Por primera vez en la historia un afroamericano será presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama, indudablemente que ha sido un excelente candidato. Pero desde el 5 de noviembre en adelante, tanto al presidente electo como al partido demócrata estadounidense se les empieza a imponer una carga simbólica por el gran significado histórico que tiene para ese país el hecho de que la primera potencia, o quizá la única potencia del mundo, haya elegido a un miembro de una minoría (los afroamericanos representan menos del 13% de la población estadounidense) para el puesto de mayor poder sobre la Tierra. Pero ahora la euforia por este acto sin precedentes empieza a quedar atrás, pues a partir del próximo 20 de enero cuando tome juramento como el 44 gobernante de Estados Unidos, el mundo entero lo estará juzgando por sus actos.
Es un hecho que al próximo presidente estadounidense le tocará enfrentar la situación recesiva mundial más grave de los últimos ochenta años, sin olvidar la realidad de estar empantanados en dos guerras y otros potenciales conflictos internacionales que se vislumbran a la vuelta de la esquina. En el tema económico debemos recordar que el escenario de crecimiento mundial se dio en promedio por arriba del 8% (excluyendo a Estados Unidos) en este último período, pero ahora por la crisis, los analistas están estimando que se caerá al 4% y los más pesimistas han pronosticado una caída de hasta el 2% anual. Por eso es que la pregunta que en estos momentos muchos se están haciendo, es si el presidente Obama está convencido que hay que mantener los estándares del libre comercio. Yo he escrito sobre la necesidad que tienen las sociedades de que el Estado, eventualmente, tenga que intervenir el mercado, sobretodo para evitar los abusos. Pero aquí es donde resulta importante no confundir la gimnasia con la magnesia, pues debemos recordar que cuando se dio la depresión de los años treinta, uno de los grandes problemas que hubo a nivel mundial fue cuando por parte del gobierno estadounidense se dio una regulación proteccionista cuando incrementaron los aranceles a la importaciones, situación que dio como resultado una gran depresión económica en el resto del mundo. Por eso es que las declaraciones de Obama en el sentido de revisar el NAFTA y otros tratados de libre comercio han causado gran preocupación en países como México y el nuestro. No olvidemos que Estados Unidos es el principal comprador de nuestros productos, ya no digamos México, país que guarda una gran dependencia con la economía estadounidense al ser ésta el destino de más del 70% de sus exportaciones. De ahí la importancia de distinguir la diferencia entre el libre comercio y el libertinaje desordenado de la especulación y el oportunismo que caracterizó a los responsables de esta crisis.
Pero el panorama económico y las declaraciones de Obama han hecho que los analistas digan que el primer acto urgente que tiene el nuevo presidente es definir la forma y hasta dónde va a intervenir el Estado en el rescate al sistema bancario y a la industria de Estados Unidos. Los liberales no quieren que se vaya más allá de un temporal reencarrilamiento y los reformistas abogan por una regulación más conectada y permanente. En el tema de la política exterior aún no hemos observado la postura del próximo presidente estadounidense, ahí lo espera el conflicto del Medio Oriente, la guerra en Irak y Afganistán, el gran desafío de Irán por su carrera armamentísta y lo que más nos interesa, su relación con los países latinoamericanos, especialmente con nuestra región, que el tema de mayor preocupación sigue siendo el migratorio. Tema que definirá la realidad económica y social de nuestra región.