Los efectos de una prepotente caravana


Siempre he pensado que la protección de los altos funcionarios es indispensable y entiendo que es parte de lo que significa aquí­ y en cualquier lugar del mundo llegar a esas posiciones. Sin embargo, es obvio que a unos les gusta más que a otros el aparato y el desplante que se convierte en una muestra externa del poder. Esta mañana una caravana de dos motocicletas y seis vehí­culos, entre ellos un blindado de muy reciente modelo, se abrí­a paso desde la Avenida de las Américas y por toda la Avenida de la Reforma y con sirena abierta trataban de obligar a que los automovilistas dieran paso al funcionario que evidentemente tení­a mucha prisa.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

No deben sentirse muy tranquilos, pensé, cuando vi que además de los dos vehí­culos agrí­colas con los vidrios abiertos en los que iban los agentes de la SAAS, iban tres de los llamados gallos gallina y en el penúltimo iban cuatro agentes de la PNC en la palangana y en la del último, cuatro elementos del ejército con sus fusiles de asalto. Pero, al fin y al cabo, ellos sabrán cómo están las cosas y cuáles son las demandas de seguridad para evitar sobresaltos. Lo que más me llamó la atención fue que sin el menor esfuerzo por ir rápido, prácticamente todos los autos particulares nos fuimos junto a la caravana porque ésta no podí­a avanzar en los nudos naturales del tráfico, a pesar de que varias veces estuvieron a punto de colisionar con algunos de los automóviles que no podí­an hacerse a un lado porque, materialmente, no habí­a para dónde moverse. Lograban pasar a puro tubo en los semáforos en rojo impidiendo el tránsito normal de quienes llevaban la ví­a, pero al llegar al siguiente obstáculo, tení­an que detenerse y eran alcanzados por quienes, sin aspavientos ni prepotencia, seguí­an el flujo normal del tránsito.

Me pareció que era la caravana del Vicepresidente de la República, aunque por noticias que circularon ayer se dijo que hoy partí­a al extranjero en misión oficial, pero el vehí­culo blindado de modelo muy reciente puede ser delator. En todo caso, al ver la reacción en los rostros de la gente que iba por esa importante ruta y que tení­a que hacer micos y pericos para darle paso a quien se siente algo más que «Su Excelencia», uno se da cuenta que caen como patada en la espinilla. El tiempo de todos los ciudadanos es sumamente valioso y todos tenemos que ir acomodando nuestros horarios si queremos ser puntuales. En cambio es de fama que nuestros funcionarios, con todo y el desplante que hacen con la sirena abierta y el gesto prepotente de los elementos de seguridad que obligan a los automovilistas a hacerse a un lado para dar paso a sus jefes, de todos modos llegan tarde a todas las reuniones, quizá porque esa es otra forma de hacer ver su poder y jerarquí­a. Entre los diplomáticos se comenta cuánto tiempo pierden los ministros y otros funcionarios esperando a que el Presidente o Vicepresidente aparezcan en los actos a los que son invitados.

En fin, el caso es que indudablemente hay funcionarios que sienten que son importantes en la medida en que se hacen notar con esos desplantes. Poco importa que al final caigan como patada en la espinilla a la gente que se desplaza para trabajar y que tiene que hacer adecuado uso de su tiempo porque la puntualidad es importante, sea porque son dependientes que tienen hora fija de entrada o simplemente porque no se acomodan a la famosa hora chapina. En menos de cuatro años volverán a la llanura y, pobrecitos, van a extrañar a los motoristas.