Los espacios de la vida: testimonios inéditos de intelectuales guatemaltecos (I)


El testimonio polí­tico es una expresión oral o escrita propia de la cultura y tiene especial relevancia en diferentes periodos de la vida guatemalteca, en especial, durante la etapa del conflicto armado interno y, posteriormente, en lo que algunos escritores denominan literatura de posguerra. Pueden citarse una gran variedad de aportes, entre ellos, libros de Marco Antonio Flores (Los compañeros) y Mario Roberto Morales (Señores bajo los árboles)

Carlos Cáceres

La narrativa (experiencia entendida y vista como un relato) es una forma de analizar la realidad y una reconstrucción del conocimiento. Quienes escriben sus ideas le dan fuerza a las expresiones de la vida y sus textos, que en su oportunidad no se publicaron por diferentes razones, se convierten en voces para conocer el pasado. Si sus legados sirven para recuperar el valor de la memoria, entonces adquiere importancia conocer los testimonios de tres intelectuales guatemaltecos cuando se encontraban en el exilio: Otto-Raúl González, Raúl Leiva y Julio Gómez Padilla, quienes fallecieron en México. Su pensamiento se refiere al golpe de Estado en Chile en 1973.

Otto-Raúl González fue un poeta de valores humanos. Con su sensibilidad escribió un breve testimonio. Fue un guatemalteco, fundador del grupo Saker-Ti (Amanecer), de gran calidad humana y, como hombre democrático, le impactó la muerte de Salvador Allende. Para él, los intereses económicos y fuerzas polí­ticas presentes en la invasión armada a Guatemala para derrocar el gobierno de Jacobo Arbenz, fueron las mismas que anularon con violencia, asesinatos y torturas, la expresión popular chilena.

En su biblioteca, Otto-Raúl, quien recibió el Quetzal de Oro de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), compartí­a libros con fotos de escritores y cuadros de Emiliano Zapata. Un sitio tranquilo y sencillo lleno de anaqueles con historia. De ese crimen, afirmó al encontrarse con su testimonio, «surgió una dictadura absurda y sangrienta. La respuesta no fue resignarse; por el contrario, la lucha popular permanente en Chile coloca hoy a una mujer socialista en la presidencia».

Otto-Raúl -condecorado con la Orden del Quetzal- mantuvo una estrecha amistad con Raúl Leiva. «Era -dice- un hombre muy estudioso, un autodidacta, lector de grandes escritores y con una gran calidad». Asimismo, sus ojos se iluminaron cuando hablamos de su libro Diez colores nuevos (Enirio, Orjuz, Anab, Anadrio, Dunia, Gaorí­n, Yemalor, Vainumio, Luang y Aí­f), «con más de 35 ediciones», enfatizó. La obra poética de Otto-Raúl es extensa y puede destacarse Voz y voto del geranio (1943 y 1968). En 1970 escribió Tun y Chirimí­a. Su contenido se refiere a la violencia contra hombres y mujeres de su paí­s y con relación a la cultura maya quiché.

En el texto De brujos y chamanes (Editorial Universitaria de Guatemala, 1980), destaca por la brevedad de sus relatos en los cuales integra a amigos personales como Huberto Alvarado y Rosario Castellanos, y se localiza una relación con «Tito» Monterroso, la cual tiene especial vigencia, pues Otto-Raúl también escribió fábulas, aunque sus personajes no son sólo animales. Otros aportes de Otto-Raúl son Palindromagia (1983), El mercader de torturas (1986), Sonetos Mexicas (1987), la novela premiada El magnicida (1987), y Diamante negro (poesí­a erótica, 1997)

Amigo de Neruda. «Con él luchábamos por la paz para que no hubiera guerra», señaló Otto-Raúl y recordó haber sido el primer agregado cultural de la embajada guatemalteca en México durante los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz. Un poeta claro y transparente, con madurez y soltura en el manejo del idioma.

«El ataque a mansalva a la Casa de la Moneda, recinto presidencial, con las armas más modernas y ya probadas por Estados Unidos en Vietnam y el vil asesinato del presidente Salvador Allende, es una puñalada más en la espalda de los pueblos latinoamericanos inferida por ya sabemos quien.

El Comandante Fidel Castro Ruz, en un discurso pronunciado durante una cena que ofreció en su honor el presidente de Argelia, Sr. Houari Boumedianne, el 9 de mayo de 1972, se preguntaba con rabia y amargura: ¿»Hasta donde cree el imperialismo que puede ser tolerada su polí­tica de chantaje y terror»?

Un año y cuatro meses después vimos (con igual rabia y pareja amargura) que esa polí­tica de chantaje y terror dio un zarpazo más. Ahora en el noble y generoso corazón del pueblo chileno.

Nadie en el mundo actual puede llamarse a engaño con respecto a quienes son los responsables de esa polí­tica aterradora y chantajista. Son las mismas fuerzas imperialistas que en contubernio con las oligarquí­as criollas depusieron y asesinaron a Francisco I. Madero; las que lanzaron por la borda la incipiente democracia de Jacobo Arbenz en Guatemala, las que segaron la vida del doctor Salvador Allende y han decapitado su democrático gobierno socialista.

Los pueblos de América Latina ya no se consuelan con frases bellas más o menos bien hilvanadas. Los pueblos de América Latina exigen algo más que discursos altisonantes compuestos de palabras inútiles» (Continuará).