Los indignados de Guatemala; un movimiento que no despega


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Guatemala cuenta con su propia versión del movimiento global de “indignados”, que al igual que en el resto del mundo, están enfurecidos por las injusticias, exigen a gritos un cambio del sistema desigual y piden respeto a los derechos humanos de formas diversas y muy creativas. El elemento que los hace diferentes es solo uno y es que no son multitudes, sino solo unos pocos los manifestantes. Expertos ofrecen su punto de vista para explicar por qué la mayorí­a de guatemaltecos no sale a protestar a las calles, cuando todo apunta a que les sobran los motivos para hacerlo.

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ENMA REYES
ereyes@lahora.com.gt

Sin temor a la represión policial, cientos y a veces miles de personas salen con pancartas y altavoces a decir “sus verdades” a los empresarios, polí­ticos y banqueros, a quienes responsabilizan de mantener un sistema económico y social que hace más profundas las divisiones entre ricos y pobres, y que ha llevado a la sociedad hasta lo que consideran un “abismo” de injusticias.
 
El escenario anterior ejemplifica lo que sucede en España, Italia o Grecia, pero no es el caso de Guatemala. El paí­s sí­ cuenta con un grupo de indignados, pero no son cientos, ni miles; son solo unas decenas los que salen a las calles para protestar, a los que se suman algunos curiosos y transeúntes momentáneamente identificados con su causa.  
 
El 15 de octubre pasado, así­ como el 11 de noviembre, el movimiento se reunió en el Centro Histórico –en la zona 1 capitalina- para realizar una manifestación a la que acudieron los integrantes del Movimiento de Indignados en Guatemala, pero la convocatoria fue pobre.  Las concentraciones demuestran que el grupo, aunque está organizado, es aún pequeño. 
 
Sin embargo, el tamaño de la agrupación parece dispar con su sentimiento de indignación y el profundo entendimiento de los problemas sociales por los que decidieron salir a las calles. 
 
“Cada paí­s tiene su chispa y Guatemala tiene sus problemas que resolver; uno de ellos es la defensa a los derechos de la ciudadaní­a. Entre todos los paí­ses hay un nexo común que nos une y seguiremos trabajando para que el movimiento siga más fuerte, pero si el paí­s lo determina, porque allí­ no hay nadie quien dirija”, dijo Olga, una de las integrantes del movimiento.
 
¿Pero cómo hacer que el movimiento “siga” fuerte? Los problemas de pobreza, violencia y corrupción podrí­an llegar a ser los motivos para una manifestación masiva. Las principales plazas y avenidas de las ciudades llegarí­an a ser los escenarios.  ¿Y los actores? ¿Por qué la mayorí­a de guatemaltecos no manifiesta públicamente la indignación? Expertos en polí­tica y sociologí­a responden a esa pregunta.
 
INDIGNACIí“N, LIDERAZGO Y CIUDADANíA
 
“En primer lugar creo que el movimiento, tal como se presentó de manera clásica en España y se ha reproducido en otras partes, no existe en Guatemala. Aquí­ no hay capacidad de indignación en el sentido de protesta para moralizar la vida social. Aquí­ lo que deberí­a de hacerse es un movimiento de rechazo al conjunto de la vida polí­tica y económica”, explica el analista Edelberto Torres Rivas, experto en sociologí­a.
 
En coincidencia, Raquel Zelaya, de Convocatoria Ciudadana, enfatiza que el paí­s no ha llegado al nivel de crear un movimiento de esa naturaleza: “Aquí­ en Guatemala hay movimientos dispersos. Yo no creo que hayamos llegado a ese nivel y no considero que haya niveles de liderazgo que convoquen a protestas de esa magnitud; cada quien se indigna por causa diferente ya sea ambiental, educativa, de mujeres, pero no hay una visión de conjunto o de formar una agenda compartida”.
 
Para el analista polí­tico, ílvaro Pop, “lo que le pasa a la sociedad guatemalteca es que no ha llegado a esa acción colateral que es fundamental en su ejercicio de su ciudadaní­a”. 
 
“Yo creo que tenemos que seguir trabajando en formación ciudadana, de reflexión crí­tica y no creo que nuestros movimientos no se parezcan a los del primer mundo; tenemos que sentirnos orgullosos de lo que sí­ pasa en nuestro paí­s (…) lo que pasa es que la clase media y la clase alta de Guatemala se acomodan a la impunidad, porque las clases bajas los pobres han venido protestando, organizándose y luchando”, insiste el analista.
 
