Los golpes de Estado


En el perí­odo de Vinicio Cerezo, los golpes de Estado militares estuvieron a la orden del dí­a. La intención no era hacer caer al Presidente, sino presionarlo a obedecer a una camarilla cí­vico-militar. Hoy, para los golpes de Estado se utiliza al crimen organizado. No es extraño, ya que varios de quienes impulsaron los golpes militares dirigen ahora organizaciones criminales. Primero fue el «Martes Negro» y la semana fatí­dica de marzo; ahora son los asesinatos a cargo de sicarios de empresarios, profesionales y dirigentes sindicales y las amenazas a los defensores de derechos humanos. Se repiten las prácticas del pasado.

Ing. Raúl Molina

A raí­z del caso del Lic. Rodrigo Rosenberg, ejecutado el pasado domingo en la capital, quien, antes de su muerte, denunció en un ví­deo conocido mundialmente que la responsabilidad de su muerte recaí­a en el presidente Colom, su esposa, Gustavo Alejos y otros, los interesados de siempre se han lanzado a pedir, de mil maneras, el golpe de Estado. Mensajes por el Internet y plantones ante el Presidente exigen que sea reemplazado, si no por el Vicepresidente entonces por los militares.

El alevoso asesinato del Lic. Rosenberg da credibilidad al ví­deo circulado tan eficientemente, ya que él mismo pronostica su muerte. El primer paso, sin embargo, es encontrar quiénes lo mataron y quiénes fueron los autores intelectuales. Pero esta investigación debe ser confiable para los familiares de las ví­ctimas y para la población en general. Ha sido acertada la medida de pedir que la CICIG haga la investigación y no debe descartarse buscar el apoyo del FBI de Estados Unidos y de otros paí­ses para aclarar los asesinatos. Hecha la investigación deberá caer el peso de la ley sobre los responsables materiales e intelectuales de los tres asesinatos, así­ como de otros delitos que pudieron cometerse en este caso. Exigimos, por enésima vez, que no se permita la impunidad.

Es claro que también el Banco Rural debe ser sometido a una profunda investigación. Es tiempo de que el Congreso haga algo al respecto y nombre una comisión que analice su funcionamiento y produzca recomendaciones muy concretas para su necesaria transformación, ya que por ahora goza de los privilegios que otorga el apoyo estatal, al tiempo que goza de la libertad, y el libertinaje, en que vive la poderosa iniciativa privada. Si Estados Unidos, centro del liberalismo económico, ha puesto coto a las acciones de los bancos de ese paí­s, ya es tiempo de que el Estado guatemalteco imponga control y disciplina a la banca nacional.

En la crisis actual el presidente Colom y su equipo también tienen grave responsabilidad. Al no enfrentar firmemente al crimen organizado y la violencia delincuencial han ido perdiendo el apoyo de amplios sectores de la población, particularmente capas medias y sectores empresariales. Y al reprimir al movimiento social para respaldar al gran capital, pierde aceleradamente la confianza de los sectores mayoritarios. El aislamiento es peligroso, porque puede caer en la garra de acero de los militares o en la garra de seda de los grandes ricos. De ser inocente, Colom deberá escapar de la telaraña del complot; pero luego tendrá que jugarse la vida para enderezar el rumbo del paí­s. Es duro, pero para ello fue electo.