La semana pasada hablé de los términos relacionados a la persona: autoestima y autoconfianza y cómo se aplican a los alumnos en la escuela.
Concluimos en que la diferencia está en que el primero es una imagen de uno mismo, actitud y el segundo es tener fe y seguridad en uno para hacer las cosas por sí mismo.
Un sabio dijo que la cosa más importante que se puede dar a los niños, más importante que lo material, es un sentido, una actitud de autoconfianza y la autoestima es la base de ésta; por eso tan importante como el aire que respiramos.
El ambiente provee experiencias individuales. Enfatizando, para el alumno en la escuela y en relación a la autoestima y autoconfianza, hay varios puntos importantes a tomar en cuenta, como la motivación interna y externa y la alabanza que los maestros les dan. La alabanza vacía no produce ni autoestima ni autoconfianza; las palabras relacionadas a ese vacío, siempre usadas en el aula, pensando que motivan son: “correcto, equivocada, bueno, mal, mejor, peor”; no explican el porqué, sentido, detrás de lo dicho, dan la impresión de pedir respuesta única a un contenido fuera de contexto. Evalúan al alumno. Si este recibe varias apreciaciones así, del maestro, aprende que mejor no responde y evita equivocarse; empieza a dudar de su habilidad, de sus destrezas y piensa y dice que no puede. Disminuye su autoestima. Debería usarse: ¿Qué es mejor? ¿Por qué su respuesta no está bien? Recordemos, las emociones están involucradas en este proceso y ayudan a formar los pensamientos, las opiniones de sí mismo, lo que al final de cuentas generan una decisión o respuesta de ser frustrado, confiado, optimista o confundido.
El alumno aprende a depender de una alabanza que frente a sus amigos refleje una buena opinión de él. ¿Qué pasa cuando no la recibe? No hay avance en lo académico porque depende de una motivación externa para sentirse bien, tener buena autoestima. El efecto lo demuestra buscando excusas por sus “fracasos”; otro tiene la culpa por su falta de respuesta correcta y la explicación de por qué contestó así. La búsqueda de excusas por no hacerlo bien defiende su YO, su autoestima. En vez de aprender de sus errores se pasa el tiempo culpando a terceros. Así, el fracaso no se relaciona a una acción de la persona sino a la identidad de la persona. Es algo personal.
La motivación interna se demuestra por la aplicación, el esfuerzo personal del alumno en lo que hace. Sabe por qué está teniendo éxito, éxito autorrenovable porque éxito produce éxito. Asumir riesgos académicos, aprender más cosas desconocidas produce avance intelectual y práctico y produce mayor éxito, como digo, auto renovable. Es una escalera, cada vez buscando más retos. Los logros a largo plazo son mucho mejores y permanentes de los que dependen de alabanzas vacías. El trabajo de estos alumnos es reconocer sus errores, hacer los ajustes y aprender de ellos. Está dispuesto a tener “resilience” que lo ayuda en su inventiva y creatividad.
Hay ocho secretos que el maestro puede usar para crear alta autoestima y autoconfianza en los alumnos: 1. Estructurar las tareas en forma escalonada para que el sentido de errar, si lo hay, no le impida probar otra vez. 2. Mentalidad positiva de sí puedo hacer las cosas bien. 3. Capitalizar en los éxitos, acciones, más bien que solo en las palabras “usted puede”. 4. Estar pendiente de los éxitos que ayudan al alumno a crecer en todo sentido. Ese “chispazo” que hay que reforzar. 5. Reconocer el valor de las acciones de los alumnos y decírselos. 6. Mantener las expectativas, retos, al alcance del esfuerzo de los alumnos. 7. Evitar que lo que hace el maestro sea aburrido. Si así es, el alumno cierra el acceso a su mente pensando en algo más interesante. 8. Siempre mantener el respeto a doble vía.
Ya vimos que todo espejito tiene dos lados. ¿Cómo se ve usted a sí mismo?