Los gobiernos deben buscar técnicos pragmáticos


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Muchos de los problemas que vivimos en Guatemala se debe, entre otras cosas, en el caso de los políticos que nos gobiernan, a que aunque diseñen políticas de gobierno, que suelen ser abstractas y poco realistas, al final de la historia, cuando llegan al poder, no las llevan a cabo, sino que responden al día a día que el ajedrez cotidiano les presenta. 

Eduardo Blandón


Son gobiernos de reacción, no de acción. Nuestros líderes políticos carecen de capacidad pragmática en materia de ejecución de proyectos y no atisban un horizonte que los motive a realizarlos. Quienes hacen política pública no tienen una visión ni sueño, sino ilusión y fantasía. Una nebulosa enorme gira en sus cabezas.

En tal sentido, los dirigentes deberían rodearse de cuadros técnicos capaces de trabajar en serio, en busca de realizar acciones sustantivas en beneficio del país. No basta el título ni el pedigrí, sino la experiencia demostrada en el ejercicio de construir obra. Urge seleccionar profesionales con músculo desarrollado en materia de hacer realidad lo que en los papeles se diseña.

Lo dicho es fácilmente demostrable. Revise, por ejemplo, los ministros que han pasado por la dependencia de salud. ¿Cuánto han hecho en verdad para transformar los hospitales y atender las necesidades de los guatemaltecos? Han realizado muy poco. El tiempo se les ha ido en detener huelgas y en mucha compra de medicina, que no está mal, pero que solo interesa por los dividendos que les deja el negocio.

Y lo dicho en salud puede extenderse a otras dependencias del Estado. El problema es que a la par que no se hace mucho (casi nada sustancial), cuando se realiza algo, ese “algo” tiene el rango de proyectuelo. Es típico, por ejemplo, el caso del Alcalde capitalino, muy entretenido en la Sexta Avenida, en pintar parques y sembrar árboles, pero muy distraído con los grandes problemas de la ciudad: transporte, agua y desechos sólidos. A Álvaro Arzú se le ha ido el tiempo y no ha dejado una huella que amerite recordarlo.

Una solución al problema puede ser el establecimiento de centros de educación para funcionarios públicos. Cursos ligados a proyectos, administración y gerencia. Algo de eso hay, pero los políticos no se preocupan por apoyar esas instituciones ni sacar a su personal de esos lugares de formación. En cambio, ponen de ministros a sus amigos y hacen espacio para cualquier inepto que haya repartido volantes durante la campaña.

El resultado está a la vista. Los años pasan y seguimos casi igual, con progresos leves y nimios, imperceptibles al ojo humano. Quizá sea tiempo de que los políticos a la par que piensen en el dinero que los hará vivir holgadamente en el futuro, consideren el honor de sus gobiernos, la fama, el prestigio y la inmortalidad de sus obras. Ahora, todo esto último es paja para ellos.