FACTOR MIEDO
 
Bruno Masaya, integrante del Movimiento de Indignados, expuso que hasta el momento “la actividad es una plataforma donde la gente puede expresarse, quejarse de lo que no le parece y siempre con una actitud propositiva, pasar de la indignación a la acción”, pues al final lo más importante es “no solo centrarse en lo malo, sino proponer opciones”.
 
Podemos decir que el miedo que nos ha causado el pasado incide en que ahora somos indiferentes a todos los males sociales que cada dí­a nos aqueja o la antipatí­a de no querer un desarrollo mejor para nuevas generaciones, dijo el entrevistado.
 
“El movimiento de los indignados no ha empezado realmente aquí­ en Guatemala. Esperamos que estas actividades lo impulse, ya realizamos una actividad el pasado 15 de octubre; no asistieron muchas personas porque aquí­ todaví­a se tiene miedo hablar, venimos de una cultura donde expresar ciertas opiniones no era permitido y la gente guarda todaví­a cierta actitud y lo que queremos hacer es que la gente se libere” reiteró Masaya
 
Pedro Cruz, dirigente de la organización Jóvenes por Guatemala, considera que si bien no hay movilizaciones masivas, en el paí­s sí­ existen diversos grupos que buscan un cambio en las bases tanto económicas, polí­ticas y sociales. 
 
“Nos hemos dado cuenta que el movimiento en las diferentes organizaciones y los movimientos de participación ciudadana cí­vica que hay en Guatemala tienen objetivos muy concretos y muy puntales en los que está incentivando una participación cí­vica que ya se habí­a perdido mucho y el buscar tener un contacto directo con nuestras autoridades”, dijo. 
 
Y Cruz puntualizó en que “aquí­, en Guatemala, no se da el movimiento de los indignados, pero sí­ ha existido un movimiento general de participación ciudadana cí­vica que lo que se quiere es mejorar y fortalecer las instituciones del paí­s”.
 
¿HACIA Dí“NDE VAN?
 
Torres Rivas considera que para conseguir un cambio social, económico y polí­tico no es necesario crear un movimiento de indignados en Guatemala: “Yo no creo que sea necesario y que tenga utilidad un movimiento genérico como el de los indignados. Aquí­ lo que necesitarí­amos serí­a un movimiento juvenil más avanzado, más profundo tal como hubo en abril del 72, por ejemplo”. 
 
“Necesitamos movimientos de protesta más radicales dada la naturaleza de los problemas del paí­s. No solamente la denuncia, sino también propuestas que es lo que los indignados no tienen en Europa. Ellos protestan pero no tienen propuestas. Aquí­ deberí­a haber un movimiento que proponga cambios, por ejemplo resolver el tema de la tierra, resolver de una vez por todas el tema de pago de impuestos, la reforma tributaria agregó.
 
Sin capacidad de indignación, liderazgo ni antecedentes claros de ejercicios ciudadanos, y con el miedo que dejó el pasado, qué les espera a los que sí­ salen a manifestar a las calles. La respuesta es incierta.
 
“Lo más difí­cil de entender y de predecir es hacia dónde va el movimiento porque el movimiento va hacia donde la ciudadaní­a decida que vaya, lo que sí­ está surgiendo es esas ganas de movilizarse de sentirse parte de un movimiento global en donde se puede marcar la diferencia en el sistema, que lamentablemente todos estamos un sistema económico capitalista deficiente”, finalizó Olga.

“Cada paí­s tiene su chispa y Guatemala tiene sus problemas que resolver; uno de ellos es la defensa a los derechos de la ciudadaní­a. Entre todos los paí­ses hay un nexo común que nos une y seguiremos trabajando para que el movimiento siga más fuerte, pero si el paí­s lo determina, porque allí­ no hay nadie quien dirija”.
Olga

“Aquí­ en Guatemala hay movimientos dispersos. Yo no creo que hayamos llegado a ese nivel y no considero que haya niveles de liderazgo que convoquen a protestas de esa magnitud; cada quien se indigna por causa diferente ya sea ambiental, educativa, de mujeres, pero no hay una visión de conjunto o de formar una agenda compartida”.
Raquel Zelaya
Convocatoria Ciudadana

“Necesitamos movimientos de protesta más radicales dada la naturaleza de los problemas del paí­s. No solamente la denuncia, sino también propuestas que es lo que los indignados no tienen en Europa. Ellos protestan pero no tienen propuestas. Aquí­ deberí­a haber un movimiento que proponga cambios, por ejemplo resolver el tema de la tierra, resolver de una vez por todas el tema de pago de impuestos, la reforma tributaria”.
Edelberto Torres Rivas
Analista