Los factores decisivos de una victoria histórica


Pospongo para una próxima oportunidad la continuación de las dos columnas en que he hecho referencia a algunos aspectos principales del ensayo de James Petras sobre «Los intelectuales de izquierda y su desesperada búsqueda de respetabilidad». En esta ocasión me ocuparé de los factores decisivos de la victoria de la Unión Soviética en la Gran Guerra Patria.

Ricardo Rosales Román

El doctor Mario Castejón, en su artí­culo publicado en La Hora el pasado viernes 18 se refiere al que publiqué en este mismo vespertino el 9 de mayo y en el que asegura que aunque coincide conmigo «en el heroí­smo con que los soviéticos actuaron contra la acometida alemana» afirma que, «sin embargo, hubo dos factores determinantes para el triunfo: el primero, que Hitler desoyó a sus generales y no permitió que el Ejército del Centro avanzara hasta Moscú. El segundo factor y el decisivo -agrega- fue la acción de un solo hombre: Richard Sorge» quien «alertó a la KGB que el ejército alemán invadirí­a Rusia (?) la noche del 21 de junio de 1941» y que, aunque Stalin no le dio crédito, le dio validez a lo que Sorge informó en cuanto a que Japón no atacarí­a a la Unión Soviética. Además, según su punto de vista «el aliado más importante de Stalin fue el General invierno, el mismo que derrotó a Napoleón en 1812».

Al igual que algunos historiadores de Occidente, Castejón incurre en la limitación de hacer depender la victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo alemán, de factores que no son determinantes ni decisivos. Ello significa -en mi opinión- tomar lo secundario como principal, tergiversar los hechos, interpretar sesgadamente la historia, e ignorar o negar lo que en realidad sucedió.

Ello no quiere que no haya cientí­ficos occidentales serios y destacados que al investigar las causas de la Segunda Guerra Mundial, no sean objetivos al interpretar su desarrollo, resultados, lecciones y experiencia.

Los que «reducen las causas del fracaso de los planes hitlerianos de la ’guerra relámpago’ contra la URSS (?) a los errores de Hitler en lo polí­tico y militar (?) y a las condiciones climáticas desfavorables y los grandes espacios de la URSS», son parciales, se equivocan, distorsionan la realidad: tergiversan la historia.

Veamos por qué. En cuanto a los errores atribuidos a Hitler, es bueno precisar algunas cuestiones. Es cierto que el aventurerismo fue «uno de los rasgos caracterí­sticos de la planificación militar de la Alemania hitleriana» en su guerra contra la Unión Soviética. Los dirigentes hitlerianos presupuestaron un rápido desenlace a su favor a partir de la invasión el 22 de junio de 1941, subestimaron el poderí­o y fuerza de la URSS, sobredimensionaron las posibilidades y capacidad de Alemania, y no tomaron en cuenta «la polí­tica, la estrategia y el arte militar soviético».

Respecto al crudo invierno de 1941, el Mariscal de la Unión Soviética, George Zhukov, escribió: «No fueron la lluvia ni la nieve los que detuvieron a las tropas fascistas en los alrededores de Moscú. Una agrupación de más de un millón de tropas hitlerianas selectas se estrelló contra la férrea firmeza, el valor y el heroí­smo de las tropas soviéticas; tras sus espaldas estaba su pueblo, su capital, su Patria».

Hay factores objetivos y subjetivos que son decisivos y determinantes en el desenlace victorioso de la Gran Guerra Patria. Unos y otros se entrecruzan y corresponden a una situación polí­tica y social concreta que no debe ignorarse.

El doctor Oleg A. Radheshevski, uno de los historiadores soviéticos a cuya bibliografí­a he tenido acceso, puntualiza que aquella guerra «maduró cuando el capitalismo ya no poseí­a poder universal, cuando ya existí­a y se habí­a consolidado el primer Estado socialista en la historia: la URSS (?) lo cual condujo a la aparición de la principal contradicción de la época: entre el capitalismo y el socialismo».Además. «la Gran Guerra Patria fue la guerra del socialismo triunfante contra las fuerzas de choque de la reacción internacional personificada en el fascismo. Fue una lucha heroica que aunó, de manera consecuente, el patriotismo y el internacionalismo proletario, en defensa de las conquistas revolucionarias de los trabajadores, por el progreso social y la civilización humana».

En este contexto, cabe agregar el papel jugado por el Estado Mayor General Soviético, el heroí­smo de los soldados y oficiales del Ejército Rojo, de los abnegados luchadores en la clandestinidad y los valientes guerrilleros en los territorios ocupados o en la retaguardia enemiga, y -en general- de los pueblos y nacionalidades de la entonces URSS que bajo la dirección del Gobierno soviético y el PCUS lograron salvar a la Patria del yugo de la esclavitud fascista.