LOS ENTIERROS DE DINERO: LEYENDAS E HISTORIA ORAL


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VERSIÓN-PROTOTIPO
Al hacer un análisis comparativo de las versiones recabadas de los entierros de dinero, encontré que la siguiente versión popular puede resumir el prototipo de la leyenda: “en la mayoría de las casas viejas, hay gente enterrada.

Celso Lara Figueroa

Ahora bien, para encontrar la luz del dinero hay que tener cuidado, porque las luces se pueden equivocar (los huesos también emiten su luz).  Pero cuando la luz es de dinero, uno la puede ver sólo de la medianoche en adelante. 

Para que esto suceda, debe darse una condición: el hombre debe tener un alma afín a la del difunto; un atractivo para que le deje su dinero.  Si así resulta, sale en el lugar donde está el dinero una luz que se eleva tanto como sea la profundidad en que se encuentre el dinero; luego se esparce por toda la tierra, y sube y baja, sube y baja.  Entonces lo que uno debe hacer es ir a poner una seña con carbón o tiza, pero tiene que ser en forma de cruz, o bien clavar una estaca en el suelo.  Esa luz no quema.  Si la luz que se encuentra es blanca, será plata lo que se hallará.  Si es roja lo que hay es oro, y azul si son joyas”. 

“Todo esto pasa porque antes los ricos acostumbraban a enterrar sus pistos en botijas de barro. Fíjese que mandaban un peón a que abriera un hoyo.  Una vez hecho esto, se enterraba el dinero, luego se tapaba, y entonces el patrón mataba al peón por miedo a que dijera el lugar donde se escondía el tesoro,  y entonces lo enterraban junto al dinero.  Por eso es que siempre al escarbar se encuentra un esqueleto”.
     
A las personas que durante su vida terrenal fueron ambiciosas, y que habiendo acaparado dinero lo dejaron escondido.  “Dios las castiga y no las deja entrar al cielo a descansar”.
     
VARIANTES
     
Al correlacionar las versiones recabadas en la ciudad de Guatemala, con el prototipo de la leyenda, se encuentran dos variantes. En la primera, el dueño del dinero se aparece a la persona escogida y le indica el lugar exacto en donde se encuentra “la luz del dinero”, pero no define el carácter de dicha llama. La segunda variante, en cambio, hace uso de todos los rasgos que expone la versión-prototipo. En los casos de enterramientos de dinero transcritos más adelante, se hace alusión a cada variante.
     
 FOLKLORE COMPARADO
             
En Guatemala

Guatemala no cuenta aún con un estudio sistemático sobre el particular.  Sin embargo, las proyecciones folklóricas literarias que se han escrito, recogen varios rasgos populares de la leyenda de los entierros de dinero.  Esta es la única fuente que se tiene para llevar a cabo el análisis comparativo, por lo tanto, las he trabajado con mucho cuidado y reserva, ya que no constituyen materiales folklóricos de primera mano, sino aproximaciones adulteradas por el autor.
     
Hecha esta advertencia, pasamos a ver que es en la región del departamento de Sacatepéquez, donde se asienta la ciudad de Antigua, la vieja Santiago de Guatemala, capital del Reino durante la época de la dominación española, donde más abundan las versiones de esta leyenda, lo que parece confirmar su carácter colonial.
     
En las versiones presentadas por Armas Lara y Francisco Herrera, se reproduce con exactitud el prototipo encontrado en la ciudad de Guatemala.  El rasgo particular antigüeño estriba en la exigencia presentada por el espíritu al favorecido de nacer en el lugar indicado, una marca de cuatro ladrillos en forma de cruz, y en que hace hincapié el primer autor citado.
     
A su vez, ambos autores hacen mención a un tesoro enterrado por dos hermanos, famosos en la tradición de la ciudad de Antigua; los Barreneche, que según Herrera murieron en 1715,  dejando sus riquezas acumuladas escondidas para siempre, y su fantasma vaga cuidándolas.
     
