación con las autoridades judías (Mc 15,1a), fue entregado de nuevo a los romanos para que le juzgasen (Mc 15,1b; Lc 23,1; Jn 18,28a). El gobernador le condenó a morir en cruz (Tácito; Mc 15,15b.26), ejecutándose la sentencia según el procedimiento penal romano (Mc 15,15b.24a.27). Resulta bastante razonable la conclusión de que Jesús fue interrogado la noche de su prendimiento (durante el envío de un funcionario judío y la deliberación matutina en la sala del Consejo), por un miembro del cortejo del sumo sacerdote, que también interrogó a algunos testigos y redactó un acta de acusación que los magistrados judíos aprobaron a la mañana siguiente (Josefo; Mc 15,1a; Lc 22,66). Tras haber sido condenado por Pilatos, el reo fue escarnecido por los soldados del pelotón de ejecución (Mc 15,16-20)».
De todas maneras sea cual sea la interpretación que cada quien haga del interrogatorio de Jesús, lo cierto es que la inocencia de Jesús es clara y que la crucifixión se consumó.
Bibliografía:
– Benoí®t, P., Pasión y resurrección del Señor (Fax, Madrid 1971)
– Fabris, R., Jesús de Nazaret (Sígueme, Salamanca 1986)
– Winter, P., El proceso a Jesús (Munchnik Eds., Barcelona 1983)