Los huérfanos de la violencia


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El cadáver yací­a sobre el timón del bus, cubierto con una manta; mientras tanto la sangre se desbordaba en las gradas, y la mirada inocente de un niño de cuatro años se perdí­a ante tan estupefacto escenario, en Boca del Monte. De forma simultánea, una niña contemplaba un cuadro similar justo a los pies de su padre, tirado a inmediaciones de un taller mecánico en la zona 5; sus ojos parecí­an torrentes de agua, su cuerpo no dejaba de temblar. Se estima que por lo menos la mitad de las personas que mueren violentamente en el paí­s tienen uno o más hijos, que quedan en desamparo y con escasa o nula ayuda gubernamental.

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POR MARIELA CASTAí‘í“N
mcastanon@lahora.com.gt

No existe un dato oficial de cuántos niños y niñas han quedado en orfandad a causa de la violencia que impera en el paí­s. Lo que sí­ se sabe, es que muchos de ellos están condenados a crecer sin el amparo de una madre, un padre, o de ambos. Se trata un serio efecto colateral de la violencia social.

En la administración del presidente ílvaro Colom, según estadí­sticas del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), han muerto un total de 20 mil 300 hombres y mujeres, por arma de fuego y arma blanca.

Hasta el 17 de octubre de este año fallecieron 3 mil 299 personas por arma de fuego y 326 por arma blanca, haciendo un total de 3 mil 625 muertes.

En el año 2010 se cuantifica un total de 5 mil 548 muertos; 5 mil 107 por arma de fuego y 441 por arma blanca.  En 2009, uno de los años más violentos, se estima que 5 mil 974 ví­ctimas perdieron la vida; 5 mil 536 por arma de fuego y 438 por arma blanca. 

En 2008 la cifra fue de 5 mil 153, 4 mil 682 por arma de fuego y 471 por arma blanca.  Análisis realizados por la Policí­a Nacional Civil (PNC) y la Procuradurí­a de los Derechos Humanos (PDH), indican que por lo menos la mitad de los fallecidos podrí­a haber dejado a uno o más niños en orfandad.

Norma Cruz, representante de la Fundación Sobrevivientes, indica que sólo en los casos de mujeres asesinadas de forma violenta, podrí­a haber dos mil infantes en orfandad anualmente.

“Muchas de las mujeres que son asesinadas tienen 3 o 4 niños, entonces cuando más o menos hacemos el promedio, estamos hablando como de 2 mil niños al año que quedan en estado de orfandad”, dice Cruz.

La entrevistada ve con preocupación cómo, en esta situación, los niños y niñas sufren una obligada desintegración familiar, debido a que cuando son de escasos recursos no pueden permanecer juntos.

“Algunos niños son institucionalizados, otros se quedan con los abuelos, con tí­os, pero es una situación bien delicada porque la mayorí­a son de estratos muy pobres. O Incluso hemos tenido casos donde los niños, como son muy numerosos, lo que la familia ha hecho es que uno se queda con un tí­o, el otro con una tí­a, una abuela, o sea queda una desintegración”, lamenta Cruz.

De enero de 2008 al 17 de octubre de 2011, han muerto 2 mil 186 mujeres de forma violenta, un promedio anual entre 500 y más de 600 mujeres, según los informes del Inacif.

La presidenta de la Asociación de Viudas de Pilotos, Lilian Pérez, indica que la cifra de  niños en orfandad por parte de padre –hijos de conductores y ayudantes de buses– asciende a 1 mil 200, de 2008 a la fecha.  Porcentaje que se obtiene a través de las viudas o abuelas que se han acercado a la asociación.

Sin embargo, admite, es un subregistro, porque existen miles de mujeres que por la lejaní­a o la falta de conocimiento no pertenecen a la asociación.

De acuerdo con la PDH, de 2008 a septiembre de 2011 han muerto 784 operadores del transporte público, 588 conductores y 196 ayudantes.  La Asociación de Viudas estima que los pilotos fallecidos tení­an entre 1 a 7 hijos.

A criterio del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), una de las profesiones más peligrosas en Guatemala es la de piloto de transporte, debido a que las personas que se dedican a este trabajo han sido blanco de la inseguridad en los últimos años, principalmente por las extorsiones.

TESTIGOS

La situación de los huérfanos de la violencia se agudiza cuando son testigos de los crí­menes de su padre o su madre, según la psicóloga de la Fundación Sobrevivientes, Marí­a Teresa Soto.

