Estados Unidos hizo varios gestos discretos por un acuerdo humanitario en Colombia, aunque manteniendo su línea oficial de no negociar con terroristas, al abrir las puertas del departamento de Estado a la ex mediadora Piedad Córdoba, mientras el Congreso también tomó cartas en el asunto.
«Me siento muy satisfecha de las puertas que se han abierto para lograr insistir en el acuerdo humanitario», afirmó la senadora colombiana Piedad Córdoba en Washington, donde volvió a reunirse con el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Tom Shannon, y un grupo de congresistas.
Antes de que su mediación y la del presidente venezolano, Hugo Chávez, fuera cortada por el mandatario colombiano, Alvaro Uribe, el 21 de noviembre, Córdoba fue autorizada a reunirse en una cárcel de Washington con el dirigente de las FARC «Simón Trinidad», abriendo una comunicación indirecta con la guerrilla.
«Ustedes saben que estas decisiones no se toman sin ser consultadas arriba», aseguró la senadora, quien añadió que el acuerdo humanitario por un canje de rehenes de las FARC por prisioneros «ha contado con el apoyo del departamento de Estado y vamos a seguir contando con el».
El vicepresidente del Diálogo Interamericano, Michael Shifter, aseguró que Washington no tenía otra opción.
«La alternativa sería cerrar todas las puertas y reforzar la imagen del malo de la película, dando la impresión de estar en contra de cualquier avance en el acuerdo humanitario, cuando el mismo gobierno colombiano dice que es lo que quiere», declaró a la AFP.
Paralelamente, el experto recordó que Estados Unidos debe tener en cuenta que los familiares de los tres rehenes estadounidenses (Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell), secuestrados por las FARC hace cinco años, tienen mucha «esperanza» depositada en los esfuerzos de Chávez.
El estrecho margen de maniobra de Estados Unidos entre su apoyo a Uribe y su rechazo a negociar con las FARC, permitió que Córdoba fuera recibida otra vez esta semana por Shannon, pese a que ya no sea mediadora.
Por otra parte, un tribunal condenó el lunes a «Trinidad» a 60 años de cárcel. Eso sí, antes la Corte había postergado dos veces la sentencia, cuando Chávez todavía actuaba por la liberación de rehenes.
El propio guerrillero reveló en una larga declaración antes de ser condenado, que había recibido una visita en la cárcel del Departamento de Estado y se declaró dispuesto a mantener otros encuentros similares, dejando entender que el gobierno estadounidense movió ficha en los últimos meses.
El papel de Estados Unidos no se limitó al gobierno republicano. En el Congreso, controlado por los demócratas, tres representantes aprovecharon la visita de Córdoba para enviar el 19 de diciembre una carta de agradecimiento a Chávez por sus gestiones y otra al líder de las FARC, Manuel Marulanda, alias «Tirofijo».
Córdoba aprovechó su visita a Washington para reunirse esta semana otra vez con los tres demócratas (James McGovern, Bill Delahunt y Gregory Meeks) y reiterarles su mensaje de que Chávez es «inamovible» para lograr un acuerdo humanitario, pese a haber sido descartado por Uribe, aliado de Washington.
Como lo dejó claro Daniel Restrepo, del Center for American Progress, existen serias dudas sobre las posibilidades de éxito de la iniciativa de los congresistas.
«Muchísima gente ha tratado de hablar con las FARC y casi nadie logra resultados», recordó. «No sé por qué ocurriría algo distinto con estos tres congresistas», añadió, antes de recordar que los tres congresistas no están dispuestos a hablar con la guerrilla a cualquier precio.
«Ellos están dispuestos a hablar con la guerrilla solamente si es algo más que una conversación. No van a ir a la selva para hablar con las FARC y darles credibilidad política y salir sin nada», pronosticó Restrepo.