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La muerte y la violencia son parte del paisaje cotidiano, se observa el temor reflejado en los rostros de las personas por la calle, en cualquier lugar, el terror cada día estalla con más fuerza ante todos nuestros sentidos. ¿Cómo pudimos llegar al punto en que nos encontramos, cuando empezamos el descenso hacia el averno? A mi criterio desde la conquista nos hemos convertido en una sociedad cada vez más enferma, debido a que no tenemos memoria histórica, identidad cultural, y padecemos del mal de la oveja, que siempre necesita un pastor, desgraciadamente nuestros pastores no han sido buenos, y revisando la historia no existe uno solo que no tenga su parte oscura, aunque siendo responsables debemos reconocer que con sus claroscuros una década fue la que nos dejó instituciones que aún hoy se mantienen, y en relación al huésped del Palacio de la Loba, uno solo tuvo tanta visión, que aún hoy, no hay mejor obra que el anillo periférico. Ante esta realidad desoladora, cuando el crimen organizado se ha incrustado en la mayoría de las instituciones públicas y privadas, la sangre corre a borbotones por cada hermano muerto, la Justicia como valor está totalmente perdida. Todas las instituciones del Estado son negociadas, pero no en el buen sentido de la palabra, sino que a cambio de pago de facturas politiqueras, la mal llamada Sociedad Civil que no es más que una justificación para recibir donaciones, porque producto de ellas no existe (la flamante Comisionada para la Reforma Policial es el mejor ejemplo) ¿Qué podemos hacer? El licenciado José Rubén Zamora proponía un grupo de notables, al leer los nombres de los mismos me pregunté, ¿Cuál ha sido la aportación tangible al país de estos ciudadanos y la verdad no encontré respuesta -con el perdón de ellos- más que en dos, Rosenthal y Torres Rivas. Necesitamos reinventarnos como sociedad, identificar genuinos líderes que no tengan pasado o presente oscuro, personas transparentes, se dice que la regla de oro del líder es «No pongas a las personas en tu lugar: ponte tú en el lugar de las personas», el verdadero líder es aquella persona que no toma decisiones si no ha discutido con el grupo la propuesta, agradeciendo las opiniones de sus seguidores, y tomándolas en cuenta dentro de su equipo con criterios de evaluación y normas directas y claras. Si se presenta un problema, con el liderazgo que se ha ganado a pulso ofrece varias soluciones, entre las cuales el grupo tiene que elegir democráticamente, quien ejerce un verdadero liderazgo no tiene petits comités, porque ese sistema utilizado por todos los grupos e instituciones del país elimina la transparencia, da lugar a competencia insana entre las personas.
Dentro de las características más importantes y que no son académicas, pero sí humanas de un verdadero líder a mi criterio prevalecen las siguientes: 1) Respeta a la familia como el pilar más importante de la sociedad, 2) Sabe diferenciar entre el trabajo y la amistad, no significa que ambas cosas estén divorciadas, pero el exceso de confianza da lugar a demasiados mandos, y se pierde el control, 3) Es objetivo para calificar a los demás, 4) Cumple con uno de los principios básicos del ejercicio democrático, escucha a todo acusado o señalado de un error, delito, o falta, 5) Mantiene la cabeza sobre los hombros porque sabe que está en el lugar indicado para servir, no para servirse, y por último 6) Ama su trabajo y a su país.
Estas características no son fáciles de encontrar en un ser humano, la experiencia enseña que no todo lo que brilla es oro en nuestra sociedad, y que vivimos en un eterno carnaval en el que cada quien se pone el disfraz que le conviene, y se lo cambia como calcetín. En mi caminar por la vida con tristeza puedo afirmar que contadas con los dedos de la mano y sobran dedos he podido observar estas características, y por ser así no tienen el poder, porque en Guatemala el mismo se encuentra corrompido desde sus entrañas y solamente puede sentar las bases de nuestra reinvención una verdadera Revolución Pacífica y Cultural identificándose esta última como «Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.» La Revolución debería tener un elemento sustancial, el honor de una persona es indispensable para liderar un grupo, quien no cumpla con este requisito debe ser desechado, porque solamente pueden contribuir a levantar un cadáver quienes tengan un camino recorrido, que si no es recto estrictamente hablando, por lo menos no tiene tantas curvas que no se pueda ver el principio del mismo. Tito Monterroso dice demasiado en el cuento que escribió, yo no quiero despertar y que los dinosaurios estén todavía allí ¿Usted sí?