De acuerdo con la profesional, existen casos que evidencian más complejidad que otros.  Hace algunos meses la psicóloga asistió a una familia de cuatro niños, quienes vieron morir a su padre en la zona 18, cuando un hombre le disparó en su negocio de venta de repuestos de celulares.

Los niños de 13, 10, 7 y 4 años observaron cuando el cadáver de su padre quedó expuesto ante ellos y aunado a ello, las diligencias que realizó el Ministerio Público (MP).

“Los niños quedan muy afectados, porque nadie espera que mueran las personas –menos los niños– que les dan seguridad, que son responsables de protegerlos, de proveerlos”, indica

La terapia de la profesional a los niños consistió en seis sesiones, donde buscaban la valoración de la hermandad, la aceptación y el apoyo para continuar con sus labores diarias.

“La terapia que hice con los niños en primera, fue la valoración que eran cuatro hermanitos y que se podí­an apoyar uno con otro, también que estaba su mamá; despedir a su papá para que ellos pudieran comprender la muerte de una manera irreversible que él ya no iba a regresar, les causó gran daño emocional, social porque tuvieron que irse de esa casa, no la podí­a seguir pagando la señora, porque quedó sin los recursos económicos, esto les afectó mucho a ellos porque tuvieron que cambiarlos de escuela”, dice la entrevistada.

Soto dice que cada infante presentaba un cuadro diferente, sin embargo, los casos más difí­ciles fueron de los niños de 13 y 10 años.

“El desafí­o más grande es la aceptación de la realidad, los niños no quieren aceptarla porque les cambia su sentido de seguridad, de afecto, de ser protegidos; cada niño fue un reto, porque el adolescente está en una edad que necesitaba mucho el apoyo de su papá precisamente por el cambio de la niñez a la adultez, pero al que vi más afectado fue al niño de 10 años, porque le costó muchí­simo la adaptación a la nueva escuela, a los compañeritos, al cambio de casa”, refiere.

Uno de los hechos más impresionantes para los menores, según la psicóloga, es la sangre, pues tiene repercusiones muy serias, como  le sucedió a la niña menor de la familia en mención

“La niña más chiquita lloraba mucho, perdió el deseo de jugar, se mostraba muy triste; aunque no tení­a todo el significado de la muerte, fue muy impactante ver a su padre ensangrentado. La sangre para los niños es impactante, y todo ese cuadro lo tuvieron que vivir, en el caso de ella, mostraba mucho llanto”, indica.

Soto resume que las diferentes fases de recuperación consistieron en la expresión de emociones, la creación de un ambiente de cohesión, la aceptación de la muerte del padre a través de cartas de despedida, el trabajo de las fortalezas para la reorganización de la nueva vida y la esperanza positiva.

CONSECUENCIAS

De acuerdo con Norma Cruz, la niñez en orfandad corre más riesgo de convertirse en objeto de todo tipo de violaciones a sus derechos, pues carece de la protección de sus padres; dentro de estos vejámenes se pueden mencionar las violaciones sexuales en contra de las niñas y la incorporación a grupos delictivos.

“En efecto, las niñas están mayormente expuestas a las violaciones sexuales, pero también podemos mencionar que debido a las condiciones precarias y de maltrato –niños y niñas– están en una situación vulnerable, algunos ya ni siquiera pueden ir a la escuela y están sujetos a lo que puedan conseguir en la calle”, dice Cruz.

Marco Antonio Castillo, director de la organización Grupo Ceiba, opina que aunque existen varios factores de análisis sobre el involucramiento de jóvenes y niños en pandillas, hay aspectos importantes como la marginación y la invisibilidad, las cuales podrí­an impulsar a los infantes huérfanos a involucrarse con grupos delictivos.

“Esos niños son aún más invisibilizados por su condición de orfandad y de marginalidad, evidentemente esto sí­ puede ser un factor condicional a que muchos de esos chicos que se encuentran en total abandono terminen incorporándose a grupos de maras, por ejemplo, que los acoge y que los apoya de manera individual, sustituye la afectividad y el espacio que ellos perdieron en su estructura familiar”, dice Castillo.

A criterio del representante de Grupo Ceiba, lamentablemente el Estado está ausente en estos casos, pues la Secretarí­a de Bienestar Social, quien es la que deberí­a atender estas situaciones realiza el trabajo que se desearí­a.

