Hay toda una variedad de temas que los periodistas podemos y debemos enfocar en la nebulosa actualidad; por ejemplo, «el mal del siglo XX», el contrabando, la corruptela a todo nivel, el crimen organizado, etcétera.
Pero ahora uno de los más candentes y rusientes de esos temas es el relativo a los incendios provocados en el septentrional departamento de Petén, y a tratarlo vamos inmediatamente en este espacio del vespertino. Son actos de lesa patria.
Informaciones no oficiales y oficiales que han llegado a los diferentes medios de comunicación versan sobre que manos criminales han estado dando fuego a extensiones considerables de aquel territorio lindante con México y Belice, pedazo de estado éste que, dicho sea de paso, fue desgajado de nuestro sacro suelo con apoyo de bucaneros de ultramar y, desgraciadamente, con el voto de los hermanos centroamericanos…
Siempre en las épocas estivales ha habido grandes incendios no sólo en Petén, sino también en otros lugares de la república, y es que, relativamente, todavía no hemos podido salir de los tiempos primitivos en lo que hace al trabajo agrícola. Estamos lejos, muy lejos de pasar a la modernización en tal sentido.
La gente que realiza actividades de producción de artículos alimentarios, dada su falta de recursos económicos, prepara las tierras haciendo las llamadas «rozas» siempre que se acerca cada temporada invernal. Sólo los finqueros pudientes emplean tractores y otras unidades de maquinaria especial que, así como agiliza el trabajo, evita calcinar la riqueza forestal que es vida en cuanto al ambiente (virtualmente se ha generalizado el uso de lo redundante que constituyen los vocablos «medio ambiente», valga la observación); ¿no es así, doctas escritoras Luz Méndez de la Vega y María del Rosario Molina?
Continuemos. Voces patrióticas de quienes usan el escudo del anonimato para no ser víctimas de la violencia criminal señalan con índice acusador a campesinos pobres y a los narcotraficantes como responsables de incendiar bosques en Petén, y las autoridades encargadas de hacer frente a la situación declaran no contar con los recursos humanos y materiales necesarios para impedir la devastación de la floresta petenera.
Según las denuncias que se hacen como a sotto voce, los «narcos» arrasan la flora para improvisar campos de aterrizaje de pequeñas naves aéreas que transportan en sus panzas las drogas de precios multimillonarios en el mercado internacional, sobre todo en el estadounidense y en el europeo.
A como andan las cosas en nuestro país en los días que corren y vuelan, resulta difícil, muy difícil contrarrestar la nociva acción de trasiego de estupefacientes que envenenan hasta el alma de hombres y mujeres adolescentes, jóvenes, viejos y aun de muchos niños.
Lamentable esa situación que ni los países poderosos de diversos continentes pueden enfrentar con alto grado de éxito.
Los Estados Unidos de América colaboran con las naciones que, por lo regular desventajosamente, luchan contra los grupos entregados al trasiego de las substancias narcóticas que los enriquece, como quien dice, de la noche a la mañana.
En todas partes se cuecen habas. La inmensa red del narcotráfico ha atrapado al mundo entero, y eso es tan preocupante y por demás grave como las epidemias y las pandemias que azotan a la humanidad.
Guatemala está considerada como un puente que utilizan los narcotraficantes y, asimismo, plagada de drogadictos que incluso participan en las pandillas que se dedican a hechos ilícitos que están contribuyendo a una inseguridad personal y patrimonial progresiva, incontenible -al menos hasta hoy- a pesar de las acciones que viene realizando la autoridad constituida.
Cabe decir que lo que interesa primordialmente a los guatemaltecos, en el marco del nacionalismo, es oponer fuerte resistencia a la tarea criminal, terriblemente criminal, de incendiar extensas áreas boscosas de nuestro Petén, cuyo territorio puede estar ya en serio peligro de gran deterioro causado por propios y extraños, ¡a los que les ha de venir muy atmosférico el tan llevado y traído «medio ambiente»!!!