La trascendencia y efecto positivo del concepto de los «Embajadores del Jazz» se puede observar y asimilar en la exposición fotográfica itinerante «Jam Session: America´s Jazz Ambassadors Embrace the World» (Embajadores del Jazz de los Estados Unidos Abrazan al Mundo), la cual se exhibe durante el período del 1 al 25 de marzo de 2010, en el lobby del Teatro Dick Smith y en el Centro Cultural del Instituto Guatemalteco Americano, IGA. Esta magnífica colección muestra las giras de los genios de la música jazz alrededor del mundo. Fue compilada por el Centro Internacional Meridian en Washington, D.C. y por la Oficina de Asuntos Culturales y Educación del Departamento de Estado. La curaduría quedó a cargo de dos reconocidos académicos: La Profesora de Historia de la Universidad de Michigan, Penny M. Von Eschen y el doctor Curtis Sandberg, vicepresidente de Meridian para las Artes. La historia comienza en el año de 1955 cuando el congresista Adam Clayton Powell, Jr. sugirió al Departamento de Estado que se enviara al trompetista Dizzy Gillespie a diversas partes del mundo como representante de buena voluntad, propuesta que fue aceptada por el entonces Presidente Dwight D. Eisenhower, quien decidió dar apoyo a la música de improvisación artística, designando a distinguidos músicos de jazz con la finalidad de llevar mensajes de entendimiento, armonía, paz, concordia y amistad, poco después de la Segunda Guerra Mundial y durante los momentos más tensos de la «Guerra fría». Además de Dizzy Gillespie también fueron nombrados como Embajadores del Jazz Louis Armstrong, Duke Ellington, Paul Desmond, Dave Brubeck y Clark Terry. Realmente fue una brillante idea haber elegido a la música jazz como «embajadora», porque lo que expresa es similar a la vida real de las personas, representada en la creatividad de la improvisación artística y en la relación que los músicos puedan llegar a tener con los espectadores, compartiendo diversos estados de ánimo y sentimientos como alegría, ímpetu y dinamismo. Igualmente armonía, belleza e intimidad, que a veces se tornan en amargura, melancolía o desesperación. Los creativos músicos manifiestan en sus invenciones libertad colectiva y personal, en forma de comunicación y colaboración, confianza y admiración mutuas, que dan como resultado una interacción humana sin igual. El conjunto se convierte en un sistema de vida, democrático por excelencia. La exposición fotográfica de los Embajadores del Jazz se complementó con la presentación en el Teatro Dick Smith del trombonista Luis Bonilla y sus amigos Bruce Barth, piano; Andy Mckee, contrabajo; Iván Renta, saxofón y John Riley, batería. Este quinteto se caracterizó porque cada uno de sus miembros demostró una gran personalidad musical, ejecutando de manera notable prodigiosos y sucesivos solos de improvisación artística. Por ser la batería uno de mis instrumentos preferidos, mencionaré a John Riley, quien durante su ejecución parecía armar y desarmar en sus tambores y címbalos, un rompecabezas de sonidos al estilo de Art Blakey: su actuación fue portentosa e incesante, proyectando su temple y talento con maestría, realizando magníficos solos, coherentes y coordinados. Felicito a la Embajada de los Estados Unidos de América en Guatemala, en especial al Señor Todd David Robinson, Ministro Consejero, y a la Señora Sheryl Neely, Oficial de Enlace, por la histórica exposición fotográfica de los Embajadores del Jazz y el éxito total del concierto con el quinteto de Luis Bonilla. Ha sido un gran homenaje a las máximas leyendas de la música de improvisación artística: el Jazz.