De esta región de la república, la proyección literaria más fiel con el alma popular es la trazada por la escritora Lily Aguirre.  La autora se refiere a la Antigua  como ciudad  de tradiciones y leyendas, y añade que una de estas creencias, que han sido transmitidas de generación en generación, es la que dice que “cuando una persona muere dejando sus tesoros enterrados, tiene que aparecer en ese lugar hasta que alguien los encuentre” .  La importancia de esta referencia estriba en su similitud con la versión prototipo encontrada en la tradición oral de la ciudad de Guatemala.  Al respecto, la autora apunta que “los espantos se empeñan en indicar el sitio exacto (del tesoro), para que sean extraídos y su alma pueda descansar en paz”.  Confirma, además, el rasgo de la muerte del peón, pues añade “que se asegura que en muchos casos los peones que abrían los hoyos eran matados al terminar esta operación, con la finalidad de que no se divulgara el lugar donde había quedado enterrado el dinero o las joyas.  A esto se atribuye que cuando se han encontrado entierros, al lado de estos se vieron esqueletos humanos” . La coincidencia entre ambas versiones es clara.
     
En resumen: se puede concluir que tanto la leyenda de Antigua como la encontrada en la actual ciudad de Guatemala constituyen una sola.  Por lo que se deduce que de Antigua pasó la leyenda a la ciudad de Guatemala, probablemente en la mente de los traslacionistas * de 1774-1776, y que, a su vez, la primera llegó en boca de los españoles conquistadores, como más adelante se indica.
     

En América
     
En el continente americano, especialmente en hispano y luso América, el tema o tipo estudiado se reproduce infinidad de veces.  Así, en Chile, se encuentra que son famosas las Candelillas , “luces que brillan y se mueven en la noche”, pero cuyas variantes no reproducen el rasgo del dinero enterrado, sino dichas luces son una versión fantaseada de los fuegos fatuos.
     
En Argentina aparece en varias especies del Folklore Narrativo: Susana Chertudi lo cita entre sus cuentos folklóricos.  En esta versión se reproduce fielmente la versión guatemalteca.  La autora se queja que este tipo no aparece en los monumentales índices de Arrne-Thompson, por lo que duda en clasificarlo como cuento.  En mi opinión, dicho tipo corresponde a la leyenda y al mito.  En versiones consultadas del mismo país, después de presentar los mismos rasgos populares que la guatemalteca, invariablemente concluyen con que el espanto que ansiosamente busca deshacerse de su dinero, “era un alma en pena” que únicamente así se libraría del castigo divino y descansaría en paz.
     
     
En otros países al Sur de Guatemala, el tema del tesoro escondido también existe: En el folklore paraguayo “Plata Yvyguy” significa tesoro escondido, y en el Brasil toma el nombre de “botija”. Carvalho-Neto advierte que el tema de la Plata Yvyguy es muy conocido en el primer país, en donde  “para calmar a los difuntos dueños de los tesoros, hay que rezarles por su alma, o hallar el tesoro y hacer celebrar misa por el descanso del alma que lo ocultara”.
     
Por su parte en el Amazonas existe el mito de la Mäe do Fogo (madre del fuego), “fosforescencias producidas por huesos en descomposición”,  pero que el pueblo cree que son alma en pena.
     
Cámara Cascudo informa que el tipo en cuestión fue compilado en Brasil por Anchieta en 1560, junto con mitos relacionados con el fuego. Finalmente, más cerca  de Guatemala, en Costa Rica, también se encuentra la leyenda con los mismos rasgos y motivos.
     

En el Mundo
     
El tema de dinero enterrado forma parte también del folklore mundial.  En Suiza  se ha recogido  una versión similar a la leyenda guatemalteca; pero la versión aludida tiene variantes sustanciales.  Por ejemplo: no aparece la luz que señala el dinero, pero, sin embargo, hace alusión detallada a todos los demás rasgos.  Cabe mencionar que el personaje central no es un espíritu que entrega el dinero, sino el diablo mismo que tiene encantado a un valle.  Una vez el demonio ha logrado que un labriego encuentre el dinero, el hechizo del valle se rompe.

