¡BASTA, la violencia NO puede dominarnos! Los efectos de la pobreza a veces no son considerados importantes por sectores poblacionales que no los sienten. En Prensa Libre (11-6-10) leímos «Realidades en números» donde se señala que el 51% de la población de Guatemala vive en condiciones de pobreza y que el 15% vive en condiciones de pobreza extrema. Además, 51% de la población son mujeres. En La Hora del 10-7-10, se da la cifra de que los jóvenes forman el 70% de la población menor de 30 años. En la encuesta de Vox Latina, Prensa Libre del 14 de julio, 35% de los entrevistados opinan que la pobreza se ha incrementado en los últimos treinta (30) meses. Además, 2.3 millones de la población guatemalteca sufre desnutrición según los parámetros de la ONU. ¿Cómo afecta la desnutrición y la pobreza a los adultos y por ende a los niños? El concepto de pobreza es muy complicado. No significa lo mismo para toda la gente, demostrado en un comentario de César García el 13 de julio en su columna «Hay más pobreza mental y material de la usted cree». Hay otras formas de pobreza, desde una situación de crisis que hace que uno pierda todo lo que ha podido lograr, por desastres, como está sucediendo con mucha gente después de Agatha y las lluvias continuadas, hasta la pobreza «crónica». Al hablar del 15% de la población en pobreza extrema, estamos haciendo referencia a que es absoluta, no tienen dinero, ni productos para canjear para satisfacer necesidades básicas en el ser humano en pleno siglo veintiuno. En Guatemala hay familias que han estado en esa situación por varias generaciones, los hijos de los hijos de los hijos nacen en este estado y no están en posibilidad, ni tienen las oportunidades personales ni sociales para salir de la pobreza que los azota. En un radio de 50 kilómetros alrededor de la ciudad de Guatemala, se observa ese fenómeno social, no digamos más lejos en las áreas rurales y constatamos que eso sucede en este siglo. Algunos sociólogos dicen que la condición crónica de la pobreza debilita y afecta directamente la mente, el cuerpo y el alma de las personas en esa situación. Eso indica que la pobreza afecta el adecuado desarrollo de las emociones mientras el niño crece. El doctor Robert Sapolsky, Neurocientífico de la Universidad de Stanford ha encontrado en sus estudios, que los niños de familias que viven el la pobreza constante, adolecen de buena salud. Cuando el niño no se siente bien es muy difícil que se concentre, que escuche y que pueda aprender. Eso me trae a los efectos sobre el cerebro y su crecimiento desde el útero hasta los cuatro años de edad cuando los niños deben entrar a una escuela formal. Abraham Maslow hace unos años, creó una jerarquía de necesidades básicas que inician con tener no sólo cantidad de comida sino calidad excelente de la misma, una casa segura en la que una familia entera no viva en un cuartito con los peligros físicos, mentales y emocionales que trae consigo el hacinamiento, que tengan los niños en especial, acceso a la atención médica y que puedan sentirse seguros en su casa, en la calle o el campo. Los niños deben tener una familia que les provea amor y calor humano en sus relaciones familiares y sociales. Si esas necesidades básicas no son satisfechas no habrá rendimiento escolar adecuado. Está más que comprobado el efecto que estas carencias tienen sobre el desarrollo del cerebro. Una neurona estresada genera señales más débiles, hay flujo sanguíneo reducido y por lo tanto procesa menos oxígeno y las conexiones de dentritas a otras neuronas son mucho menos. El estrés crónico sobre las neuronas las encoge en el lóbulo frontal (frontal y prefrontal). La corteza prefrontal y el hipocampo, que son áreas indispensables para el aprendizaje, son las más afectadas. No digamos la amígdala, el área que controla las emociones. Deficiencias en estas áreas prohíben la producción de nuevas células cerebrales y así la plasticidad del cerebro se ve afectada. Cuando no hay maduración de las células sanas, el efecto es un pobre desarrollo emocional y social. Eso puede ser una de las razones, igual que los otros índices de pobreza, por la que los jóvenes se meten en las maras. El juicio se ve afectado por esa falta de maduración de las funciones afectivas. El «lado suave», como se le conoce, es el motor que hace funcionar en el cerebro, la parte afectiva y del comportamiento. Esos factores son responsables de la interacción entre cognición y emociones, lo que produce el comportamiento y disposición para el aprendizaje. Sin embargo, si hay una intervención temprana para subsanar los indicadores negativos de la pobreza en niños menores de 4 años de edad, período de crecimiento neuronal y de conexiones mayores que dependen del uso de las mismas, es posible cambiar los efectos negativos. Insisto en la educación inicial para todos los niños en Guatemala. Los hijos de estas familias que viven en la pobreza tienen derecho a tener oportunidades que cambien su comportamiento de manera positiva.