 â€œExiste una Secretarí­a de Bienestar Social que no ha hecho su trabajo al ciento por ciento; deja mucho qué desear el trabajo que se hace en los centros de atención a menores, sin contar lo qué pasa en los centros de privación de libertad de menores”, refiere.

Castillo indica que el Estado deberí­a trabajar en diferentes áreas con los huérfanos del flagelo, acogerlos y apoyarlos.

“El Estado está obligado a acoger a esos niños que han quedado huérfanos; integrarlos a redes de socialización y de atención integral de su situación con profesionales no solamente de la Psicologí­a, sino gente experta en temas sociales y educativos, debe ser un tratamiento multidisciplinario.  Hay una ley que establece que en muchos de esos casos el Estado puede buscar la salida de familias sustitutas que se compruebe que pueden acoger a los niños en un ambiente adecuado, y eso lamentablemente, aunque existe jurí­dicamente (el Estado deja de hacer esas funciones), sigue siendo un problema de ausencia”, opina el entrevistado.

La Presidenta de la Asociación de Viudas de Pilotos, por su parte, lamenta que por lo menos 150 niños y niñas dejaron la escuela para trabajar en panaderí­as, talleres mecánicos, almacenes, pero también en el servicio de transporte; de esta cifra, unos 20 infantes trabajan como ayudantes de buses, bajo la amenaza de ser asesinados.

RETRATOS DE LA VIOLENCIA


La psicóloga Marí­a Teresa Soto mostró los dibujos y cartas de niños y niñas ví­ctimas de la violencia

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Negro y rojo
Los colores negro y rojo predominan en el dibujo, como un reflejo del estado aní­mico de una persona que fue violentada y se encuentra seriamente afectada por las secuelas psicológicas del evento. Los dibujos, en la mayorí­a de ocasiones, externan los sentimientos de los niños y niñas, de una forma más explí­cita que cuando lo hacen con palabras.

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“No te merecí­as morir”
“…algún dí­a nos veremos en el cielo, y estarás con nosotros para siempre; me duele tu ausencia, yo sé que no te merecí­as morir así­, yo sé que tú eras una buena persona, no te metí­as con nadie; pero Dios necesitaba un ángel y tú fuiste el elegido. Descansa en paz y estate tranquilo de que no nos va a pasar nada, recuerda que siempre te llevaremos en nuestro corazón…”

3
Violencia sexual
La pintura fue hecha por un menor de edad que fue ví­ctima de una violación sexual. El color rojo remarca la posición de la ví­ctima, frente a un agente extraño, que invadió sus partes í­ntimas (color verde entre las piernas). Muchas veces, para los menores de edad es más fácil tratar los temas sensibles a través de la comunicación no verbal: en este caso, con el uso de pinturas.

4
Nunca nos hiciste daño
La trascripción corregida de la carta demuestra los sentimientos de un niño que perdió a su padre durante un suceso violento: í‰l me hace mucha falta. Papito, te extraño mucho, te amo. Papá, era buen padre ‘aprendido’, eras inteligente, buen alumno. Nunca nos hiciste daño. Me haces mucha falta. Ya no estás a nuestro lado. La carta fue decorada en los bordes, como un detalle especial del menor para su progenitor.

5
La imagen muestra en color azul a un menor de edad que presenció el asesinato de su padre. En la imagen destaca que se utilizó el color rojo para evidenciar la sangre que corrió durante el hecho violento. En este caso, el niño fue un espectador del crimen y por eso, la imagen humana parece observar con atención al resto de los elementos del dibujo.

“…debido a las condiciones precarias y de maltrato –niños y niñas– están en una situación vulnerable, algunos ya ni siquiera pueden ir a la escuela y están sujetos a lo que puedan conseguir en la calle”.
Norma Cruz
Fundación Sobrevivientes

“Los niños quedan muy afectados, porque nadie espera que mueran las personas –menos los niños– que les dan seguridad, que son responsables de protegerlos, de proveerlos”.
Marí­a Teresa Soto
Psicóloga

MUERTES VIOLENTAS*
GOBIERNOS

     íLVARO COLOM      í“SCAR BERGER
     2011: 3625**        2007: 5781
     2010: 5548            2006: 5884
     2009: 5974            2005: 5308
     2008: 5153            2004: 4507
TOTAL     20,300            21,480

*Estadí­sticas del Inacif y PDH.
**A octubre