Por otra parte, la idea del dinero enterrado ha servido de eje central para otras manifestaciones folklóricas.  Relacionado con las tradiciones sobre el Arco-Iris, Virginia Rodríguez Rivera hace referencia a tal tipo.  Indica que en Chicago, Illinois, EE.UU., se cree que “una de las puntas del arco-iris, la más cercana al horizonte, marca un tesoro escondido”, creencias que también aparecen en México entre los indios Mixes.

Resumiendo: la leyenda del dinero enterrado recopilada en la ciudad de Guatemala, forma parte del folklore universal.  No es exclusiva de Guatemala ni de América.
     

FOLKLORE INTERPRETATIVO

Como apunté antes, el tema estudiado es patrimonio universal, y aparece simultáneamente en distintas culturas, tanto la anglosajona como la hispánica e hispanoamericana.  Sin embargo, al analizar con cuidado las versiones de los países de origen latino, se cae en la cuenta de la similitud de rasgos y motivos.  Es decir que el Prototipo con las variantes correspondientes es casi el mismo.

Esto nos lleva a concluir que la creencia fue enseñada por los españoles a los pueblos que conquistaron y colonizaron en América.  Es una idea impuesta, que sólo la mente mágica del español fanático pudo crear. El análisis de la interrelación mundial de esta leyenda, me permite descubrir la mentalidad del español  del siglo XVI.
     
En relación con Guatemala específicamente, a pesar del tiempo transcurrido entre 1524 y la fecha actual, este tipo de pensamiento aún pervive.  Veamos cómo y por qué.  El español aventurero, y de muy variada estratificación social, vino a América persiguiendo tres fines: oro, gloria y evangelio.

Una vez pasado el momento militar de la conquista, este español se convirtió en explotador, y se dedicó a utilizar y a recibir el trabajo del indio sin molestarse mucho, mientras “cuidaba de la cristianización de su alma”.  En pocas palabras: este español colonizador recibía toda clase de beneficios sin necesidad de trabajar.  Esto mismo da a entender entre líneas la leyenda de los entierros de dinero.

La persona que encuentra el dinero siempre se hace rico, sin que le cueste trabajo buscarlo, pues el “aparecido”, dueño del tesoro, se toma la molestia de hacerlo, enseñando además el lugar donde éste se encuentra; a la vez el “aparecido” solicita que el monto de lo hallado sea dividido en tres partes: primera, para invertirla en misas y novenarios, para redención de su alma; segunda para que sea repartido entre los pobres (evangelio ), y tercera, como recompensa para quien lo encontró (oro).  En cuanto a la gloria, necesariamente vendrá adscrita al oro.  Cabe entonces reflexionar, ¿no son las mismas motivaciones que impulsaron al español conquistador, y que hoy priva en la mente del mestizo guatemalteco y  de la ciudad de Guatemala en particular?

A tal punto llega la obsesión de esta idea, que entre los casos que presento en la segunda parte, se halla el de una persona que además de hacerse de riquezas, logró poner un negocio con el dinero que encontró enterrado en su casa.
     
Aparte de esto, puede asegurarse que la mayor cantidad de versiones recopiladas se hizo en los barrios burgueses y pequeño-burgueses de la ciudad: Vista Hermosa, La Cañada (zona 14), El Sauce, barrio del Sagrario, de La Merced, Etc.  En cambio, en los barrios proletarios como los de Candelaria y Parroquia Vieja, la alusión a la leyenda fue menor.  En los primeros, la convicción de los informantes al narrarlos dejó asombrado al investigador.  A no dudar, cada uno de ellos lo cree a pie de juntillas.  Los segundos expresan su convicción con menos vehemencia.  Creo que esto se debe a que la burguesía capitalina, acostumbrada a explotar al indio y al mestizo pobre de la sociedad guatemalteca, hace gala todavía de su respeto por los valores coloniales.