Nunca se ocultó la cólera que les dio no sólo la insistencia de la diputada Nineth Montenegro para lograr los datos de Mi Familia Progresa, sino que su triunfo legal al obligar a que le proporcionaran la información que al final de cuentas le costó el puesto al Ministro de Educación que cayó por acatar una orden que desafiaba a la Corte de Constitucionalidad. En reiteradas apariciones públicas tanto el Presidente como su esposa hicieron comentarios descalificadores de la diputada que eran evidente reflejo del malestar que ella les provoca.
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Los gobernantes no tienen que actuar con el hígado porque no sólo corren el grave riesgo de salir perdiendo, sino que en el caso concreto de países como el nuestro, pueden alentar a los lambiscones a actuar «para quedar bien». Y eso cuando no se despierta en tenebrosas fuerzas la idea de que cometiendo un crimen contra quien causa tanto desagrado a los que mandan, se le puede crear un problema político de gran envergadura al mismo Gobierno. En el caso presente no se puede descartar ni una ni otra teoría porque la historia del país está llena de ejemplos en los que una expresión de rabia de un gobernante en contra de alguna persona se interpretó entre los lambiscones que los adulan día y noche como la luz verde para «actuar», entendiendo lo que eso significa en nuestro medio. Pero también hay sectores que en el río revuelto quieren convertirse en pescadores gananciosos y de esa cuenta, sabiendo que es tan público el rencor de los gobernantes contra alguna persona, ejecutan su asesinato para crear una crisis política de gran envergadura. Obviamente hay que decir que el origen de esa situación de inseguridad que hoy afecta a la diputada Nineth Montenegro está en la reacción hepática que públicamente mostró la pareja presidencial en su contra, al descalificar groseramente su esfuerzo por la transparencia y al comunicar a los beneficiarios de Mi Familia Progresa que todo era resultado de un malévolo plan para hacerle daño a Cohesión Social y el empeño por beneficiar a la gente más pobre del país. Si de manera pública se expresan palabras para descalificar a una persona, nos podemos imaginar la manera en que se refieren a ella en privado, cuando conversan con los paniaguados de siempre que andan buscando la forma de quedar bien con el jefe o con la jefa. Y por eso digo que un chaquetero puede interpretar el desahogo hepático como una instrucción para proceder. Hoy en día la situación de Nineth es muy delicada porque cualquiera puede actuar en su contra. Lo puede hacer un desquiciado que quiera crearle problemas al gobierno o un grupo paralelo interesado en desviar la atención de la forma en que está siendo perseguido. Pero también podría ser el momento para matar dos pájaros de un tiro, saliendo de la molesta diputada y echándole la culpa a la oposición diciendo que se le quiere echar la culpa a Colom. En resumidas cuentas vivimos una situación sumamente peligrosa provocada por la inmadurez del gobierno para manejar un problema político como el que representó la legítima exigencia hecha por la diputada Montenegro. Desde el principio se vio que su insistencia les hizo perder la cabeza, al punto de que sacrificaron a su Ministro de Educación, y todo ello sabiendo que en un país como el nuestro, es muy peligroso que públicamente un Presidente muestre su rencor contra alguien.