Los gobiernos y los emigrantes 2ª. Parte


En el artí­culo anterior mencionaba que la oportunidad más clara que el gobierno guatemalteco tuvo para lograr los Programas de Protección Temporal (TPS) para una gran parte de nuestros conciudadanos radicados en Estados Unidos, fue con el gobierno de Arzú cuando el huracán Mitch arrasó nuestro territorio. Si embargo, el gobierno de aquel entonces por su indolencia o falta de visión no aprovechó esa gran oportunidad. No puedo negar cuánto me ha intrigado esa actitud, sobretodo cuando el Canciller de aquel entonces era un funcionario que provení­a de la O.I.M. (Organización Internacional para las Migraciones), el doctor Eduardo Stein Barillas.

Guillermo Wilhelm

En varias de mis columnas he criticado que a nuestros connacionales radicados en el exterior se les ha visto con enorme indiferencia, ya que desde Arzú, pasando por Portillo hasta Berger, el Estado guatemalteco no ha implementado en este sentido una verdadera polí­tica pública de atención y beneficio a este grupo de conciudadanos. Y esto se confirma por la manera inadecuada en que se ha abordado esta situación. Pues otro de los ejemplos que sustenta lo anterior fue en el momento que Guatemala proyectó una imagen poco seria ante Estados Unidos en este tema, y se dio cuando el Canciller y uno de los Viceministros viajaron con el presidente Berger a Washington a solicitar los «TPS» en el año 2004. Por supuesto, con una actuación muy análoga a la de Larry, Mou y Curly, pues con este viaje se puso en relieve la incapacidad de nuestra polí­tica exterior al no someter tal «estrategia» al análisis, y en este caso, a la investigación del marco jurí­dico interno del principal paí­s receptor de inmigrantes , Estados Unidos. Los «muchachos» olvidaron leer antes de viajar e informarse que la sección 244-i de la ley de inmigración de ese paí­s, si bien faculta al Procurador General norteamericano a extender los «TPS», este puede hacerlo únicamente sustentado en ley, pues no eran chicles lo que fueron a pedir, y esta ley lo autoriza únicamente en casos de real emergencia, cuando los nacionales del paí­s solicitante viven en su patria una cruenta guerra o se están viviendo condiciones difí­ciles a causa de algún desastre natural de grandes proporciones. Pero llegar a pedir los Programas de Protección Temporal en el año 2004, seis largos años después de que el Mitch golpeara nuestro territorio, esta actitud insensata y digna de una polí­tica exterior tercermundista sólo logró socavarse así­ misma perdiendo seriedad y sustento cuando Stan se presentó en nuestro territorio.

Y a esto es a lo que me refiero, estamos acostumbrados a las chapucerí­as y a la falta de polí­ticas serias en todos los grandes temas. En el gobierno de Berger, el avance que se hizo en los largos cuatro años fue instituir la Oficina del Migrante, y eso fue todo. Indudablemente nos hemos quedado cortos en comparación con otros paí­ses que si le han dado la importancia que corresponde a este fenómeno social que es la emigración. México, Ecuador, Colombia y hasta El Salvador son ejemplos de la buena manera en que se ha abordado este tema. Son paí­ses que separadamente de desarrollar verdadera polí­ticas de defensa, atención y acompañamiento a sus comunidades emigradas, también han articulado y ejecutado estrategias de desarrollo en sus áreas de mayor expulsión poblacional. Continuará